Salvador Allende con fusil en mano.

Trabajadores de mi Patria: quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que depositaron en un hombre que sólo fue intérprete de grandes anhelos de justicia, que empeñó su palabra en que respetaría la Constitución y la ley, y así lo hizo. En este momento definitivo, el último en que yo pueda dirigirme a ustedes, quiero que aprovechen la lección: el capital foráneo, el imperialismo, unidos a la reacción, creó el clima para que las Fuerzas Armadas rompieran su tradición, la que les enseñara el general Schneider y reafirmara el comandante Araya, víctimas del mismo sector social que hoy estará en sus casas esperando con mano ajena reconquistar el poder para seguir defendiendo sus granjerías y sus privilegios.

Salvador Allende, 11-Sep 1973.

 

El 11 de septiembre de 1973 se iniciaba en Latinoamérica un nuevo ciclo de dominación política inspirado por el emergente paradigma económico del libre mercado. La vía chilena al socialismo terminaba, esa luctuosa mañana, con el bombardeo al palacio de la Moneda e inauguraba una nueva etapa de la economía a mundial, pero a escala de laboratorio nacional. Que el acto fundacional del nuevo ciclo fuera el bombardeo a la sede del ejecutivo socialista chileno, constituyó el inicio de un nuevo orden económico y político forjado a sangre y fuego.

El asesinato de Salvador Allende, la muerte y desaparición de miles de chilenos inició el ciclo represivo del neoliberalismo chileno de la mano de los economistas monetaristas formados en la Escuela de Chicago, Estados Unidos. El rechazo a la escuela keynesiana y la reivindicación del libre mercado como principal motor de la economía encontró fervientes adherentes en todo el mundo. Es necesario destacar que sin estas experiencias de laboratorio, el neoliberalismo a nivel mundial no hubiera progresado. Es un error común señalar que el inicio de las transformaciones neoliberales, de las economías dominadas por el paradigma del Estado de Bienestar, se iniciaron en EE.UU y Reino Unido. Los dos primeros casos que se utilizaron como banco de ensayos sociales para la implementación a nivel mundial del libre mercado fueron Chile en 1973 y Argentina en 1976. La combinación de disciplinamiento social, exterminio de opositores políticos y encarcelamiento de dirigentes sindicales permitieron el inicio de un nuevo ciclo de dominación política autoritaria de economía de mercado en el sur del continente americano y una profunda reestructuración de la vida de los trabajadores a nivel mundial. En el caso chileno se interrumpió el proceso hacia formas más democráticas de distribución material y simbólica. Lo que en su momento fue pensado como la Vía Chilena al socialismo rápidamente encontró sus límites al dejar intactas las bases materiales que permitieron el desalojo del socialismo chileno por parte del núcleo rico de ese país.

Allende saliendo del Palacio de la Moneda con un casco de guerra y la Kalashnikov que le había regalado Fidel Castro en su mano derecha.

Si el 11 de septiembre de 1973 es tomado como marca cronológica del inicio de la economía de mercado, en el 2001 marca la inflexión del ciclo que hegemonizó la economía mundial y llevó todo su potencial destructivo hacia el resto del planeta. La catastrófica irrupción de la globalización puso de manifiesto que el paradigma emergente de la Paz de Westfalia [1] ingresaba en un oscuro laberinto.

Si el debilitamiento de la unidad territorial depositaria de la soberanía de los Estados se ve reflejada en la universalización de los mercados financieros, el flujo de información, ideas, manifestaciones culturales, la emergencia de los nacionalismos, minorías étnicas y resurgimiento de minorías religiosas será la respuesta al proceso de globalización. La segunda dimensión de la modernidad afectada por el mismo proceso de globalización, será el debilitamiento del proceso de secularización, expresada por la separación de la Iglesia del Estado. En ese sentido el retorno hacia la religión como factor organizativo e identitario de los Estados de Oriente, no parece solo agotarse en una reacción anti occidental sino en la reelaboración de un Estado con otros principios con los que se configuró el Estado Moderno de Occidente.

La tercera dimensión de la crisis del paradigma de la organización política del Capitalismo Financiero se vincula a la dinámica de desoccidentalización, como proceso de recuperación de tradiciones culturales que fueron disueltas por el universalismo de la modernidad occidental, descentrando al Estado nacional como unidad territorial soberana universal. El “fracaso del secularismo” [2] expresado en razón, ciencia, progreso, valores materialistas, lealtad estatista, ha sido sustituido en forma paradójica por religión e identificación étnica como principal fuente de identificación política. Este doble movimiento de Integración global/Desintegración local convergen en concretos procesos de limitación de capacidades estatales de los gobiernos que afectan esencialmente el vínculo entre Estado y Pueblo. El impacto que a nivel global tuvo la economía de mercado se volvió en forma inesperada como reacción letal hacia el corazón de las finanzas planetarias: Wall Street.

Vista panorámica durante el ataque a las Torres Gemelas.

El ataque a las dos torres en el World Trade Center, inició el siglo XXI con la demostración mundial de la fragilidad y vulnerabilidad de una nación que no podía evitar ser hostilizada por un conjunto de decididos miembros del mundo ignorado, y diezmado, por el despotismo globalizado del capital financiero. Las torres de Wall Street representaban el símbolo del poderío norteamericano, de su desarrollo y de su hegemonía unipolar. El atentado colocó al capitalismo mundial frente a un escenario nuevo y profundamente disruptivo: la globalización, como el sueño de la Razón de Goya, había engendrado monstruos impensados. La debacle de la economía norteamericana que terminó de precipitarse en el año 2008 no sale de su largo ciclo recesivo. Con un agravante, la radicalización islámica llevó la guerra a Europa y a todo país que suscriba al orden neoliberal en alianza con los EE.UU. En ese sentido el ciclo iniciado de 1973-1976 ha alcanzado un límite y nada parece modificar esa situación. El estancamiento recesivo, la desocupación y la caída de la actividad mundial habla a las claras de un proceso económico con graves deficiencias y con situaciones geopolíticas beligerantes. La problemática de los refugiados y la desintegración de los Estados nacionales del siglo XX han permitido la aparición de formas políticas que desafían el orden mundial y amenazan con llevar la guerra a toda la sociedad: el neoliberalismo en ese sentido es una amenaza civilizatoria y el principal enemigo de la vida misma.

El inesperado y letal ataque a los símbolos de la hegemonía neoliberal unipolar el 11 de septiembre de 2001, trazó la línea que permitió unir el ascenso del neoliberalismo chileno bajo la forma que diseñaron los centuriones de Pinochet hasta el derrumbe material que intentaba simbolizar el Fin de la Historia. Si la globalización intentó erosionar el paradigma de la soberanía popular del Estado Nación y su subordinación a la forma mercado, el atentado a las dos Torres demostró precisamente, que así como se universalizan las formas de dominación, también se universalizan las resistencias populares al orden impuesto.

Atilio López

Referencias
[1] Los tratados de paz de Osnabrück y Münster firmados en 1648 conocidos como Paz de Westfalia son considerados como fundantes de un nuevo ordenamiento político basado en la Soberanía nacional con que se organizó el Estado moderno. Los principios que caracterizaron el nacimiento y evolución del Estado nacional descansaban en: la unidad territorial del Estado nación, la progresiva secularización y la adopción de la fe en la Razón como principio regulador de la actividad social.
[2] Falk, Richard.

 

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