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Otra América es posible.

La integración de los países de Suramérica han transitado diversos proyectos de inserción territorial íntimamente relacionados a los modelos de acumulación económica vigentes. Es así que a cada modelo de desarrollo económico ha correspondido un modo de inserción regional y global general. Los modelos de desarrollo económico y social en el contexto internacional,  admiten variables aún más complejas debido a los reordenamientos geopolíticos. En ese sentido el punto de vista Centro/Periferia nos permite observar el complejo pasaje de la economía mundial centrada en distintos modos de acumulación desde el Estado de Bienestar, hacia el Estado proyectado por la internacionalización de la economía alumbrada por el Consenso de Washington y finalmente en la multipolaridad emergente a partir de las sucesivas crisis financieras.

Esta reformulación impulsada desde el Centro bajo la Hegemonía neoliberal permite analizar como las poderosas fuerzas de los mercados exigen a los Estados periféricos, la plena adscripción a los postulados del neoliberalismo que pueden resumirse en: liberalización comercial, liberalización financiera y desregulaciones estatales que impulsan la incorporación de las economías y Estados periféricos, a un orden económico controlado, cada vez más, por Corporaciones.

Con el siglo XXI una parte de la región suramericana iniciaría un nuevo recorrido caracterizado por la superación de los modelos económicos emergentes del Consenso de Washington, la inserción de una agenda de producción e  inclusión social y autonomía política desde una perspectiva pos-neoliberal. Entre las necesidades de integración surgían claramente aquellas vinculadas al intercambio económico, la exploración de las posibilidades de producción conjunta y fuertemente los temas que constituyen la agenda de inclusión social: salud, educación y cultura.

La Cuarta Cumbre de las Américas celebrada en Mar del Plata entre el 4 y el 5 de noviembre de 2005, representó no solo una inflexión en las políticas de alineamiento automático a Washington, sino el inicio de una experiencia inédita de integración supranacional entre los Estados de Suramérica. La necesidad de superación de los modelos económicos que habían llevado a la ruina a los países latinoamericanos cambió rápidamente la agenda que EE.UU y Canadá intentaban imponer.

Mientras los países del norte insistían en discutir las posibilidades de integrar un Área Libre de Comercio que fuera desde Alaska a Tierra del Fuego, nuestro presidente fustigaba con dureza el discurso neoliberal de la Teoría del Derrame y al Mercado como principal factor para eliminar las desigualdades.

[…] las consecuencias nefastas que las políticas de ajuste estructural y del endeudamiento externo tuvieron para el pleno ejercicio de los derechos humanos, en especial los derechos económicos, sociales y culturales, se viven y recorren trágicamente el mapa de la inestabilidad latinoamericana. No se trata de ideologías, ni siquiera de política, se trata de hechos y resultados.

Son los hechos los que indican que el mercado por sí solo no reduce los niveles de pobreza y son los hechos también los que prueban que un punto de crecimiento en un país, con fuerte inequidad, reduce la pobreza en menor magnitud que en otro con una distribución del ingreso más igualitaria.

Los resultados de las recetas que criticamos son los que se vieron reflejados en la crisis argentina del 2001 y en la caída de varios gobiernos democráticos de la región, algunos de ellos transitando aún una preocupante inestabilidad institucional. [1]

La derrota política de EE.UU y Canadá en esa cumbre no eliminó el objetivo para el cual ambos países siguieron trabajando en forma permanente, sin prisa y sin pausa. El golpe de Estado en Brasil, el estrangulamiento económico sobre nuestro país y su principal consecuencia el regreso del neoliberalismo a la Argentina, legitimada por elecciones libres, son los dramáticos resultados de la recomposición de la hegemonía norteamericana en la región. Una nueva tecnología de usurpación del poder basado en la fusión de las fracciones más corrompidas del Poder Judicial, servicios de inteligencia y el aparato comunicacional regional lograron establecer una sólida plataforma de desestabilización política y económica en la región. La crisis venezolana combina todos estos aspectos. Terrorismo económico y comunicacional con la coordinación y financiamiento de las agencias americanas de inteligencia hostigan sistemáticamente al chavismo.

Las palabras de Néstor Kirchner en esa cumbre, resuenan como truenos en nuestro país que avanza a pasos agigantados hacia otro precipicio como del que salimos en los primeros años del nuevo siglo. La cumbre de las Américas dio paso a una nueva institucionalidad regional reflejada en la UNASUR y la CELAC que permitieron el diseño de una nueva agenda de integración como nunca se había visto. Hoy la amenaza de una “desintegración” no es solo una percepción sino una peligrosa realidad abonada por fantasmas de conflictividad regional o por la más pura y rústica xenofobia.

 La división regional entre los países partidarios del bilateralismo competitivo (México, Perú y Chile), la mayoría de ellos sobre el Océano Pacífico, excepto Ecuador, con el liderazgo de los EE.UU, y países nucleados en el  modelo de regionalismo poshegemónico o posliberal parece sucumbir frente a un nuevo ciclo de derechas en la región, nos invita a una serena reflexión sobre como el neoliberalismo busca desesperadamente salir de la crisis en la que hundió al mundo. Está claro que no solo no resuelve los problemas sociales, económicos y políticos sino que los agrava permanentemente. Ha llevado la guerra a Medio Oriente, a África y Europa. Ha provocado una crisis de desplazamiento de refugiados a los que solo les proponen políticas anti migratorias durísimas. Ese es el modelo que intenta consolidarse, un capitalismo de saqueo para pocos y la gestión del Estado policial para las diferencias sociales. Una regresión inadmisible para países que conocieron el paradigma igualitario más progresista de las últimas décadas. Hoy Chávez no está con nosotros ni Néstor. En Brasil gobierna una derecha troglodita golpista que parece muy bien dispuesta  a la nueva hegemonía neoliberal y en nuestro país la Alianza “Volvimos” se muestra cada vez más transparente en su ideario de fascismo explícito y marketing. El mundo es cada vez más hostil. Una miserable ola de xenofobia comienza a ganar adeptos en las derechas europeas y nativas también. Pero ya sabemos cómo terminan esas historias. En esta bisagra histórica cada uno de nosotros deberá apelar a sus mejores reservas para no caer en las trampas que el liberalismo tiende permanentemente. El proyecto Igualitario del peronismo como fuerza política que expresa a los trabajadores y a los excluidos de la Patria está más vigente que nunca. Los sueños de integración de la Patria Grande se hicieron realidad una vez. Es posible hermanar América y construir un proyecto americano como el que soñaron San Martín, Bolívar, Perón, Néstor y Cristina. Solo hay que seguir defendiéndolo.

 

Atilio López

Referencias

[1] Néstor Kirchner, discurso de inauguración de la IV Cumbre de las Américas, 4 y 5 de noviembre de 2005, Mar del Plata, Argentina.

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