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¡LUCHE Y VUELVE!

El tiempo como circularidad de acontecimientos que se repiten y resignifican en cada época en forma particular tiene cierto asidero si analizamos hechos históricos como el que hoy conmemoramos: el Regreso del General Perón a la Argentina. Un punto de análisis puede ser comparar las tramas materiales y simbólicas de aquella época y la actual como forma de verificar rupturas y continuidades de los principales actores políticos de la Argentina.

La vuelta del General Perón a la Argentina el 17 de noviembre de 1972 expresaba el punto más alto de la lucha popular de los trabajadores argentinos por el regreso a la democracia. El ambicioso programa político que enarbolaba el peronismo ponía  fin a la proscripción del movimiento de masas más importante de Latinoamericana, contemplaba el llamado a elecciones libres y el fin del exilio de su  conductor. El peronismo ponía fin a su diáspora y orfandad impuesta a sangre y fuego durante diecisiete férreos años de dictadura militar con ocasionales y formales interrupciones republicanas que mantuvieron a la mayoría de la población proscripta. Fueron necesarios esos años para derrotar al proyecto de disciplinamiento social puesto en marcha por la oligarquía argentina desde 1955.

El regreso de Perón ocurría a meses de los fusilamientos de Trelew, tragedia que radicalizó el carácter contencioso de la acción colectiva que ya había alcanzado perfiles de insurrección popular con las numerosas puebladas con que el pueblo trabajador repudiaba a la dictadura (ver tabla anexo) y que inauguró el histórico Cordobazo de 1969. Años de exclusión política, de tutelaje pretoriano y represión, hallaron un límite en la lucha de los trabajadores, volcando a una parte importante de la juventud hacia una lucha, a la cual eran invitados a nivel continental y mundial.

En ese encuentro confluyeron las más variadas tradiciones políticas: sindicalistas, sacerdotes y militantes católicos, agnósticos marxistas, intelectuales universitarios, artistas, y las experimentadas organizaciones gremiales, que también serían víctimas de la interpelación social. En este exacerbado clima de fin de época, todas las estructuras sociales e instituciones serán impugnadas sistemáticamente por admitir—durante tanto tiempo—el orden social excluyente, conservador, autoritario y decadente que la Revolución Argentina intentaba sostener. Con frecuencia se cita, y con razón por la magnitud y profundidad de la protesta, al Cordobazo como el punto culminante de la lucha insurreccional popular cuando en realidad fue el inicio de una larga serie de eventos que no cesaron hasta ya iniciada la democracia.

El análisis de ese ciclo de luchas históricas pone de manifiesto el carácter excluyente de las demandas populares de la dictadura, su autoritarismo, el intento por desmantelar el entramado industrial del país y el carácter estratégico del bloque agrario como actor político fundamental. El peronismo que había logrado reorganizarse en tan duras circunstancias lo pudo hacer cuando se abandonó definitivamente la idea de un peronismo sin Perón articulado en torno al gremialismo más colaboracionista del régimen autócrata del partido militar. La acumulación de demandas que desde 1955  la sucesión de regímenes militares y civiles fraudulentos produjo en la sociedad argentina, por la ausencia de canales institucionales que respondieran a las reivindicaciones populares, condujo a una creciente y diversificada activación política.

La exclusión o rechazo por parte de los sectores dominantes de las demandas democráticas de cada sector particular, unificó la sociedad civil haciéndolas a todas ellas equivalentes[1].  En este contexto de activación política, la lógica de equivalencias particulares configuró un escenario de luchas donde incluso los sectores tradicionalmente refractarios, a la lucha social (como los católicos) se sumaron a  las hostilidades que el peronismo desarrollaba en soledad contra los sectores dominantes.

Comparado ese momento con el actual podríamos verificar que a grandes rasgos los principales lineamientos económicos están presentes. Exclusión de demandas, disciplinamiento social y los sectores más primarios de la economía como principales beneficiarios de un régimen que por primera vez fue legitimado en las urnas por fuera de la cooptación de los partidos populares. También hoy el peronismo busca la reorganización y el gremialismo aparece tan fragmentado como en los años que evocamos. Si citamos algunas continuidades históricas, también es necesario señalar la ausencia del partido militar y las organizaciones político-militares populares que combatían al régimen militar.

Pero un elemento común une ambos momentos y es la militancia política. Ese enorme caudal de compañeros y compañeras que cotidianamente asumen con esfuerzo actividades que permiten reorganizar el movimiento nacional popular y democrático. En condiciones adversas, pasadas o actuales, una reducida minoría de oportunistas aporta la cuota de miseria personal que permite otorgarle al enemigo la transitoria impresión de haber triunfado en forma absoluta. Pero lo significativo son los compañeros y compañeras que continuaron la lucha y mucho más importante quienes con la certeza de la adversidad deciden sumarse al esfuerzo resistente para quedarse de este lado de la historia y nunca jamás con la historia pequeña de los vencedores. Ese enorme caudal de hombres y mujeres es el que despierta para pasar de la reserva al frente y llevar nuevamente al Pueblo a la victoria.

El 17 de noviembre de 1972 el General Perón regresó a la Argentina. Atrás quedaban las defecciones, los oportunismos y miserias de quienes colaboraban con el régimen. Nadie recuerda sus nombres. Millones de hombres y mujeres dueños de un gigantesco heroísmo asumían el destino de la Patria. La consigna era “Liberación o Dependencia” o el “Luche y Vuelve” derrotando las armas que la Revolución Libertadora había empuñado contra su propio Pueblo. Hoy la lucha política recorre otras coordenadas políticas. La adversidad y el atropello sobre derechos y conquistas populares son contingentes y transitorios. La historia nos ha demostrado que aún en las peores circunstancias hombres y mujeres de la patria comprometen sus vidas en pos del ideal igualitario. En esa sensibilidad, en esa responsabilidad por el Otro como hermano, reside la enorme fortaleza de quienes abrazan la patria. A todos ellos está dirigido este homenaje. A las compañeras y compañeros que lucharon y luchan en la adversidad, a quienes en las peores circunstancias iluminan nuestro camino. A quienes perdieron sus derechos. A los presos y presas políticas como Milagro Sala. A todos aquellos que nos templan en los momentos difíciles. En esos hermanos y hermanas está la certeza de que vamos a recuperar a la Patria.

Editorial Cabecitas

Puebladas documentadas

Fecha Lugar Nombre
1,2 Mayo de 1969 Rosario, Córdoba “Rosariazo”, “Cordobazo”
3 Septiembre de 1969 Rosario “2° Rosariazo”
4 Febrero de 1970 Río Limay, Neuquén “Choconazo”
5 Marzo de 1970 Río Negro “Cipolletazo”
6 Noviembre de 1970 Catamarca “Catamarcazo”
7 Noviembre de 1970 Tucumán “1° Tucumanazo”
8 Marzo de 1971 Santa Fe “Casildazo”
9 Marzo de 1971 Córdoba “2° Cordobazo o Viborazo”
10 Abril de 1972 Mendoza “Mendozazo”
11 Junio de 1972 Tucumán “Quintazo o 2° Tucumanazo”
12 Julio de 1972 Malargüe, Mendoza “Malargüinazo”
13 Julio de 1972 Gral. Roca, Río Negro “Rocazo”
14 Octubre de 1972 Trelew, Chubut “Trelewazo”
15 25 de mayo de 1973 Cap. Federal y otros “Devotazo”
16 Julio de 1973 Córdoba “San Franciscazo”
17 Agosto de 1973 La Carmela, Tucumán “Carmelazo”

Referencias

[1] Ernesto Laclau. Emancipación y Diferencia. ¿Porque que  los significantes vacíos son importantes para la política? Pág. 102.

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