Ellos tendrán la fuerza material circunstancialmente superior a las nuestras, pero nosotros contamos con la extraordinaria fuerza moral que nos da la convicción en la justicia de la causa que abrazamos y la razón histórica que nos asiste.

(Gral. Juan Domingo Perón, Madrid, 24, Oct. 1967)

Octubre es el nombre de acontecimientos extraordinarios que rara vez en la historia coinciden en el tiempo. El 17 de octubre, el nacimiento de Perón y la muerte del Che en Bolivia son marcas indelebles en la historia de Latinoamérica. No es la única coincidencia. Mucho se ha hablado de los desencuentros entre el Che y Perón. Las palabras, sabemos, se pueden empuñar como armas o escudos, en todos los casos nos acercan a las personas o alejan con la misma intensidad y sobre los desencuentros populares el enemigo trabaja constante e incesantemente.

Una suerte de mito construido para separar las fuerzas patrióticas se construyó alrededor de Perón y el Che. La carta redactada por el General para referirse a la muerte del Che, el 24 de octubre de 1967, no deja dudas sobre el enorme respeto que Perón sentía por el Comandante Ernesto Guevara:

 “Compañeros, con profundo dolor he recibido la noticia de una irreparable pérdida para la causa de los pueblos que luchan por su liberación. (…) Hoy ha caído en esa lucha, como un héroe, la figura joven más extraordinaria que ha dado la revolución en Latinoamérica: ha muerto el Comandante Ernesto Che Guevara. Su muerte me desgarra el alma porque era uno de los nuestros, quizás el mejor: un ejemplo de conducta, desprendimiento, espíritu de sacrificio, renunciamiento. La profunda convicción en la justicia de la causa que abrazó, le dio la fuerza, el valor, el coraje que hoy lo eleva a la categoría de héroe y mártir”. [1]

Dos párrafos menos difundidos de la misma misiva, sumamente elogiosos con la figura del Che, posicionan al peronismo en relación a la lucha guerrillera del Che:

La hora de los pueblos ha llegado y las revoluciones nacionales en Latinoamérica son un hecho irreversible. El actual equilibrio será roto porque es infantil pensar que se pueden superar sin revolución las resistencias de las oligarquías y de los monopolios inversionistas del imperialismo.

Las revoluciones socialistas se tienen que realizar; que cada uno haga la suya, no importa el sello que ella tenga. Por eso y para eso, deben conectarse entre sí todos los movimientos nacionales, en la misma forma en que son solidarios entre sí los usufructuarios del privilegio. La mayoría de los gobiernos de América Latina no van a resolver los problemas nacionales sencillamente porque no responden a los intereses nacionales. Ante esto, no creo que las expresiones revolucionarias verbales basten. Es necesario entrar a la acción revolucionaria, con base organizativa, con un programa estratégico y tácticas que hagan viable la concreción de la revolución. Y esta tarea, la deben llevar adelante quienes se sientan capaces. La lucha será dura, pero el triunfo definitivo será de los pueblos.

La unidad de concepción, tal como Perón denominaba a las definiciones estratégicas políticas, unían al Che con Perón, ambos tenían el mismo enemigo: El Imperialismo norteamericano. Desde la Revolución Cubana en 1959 la influencia norteamericana sobre el continente era creciente. El combate militar contrainsurgente hacia las poblaciones latinoamericanas o la desestabilización política sistemática en los países de la región contaban con el decidido apoyo norteamericano.

Las divergencias entre ambos eran materializadas por las formas de acceder al poder. Perón era un convencido de la lucha nacional popular democrática. Como líder de una heteróclita alianza de sectores, le daba nombre a la articulación equivalencial de demandas postergadas por las dictaduras que habían desalojado al Movimiento Nacional justicialista del juego político proscribiéndolo. En esa alianza heterogénea, el sindicalismo y el tiempo, eran los principales aliados dentro de una estrategia de combate de largo alcance en el que combinaba la presión sindical con el hostigamiento militar de  la guerrilla peronista.

El Che era un marxista-leninista que sostenía que la lucha debía ser insurgente, provocado por focos militares guerrilleros que iniciaran la lucha revolucionaria. Dentro de esa perspectiva la vanguardia militar de un reducido destacamento podría iniciar la segunda revolución socialista latinoamericana en un país tan pobre como Bolivia. Desde esa concepción, y práctica, puso en marcha todo lo aprendido en la Revolución Cubana y su paso por el Congo.

En otra carta, sobre la que no existe unanimidad en la totalidad de los términos allí vertidos, dirigida a su amigo el mayor Pablo Vicente, el 23 de agosto de 1966 Perón refiere al encuentro con el Che en Madrid:

Le sorprenderá saber quien me vino a ver hace poco: el “Che” Guevara. Es un muchacho muy inteligente pero advertí enseguida que muy atolondrado. Me venía a ver desde Checoslovaquia y Rusia me dijo. Se me apareció disfrazado de “cura” con una barba larga y la sotana. En el portón no lo quería dejar pasar hasta que salí yo a saludarlo porque insistía que era argentino. Tiene una visión muy interesante de las cosas y del mundo actual pero participa de la idea de la “revolución permanente de los pueblos”, un utópico inmaduro – pero entre nosotros – me alegra que sea así porque a los “yankees” les están dando flor de dolor de cabeza. Personalmente creo que es un individuo brillante pero del lado equivocado. Tiene una conversación muy interesante y una obsesión por el comunismo muy marcada. Pretende reunir fuerzas no sé de donde para “liberar” nuestros pueblos americanos. Advertí en seguida que tiene clara su meta y es capaz de cualquier cosa. Me contó que cuando era estudiante andaba con algunos compañeros peronistas mientras yo hablaba en la casa rosada. Este muchacho va a terminar muy mal según creo. Como ve mayor, ya ve usted que hay de todo bajo las viñas del Señor. [2]

Los motivos del encuentro entre ambos han originado variadas conjeturas entre las que se encuentra la de acordar el apoyo desde el norte argentino al foco revolucionario instalado en el sur de Bolivia. La mencionada especulación tiene cierto grado de credibilidad si se supone que su amigo y compañero Jorge Ricardo Masetti –fundador de Prensa Latina y único periodista argentino que cubrió la campaña del Che y Fidel Castro en la Sierra Maestra –intentó instalar un foco guerrillero en Salta con el Ejército Guerrillero del Pueblo en 1964. El Che pensaba a Bolivia como un enorme foco desde donde iniciar la revolución. La muerte del Che por parte de la combinación de elementos militares norteamericanos y del ejército boliviano fue una dura derrota para la lucha revolucionaria boliviana y latinoamericana en general, pero el efecto que tuvo fue el de un cataclismo continental. Proliferaron las guerrillas por todo el continente y el nombre del Che se constituyó en una suerte de ícono revolucionario.

En algunas ocasiones los nombres de los hombres se vacían de contenido personal para llenarse de las experiencias populares que los seleccionaron como líderes. Así como el nombre de Perón es la referencia inequívoca de la heroica resistencia de los trabajadores argentinos en su lucha por la justicia social, la soberanía política e independencia económica, la democracia y la liberación nacional, el nombre del Che expresa la ética revolucionaria llevada al límite.

En ese sentido ambas figuras históricas forman parte del gigantesco acervo histórico patriótico igualitario del continente americano. Sus nombres han adquirido estatura universal y han quedado definitivamente enlazados en la lucha por la igualdad, la justicia y los derechos conculcados de los hombres y mujeres del continente.

Perón tenía razón cuando decía que el Che era capaz de cualquier cosa. Su inmenso desprendimiento personal y la fe ciega en el triunfo de la causa de los pueblos lo llevo a esa enorme estatura moral reconocida hasta por sus enemigos de infundir terror con su sola presencia.

Dudé 40 minutos antes de ejecutar la orden. Me fui a ver al coronel Pérez con la esperanza de que la hubiera anulado. Pero el coronel se puso furioso. Así es que fui. Ese fue el peor momento de mi vida. Cuando llegué, el Che estaba sentado en un banco. Al verme dijo: «Usted ha venido a matarme». Yo me sentí cohibido y bajé la cabeza sin responder. Entonces me preguntó: «¿Qué han dicho los otros?». Le respondí que no habían dicho nada y él contestó: «¡Eran unos valientes!». Yo no me atreví a disparar. En ese momento vi al Che grande, muy grande, enorme. Sus ojos brillaban intensamente. Sentía que se echaba encima y cuando me miró fijamente, me dio un mareo. Pensé que con un movimiento rápido el Che podría quitarme el arma. «¡Póngase sereno —me dijo— y apunte bien! ¡Va a matar a un hombre!». Entonces di un paso atrás, hacia el umbral de la puerta, cerré los ojos y disparé la primera ráfaga. El Che, con las piernas destrozadas, cayó al suelo, se contorsionó y empezó a regar muchísima sangre. Yo recobré el ánimo y disparé la segunda ráfaga, que lo alcanzó en un brazo, en el hombro y en el corazón. Ya estaba muerto. [3]

El testimonio del suboficial Mario Terán para la Revista “París Match” en 1977 reveló los últimos momentos del Che. Paradójicamente en el año 2007 médicos cubanos le devolvieron la vista a Terán. La superioridad moral de los revolucionarios cubanos, infundido por el Che,  permiten victorias aplastantes como esta. El mismo verdugo que asesinó a uno de los líderes revolucionarios es alcanzado por los beneficios de esa revolución.

Increíblemente el cuerpo del Che fue hallado en 1997.Como decía Nicolás Guillén

[…]No por callado eres silencio. Y no porque te quemen, porque te disimulen bajo tierra, porque te escondan en cementerios, bosques o páramos van a impedir que te encontremos, Che Comandante amigo.[4]

Un equipo interdisciplinario formado por cubanos y el Equipo Argentino  de Antropología Forense logró identificar los restos del Che. Hermanados en las tragedias los mismos científicos que ayudaron a identificar cientos de compatriotas que lucharon por la justicia, social, la igualdad y la libertad, pudieron hallar al Che. Se equivocan nuestros enemigos y detractores. Las grandes causas americanas, los sueños de Patria Grande están más vivos que nunca como las figuras gigantescas de Perón y el Comandante Ernesto Che Guevara.

Atilio López

 

 

 

 

Referencias:

[1] http://www.elhistoriador.com.ar/documentos/america_latina/el_asesinato_de_ernesto_che_guevara.php

[2] http://nacionalpopularycristiano.blogspot.com.ar/2010/07/opinion-del-general-peron-sobre-el-che.html

[3] http://www.margencero.com/articulos/che_40aniv/cheguevara_guerrilla.htm

[4] http://www.palabravirtual.com/index.php?ir=ver_voz1.php&wid=2006&t=Che+Comandante&p=Nicol%E1s+Guill%E9n&o=Nicol%E1s+Guill%E9n

 

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