lealtad1

Yo pienso que Perón sin el apoyo del Pueblo no habría sido Perón. Empecemos por el 17 de octubre de 1945: si el 17 de octubre no estábamos en Plaza de Mayo y todo el pueblo en la calle, Perón se tenía que volver a la cañonera, y no sé si lo mataban o no, porque la vida de Perón estaba en un hilo, porque ya las tres Fuerzas Armadas se dieron cuenta de que el pueblo argentino estaba con Perón, que había una mayoría. No era un regalito. No, nadie hace regalos acá. Todo lo hace el pueblo. (María Roldán, delegada del gremio de la carne, testigo presencial y activa de la movilización)[1]

La lógica política de la Argentina hasta el 17 de octubre 1945 no contemplaba a los trabajadores como un actor político relevante dentro del espacio delimitado por la formalidad institucional y la representación. Los dueños del poder que gobernaron la Argentina desde la organización política institucional de la nación en 1853, diseñaron el esquema de control de gobernabilidad con la firme intención de la alternancia política de un régimen esencialmente oligárquico. La república formal, o bajo los términos de Juan Bautista Alberdi “la república posible”, es la construcción institucional de dos campos que distinguen la esfera política de la esfera civil. La esfera civil en la que todos los ciudadanos eran libres de desarrollar las actividades laborales y comerciales. La otra, la política, buscó desde sus inicios la sucesión controlada de los gobernantes y la selección aristocrática de los candidatos. La concepción elitista del poder diseñada por Alberdi se constituirá en uno de los rasgos distintivos en el siglo XX de los dueños del poder en la Argentina: la exclusión política. La ley 140 de 1857[2], inspirada en el texto de Alberdi, establecía el voto censitario o calificado basado en criterios absolutamente arbitrarios que permitió la sucesión controlada del régimen oligárquico. El uso del fraude y la violencia en la Argentina por parte de la oligarquía nunca fue excepcional sino la normalidad en el desconocimiento de la voluntad popular.

“Nuestra base de operaciones ha consistido en la audacia y el terror que, empleados hábilmente han dado este resultado admirable e inesperado. Establecimos en varios puntos depósitos de armas y encarcelamos como unos veinte extranjeros complicados en una supuesta conspiración; algunas bandas de soldados armados recorrían de noche las calles de la ciudad, acuchillando y persiguiendo a los mazorqueros; en fin: fue tal el terror que sembramos entre toda esta gente con estos y otros medios, que el día 29 triunfamos sin oposición” [3]

El control del fraude y el uso de la violencia fue interrumpido en 1916 cuando la situación social y electoral permitió que triunfara la primera experiencia popular de la República: el radicalismo yrigoyenista.  En 1930 la crisis económica mundial y la conspiración oligárquica hicieron posible la restauración conservadora que hasta 1943 gobernó en un creciente clima de conflictividad social, dado por la mutación de la matriz productiva industrial con exclusión social.

LA REVOLUCIÓN DE 1943

El complejo proceso social y económico que abrió la crisis de 1929 provocó una serie de cataclismos políticos en el mundo y en particular en Latinoamérica cuando el flujo comercial hacia las metrópolis se interrumpió. Desde 1935, y con el solo propósito de salvar el modelo agroexportador, fue iniciado en forma incipiente el modelo alternativo de sustitución de importaciones que dio origen a que un importante sector de trabajadores industriales con el tiempo fuera configurando una nueva identidad política. La combatividad de estos sectores forjado en la exclusión social construyó el movimiento de masas más importante de nuestra historia: el peronismo.

El cuatro de junio de 1943 un golpe de estado militar liderado por los generales Rawson, Ramírez y Farrel puso fin a la conocida como Década Infame, período caracterizado por el fraude electoral y la violencia para desconocer la voluntad popular. El golpe se aceleró cuando se desconoció el triunfo electoral opositor en Tucumán y la posible imposición de la candidatura de Robustiano Patrón Costa. Desde ese momento hasta 1945 Perón fue designado al frente de la secretaría de Trabajo y Previsión lugar en el que pudo establecer, como parte del Estado nacional, una significativa alianza política con los trabajadores.

Es un lugar común señalar que la alianza entre Perón y el movimiento sindical fue una construcción en la que influyó la falta de experiencia de los trabajadores y que esa inexperiencia fue la que permitió “manipular” a los sindicatos para construir una nueva base social y política que articulara al gobierno militar con los trabajadores. Miguel Murmis y Juan Carlos Portantiero pudieron, en Estudios sobre los Orígenes del Peronismo,  [4]refutar la hipótesis de Gino Germani[5] respecto del rol de los migrantes internos rurales constituyeron cierta “masa en disponibilidad” sensible al liderazgo carismático de Perón que pudo en cierta forma utilizarlos para sus objetivos políticos.

Murmis y Portantiero demostraron que, lejos de lo que Germani conjeturaba, Perón tuvo que lidiar con duros dirigentes de la vieja guardia sindical que fueron los que permitieron la construcción de una alianza política donde ambos actores eran beneficiarios de esa situación. Según este mismo estudio la conflictividad social era elevada pero con una característica: los conflictos terminaban en una abrumadora proporción de derrotas. Es decir que en un  contexto social y político de fuerte exclusión social es lógico que se establezca un nuevo rumbo político cuando los conflictos comienzan a ser laudados favorablemente por la intervención del Estado que los solucionaba con la firma, sin precedentes en ese momento, de convenios colectivos de trabajo. Esta integración o irrupción de las masas es la que va configurando un nuevo descentramiento del poder a partir de una novedosa alianza que hasta ese momento nunca se había desplegado.

EL 17

Las imágenes de trabajadores y trabajadoras llegando desde el sur, el norte y el oeste del conurbano hacia la capital para ocupar Plaza de Mayo y reclamar por la libertad del coronel Perón, fue un hecho inédito que emergió con fuerza arrasadora para trastocar las coordenadas políticas argentinas para siempre. Una nueva e impensada gramática de la calle es delineada por los contingentes de trabajadores que llegaban hasta Plaza De Mayo. Un desconocido fenómeno emergía desde los olvidados talleres y fábricas de las zonas pobres del país: la democracia de masas. La república formal fraudulenta o la república posible de la oligarquía, crujió bajo el peso de los innumerables trabajadores que hasta ese momento habían permanecido invisibles. Los considerados parias regresaban para construir el movimiento político más imponente de este país. Solo la decidida acción de ese pueblo permitió sacar al país de la miseria en la que había sido hundida por la oligarquía. La hegemonía conservadora fue quebrada.

“Del otro lado del río, en el límite de Avellaneda, la muchedumbre peronista gritando que levantaran los puentes, componía un cuadro formidable. Hacia el mediodía se produjo un hecho inesperado y extraordinario que, tal vez, ni el mismo Perón conozca: esa muchedumbre, cansada de esperar, se  tiró al riacho para cruzarlo a nado. Yo buscaba desesperadamente la cara del oficial que comandaba el pelotón porque, según informes, la policía debía estar al lado del pueblo; pero no pude ubicarlo. De repente, este hombre desenfundó el sable y gritó ‘¡Viva Perón!’; luego el escuadrón hizo lo mismo y sus hombres gritaron: ‘¡Viva Perón!’ Agregó el jefe del pelotón: ‘Bajen el puente para que pase el pueblo’. Así pasó la gente, y la policía del general Velazco entró en la ciudad escoltando a la masa peronista de Avellaneda y Berisso.[6]

El carácter contencioso del 17 tiene que ver con la ruptura de un orden que hasta ese momento no contemplaba al nuevo actor que aparecía. Una nueva subjetividad, labrada en la exclusión, se presentaba en la escena política para ungir al nuevo líder de una alianza política indestructible. Los trabajadores argentinos lograron imponerse a la “mera vida”, que les reservaba la infamia oligárquica, para iniciar la “vida justa”[7].

El acto fundacional del peronismo como movimiento no tuvo un inicio explosivo como lo tuvieron la revolución francesa, la revolución rusa, o la mexicana. El inicio del peronismo fue una crisis orgánica del Ancien Régime pero no tuvo inicialmente el carácter violento de los movimientos revolucionarios. El pasaje hacia una democracia de masas desde la “república posible” constituyó el evento político decisivo del siglo XX para nuestro país. Nunca más iba a recobrar la Argentina las coordenadas políticas que murieron el 17 de octubre, el movimiento nacional construyó la sociedad latinoamericana más inclusiva del continente. La distribución del ingreso aumentó hasta llegar la participación de los trabajadores en un 50%. Se recuperaron los resortes de la economía nacional y las empresas que estaban en manos privadas se nacionalizaron. Se cancelaron todas las deudas y hubo un aumento generalizado del nivel de vida de todos los trabajadores. De esa manera la democracia de masas implicó la construcción de la sociedad más igualitaria que alguna vez conoció la Argentina hasta 1945.

El intento de destrucción de esa experiencia tuvo la dosis de violencia que no tuvo la llegada del peronismo al gobierno. Desde 1955 en adelante los numerosos intentos de destrucción del peronismo fueron acompañados por una saña y odio como solo pueden desplegar los esbirros de la oligarquía. Un elevadísimo costo en vidas tuvo la recuperación democrática del peronismo. Nuestro movimiento se ha forjado en mil batallas con numerosas derrotas. Sin embargo millones de compañeros y compañeras siguen militando en sus filas dando cuenta de la vigencia de un movimiento que no pierde el pelo, ni las mañas. Sigue siendo tan plebeyo como su origen e irreductible, como lo profetizara John William Cooke, en su antagonismo con el país oligárquico que definitivamente debemos derrotar.

 

Atilio López

 

 

 

 

Referencias

[1] James, D. (2004). Doña María. Historia de vida, Memoria e Identidad Política. Buenos Aires: Editorial Manantial.

[2] http://www.electoral.gov.ar/jne_historia.php

[3] D. F. Sarmiento, “Carta a Domingo de Oro”, 17 de junio de 1857

[4] http://www.terras.edu.ar/biblioteca/13/13HSARG_Torre_Unidad_3.pdf

[5] http://www.peronlibros.com.ar/sites/default/files/pdfs/germani_g-el_surgimiento_del_peronismo.pdf

[6] Testimonio de Blanca Luz Brum

[7] Benjamin, W. (2009). Para una crítica de la violencia. Buenos Aires: Las cuarenta.

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