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Hernández Arregui

No tantos recuerdan a Juan José Hernández Arregui como uno de los intelectuales más completo que haya dado nuestro país. Murió un 22 de septiembre de 1974, poco tiempo después del fallecimiento del Gral. Perón luego de su extenso exilio iniciado también en septiembre, el dieciséis, pero de 1955. Ambas fechas unen y simbolizan el recorrido hecho por el peronismo en su larga diáspora.

Arregui como casi pocos se forjo como un intelectual orgánico de la clase trabajadora. Como muchos trabajadores sufrió el escarnio y la persecución por su adscripción temprana al peronismo. Como se sabe los campeones de las virtudes republicanas no solo persiguieron a la militancia peronista, la torturó, fusiló, bombardeó y desapareció. El odio recalcitrante los llevó a intentar formalizar un sistema político sin las mayorías nacionales. El peronismo por obra y palabra de las minorías no podía votar a sus candidatos por no ser considerados aptos moralmente. El voto con candidatos “calificados” regresó también de la mano de la constitución de 1853 reformada.

Arregui dio cuenta de cómo el Peronismo, en tanto construcción histórico política de la clase trabajadora argentina, enfrentó el proyecto de los terratenientes de la Burguesía Pampeana para ser derrotado mediante el golpe de Estado del 16 de septiembre de 1955. La restauración oligárquica al poder, bendecida por las insignias de Cristo Vence, se hizo bajo una persecución sanguinaria que no detuvo jamás su intención de eliminar de la faz de la tierra cualquier expresión vinculada al peronismo.

Cárcel, torturas y fusilamientos fueron los instrumentos utilizados para asociar a nuestro país al Fondo Monetario Internacional y disminuir los salarios de los trabajadores a fuerza de bayonetas. Los dieciocho años que siguieron a la restauración conservadora bajo la tutela pretoriana de las Fuerzas Armadas constituyeron páginas gloriosas y heroicas de resistencia popular hacia un régimen criminal que se alineó a la Guerra Fría y la Doctrina de Seguridad Nacional.

Perón parte al exilio en una cañonera de la Armada Paraguaya.

El 16 de septiembre de 1955 se puso en evidencia la geopolítica dura de los EE.UU y alineó a nuestro país en los objetivos que ya se perfilaban iban a dominar las próximas décadas: la Guerra Fría. Arregui como pocos no dejó de fustigar lo que denominaba el colonialismo mental de los intelectuales argentinos y de algunos sectores de clase media, sistemáticamente adoctrinados por un sistema educativo servil y dependiente de intereses que no eran los nacionales. Como Antonio Gramsci concluyó que la Hegemonía no solo comprendía la propiedad de los medios de producción sino, y fundamentalmente, las ideas o cosmovisiones que tenían las clases propietarias sobre la sociedad y sus problemas. Comenzar a desarticular esa densa trama ideológica cuyas instituciones empezaban por el sistema educativo, la prensa y hasta las ideas religiosas requirió años para ser desmantelada o puesta en crisis. Las condiciones en las que se desplegó el repertorio de acción colectiva cristalizaron en formas contenciosas radicalizadas dentro de lo que se denominó las luchas anticoloniales de liberación y que Arregui observaba como consecuencias necesarias de un orden que se derrumbaba a nivel mundial y en particular en Latinoamérica.

LUCHE Y VUELVE.

El peronismo y los trabajadores en la resistencia como parte del repertorio de acción colectiva en la recuperación del Estado de Derecho y las libertades conculcadas acentuó cada vez con más frecuencia la emergencia de pequeños destacamentos armados que prolongaron la resistencia por otros medios. En esa lógica del litigio, la frontera que aislaba a la dictadura, permitía articular las más diversas demandas populares excluidas por el régimen militar.

El 55 fue un año terrible, precedido por bombardeos criminales sobre la población civil, las Fuerzas Armadas iniciaron el ciclo de violencia más extenso que culminó en 1983 y que tampoco se detuvo en 1973 cuando las bandas organizadas por los futuros genocidas hostigaban a la sociedad.

Septiembre no es cualquier mes. Evoca hechos trágicos y terribles. Pero en las peores circunstancias siempre hubo un pueblo dispuesto a seguir construyendo su destino nacional, como empresa colectiva y patriótica. Ahí están los trabajadores argentinos con su infinita generosidad para dar la pelea en cualquier territorio. Los pueblos construyen su destino diariamente y recuerdan los nombres de quienes estuvieron a su lado. En ese imperceptible esfuerzo se acumulan colosales fuerzas que en el momento menos esperado emergen como un cataclismo social y derriban muros, destruyen fortalezas y tuercen el destino de las naciones. En ese subsuelo están depositadas todas las promesas de lo político como fundante del futuro.

 

Atilio López

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