“Hay criminales que proclaman tan campantes ‘la maté porque era mía’, así no más, como si fuera cosa de sentido común y justo de toda justicia y derecho de propiedad privada, que hace al hombre dueño de la mujer. Pero ninguno, ninguno, ni el más macho de los supermachos tiene la valentía de confesar ‘la maté por miedo’, porque al fin y al cabo el miedo de la mujer a la violencia del hombre es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo” Eduardo Galeano.

serespiralucha

Ayer, navegando por las redes sociales, descubrí una serie de grupos (abiertos, cerrados, páginas, etc.) que proclamaban la consigna “Basta de hipocresía: Nadie Menos”. Lo primero que se me cruzó por la cabeza fue ¡Cuánto nos falta!

Es que resulta clave comprender que esta lucha es propia de las mujeres, lo cual no implica que los hombres no nos acoplemos a sus pedidos y reclamos. Es clave, también, cuidar nuestros espacios de lucha de todxs aquellxs que pretenden una y otra vez corrernos del eje de la discusión, o peor aún, generar discusiones internas que debiliten estos espacios de lucha mancomunada.

La neo-consigna “Nadie Menos” es la instalación de una contraofensiva patriarcal que no hace otra cosa que subestimar la lucha de las mujeres que luchan (valga la redundancia) desde hace años por temáticas vinculadas directa o indirectamente a la violencia de género.

Vale la aclaración que con esto para nada se justifica ningún tipo de violencia ni se avala que se cometan atrocidades contra niñxs o adultxs o quien fuera, pero sí creo fuertemente que la lucha Ni Una Menos es propia de las mujeres, y todos debemos acompañarla desde el lugar que nos corresponda, o que nos toque.

Generalizar y ampliar el espectro en este caso es desviar el eje de la consigna fundante. Por eso, ayer gritamos junto a ellas que vivas las queremos. Por eso ayer exigimos que se terminen los femicidios. Por eso pedimos que la legislación se vea reflejada en la cotidianeidad. Por eso comprometemos a todos y todas a la ardua (pero no imposible) tarea de romper esa desigualdad estructural que arrastramos durante cientos de años. Por eso hacemos un llamado de atención para todxs aquellxs que aún asumen que los mecanismos y las formas ya están naturalizados, y que son así por el simple motivo de que así son y nada puede modificarse. Por eso queremos ponerle un freno a las políticas de estado que legitiman la violencia de género y consolidan el sometimiento y la subordinación de las mujeres. Por eso el grito es colectivo, porque la lucha es de ellas, pero el problema es de todos.

Juan Salvo

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