Este relato a manera de cuento tiene origen en una historia familiar que es real, la cual he escuchado millones de veces y recién ahora he  empezado a prestarle atención (09/01/12).

Blas Sánchez -español- llegó a ser secretario del INTA en Tres Algarrobos, Pcia de Bs. As.

La polvareda trajo envuelto hasta la tranquera a un poderoso automóvil del cual bajaron dos señores con sombrero de fieltro y vestimenta propia de los forasteros que viven en la ciudad.

Hola.- buen día, que dice buen hombre.-

.. venimos a ver el campo que compramos.

¿Como dice usted…?, responde Blas arrugando con su gesto su ya ajado rostro.

Blas había llegado de adolescente con su familia a la Argentina desde España, sin planearlo recalaron en  un campo de aproximadamente 400 hreas ubicado en la localidad de Tres algarrobos (nombre de la estación del tren) en la Pcia de bs. As.,  campo que según se sabía pertenecía a unos terratenientes ingleses.

Pagaban 24 pesos por cada hectárea alquilada, del cual supieron  en una noche de ginebra Llave y escoba de quince, en que a manera de hazaña el administrador contó que solo rendía a los dueños Ingleses solo 7 pesos por hectárea, razón suficiente al menos para ellos, por la cual el dueño ingles, habría decidido vender el campo, por creer que el negocio resultaba poco redituable.

Blas, ante lo estrepitoso de la noticia y que deberían dejar la tierra que habitaban desde hacia ya 40 años, decide viajar a Bs. As a pedir audiencia con la sra. Evita.

Lo acompañan otras diez personas de la colonia que correrían la misma suerte si aquello resultaba cierto. Vale aclarar que colonia era la forma en que se denominaba al terruño en ese momento, por que todos eran colonos provenientes de ultramar y en su mayoría de España.

En Bs. As. los días pasaban sin la audiencia tan esperada y el pasaje de retorno se les vencía a la mañana siguiente, entonces decidieron pedir hablar con un secretario comentándole la circunstancia, quien les dice creer que por la hora que es ya no habría posibilidades para el día, pero sin embargo no dejo de tomar nota y al rato largo les manda a avisar por otro que serian atendidos allá a lo ultimo, cerca de las 2 de la mañana (horario en el que Evita se retiraba del ministerio).

La trouppe en bloque espero en silencio en ese inmenso hall lleno de personas, cosa que  no fue en vano, como se les dijo fueron atendidos. Blas el de la iniciativa, hombre curtido por el rigor de su labor, en un correcto castizo propio de la región de Salamanca, al ser preguntado no dudo en responder a las certeras preguntas que trataban de verificar su relato.

La tierra es para quien la trabaja – rezaba el apotegma peronista

Claro que entre el trabajador y el dueño ingles había diferentes opiniones que desvirtuaban la idea.

Como razonamiento propio que suele dar el paso del tiempo a lo cual también suele llamarse perspectiva histórica, será bueno aclarar que las 12.000 hreas pertenecían a los dueños del frigorífico La Anglo, dato menor que les era desconocido a los protagonistas de esta historia.

Había terminado la guerra y el desatino económico en Europa era tal que hacia imposible el control de las inversiones a la distancia, en los cinco años de guerra se había aflojado la rienda y los caballos habían aprendido a morder el freno haciéndose ingobernables.

El estado argentino poseía un crédito inmenso proveniente del envío de alimento a los aliados y la prosperidad  reinaba ya que la industria nacional tenía la necesidad de suplir la falta de todo aquello que por la guerra ahora no llegaba.

Cuenta mi padre -también gallego, valga la redundancia- Che Pibe ¿queres trabajar?  le decían al pasar por el frente de alguna fábrica.

Además la profusa inmigración había traído a nuestra tierra mucha mano de obra especializada, la cual huía de las miserias que había dejado la guerra.

Retomando a Blas..

Dijimos que el administrador tenía  entonces 12.000 hectáreas comisionadas a la venta, por lo que ya había resuelto el negocio con quienes llegaron a pagar por ellas  240 pesos por hectárea. De hecho la operación estaba cerrada y firmada.

Pero Blas y sus compañeros lograron ser escuchados, ya que Evita de su puño y letra revoco la operatoria fijando el precio de la hectárea en 44 pesos, valor que deberían abonar los tenedores de la tierra para el caso de querer comprarla.

Esa mañana, pudieron tomar el tren con la carta de Evita en su poder. El banco Nación financio la operación.

Otros negocios llegaron con esto, comisiones bajo sobre priorizaron la asignación de fraccionamientos de tierras fértiles en desmedro de los que recibirían las  tierras bajas o de escasa producción.

Los grandes latifundios que se habían formado con la llegada del ferrocarril, favorecidos por los créditos para alambrar (1890), empezaron a desmembrarse dando espacio a generaciones de familias de productores agropecuarios.

Sucesivas estocadas en la economía, nuevamente han logrado aglutinar las extensiones, volteando tranqueras y caseríos, desmontando cortavientos de arboledas centenarias, dando paso a ese surco infinito que desgarra y erosiona.

Hoy somos el resultado de lo que hemos hecho como nación y nuestro futuro dependerá  de hacer y defender con empeño nuestras verdaderas convicciones.

Solo se trata de galimatías de unos pueblerinos..,

nos diría Blas al escucharnos.

 

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