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[…] sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles.

Rodolfo Walsh (1977)

Cuando en 1968 Rodolfo Walsh escribía en el semanario de la CGT de los Argentinos sobre “La secta del gatillo alegre”[1] daba cuenta de las asombrosas estadísticas que acompañaban a la Policía bonaerense donde indicaban que había abatido a diez delincuentes o presuntos delincuentes con una sola baja en los mencionados enfrentamientos. Walsh señalaba, no sin sorna, que semejante eficacia era única en el mundo.

En el año 1999, el candidato a gobernador por la provincia de Buenos Aires, Carlos Ruckauf,  proclamó como lema de campaña la necesidad de derrotar la “inseguridad” bajo la fórmula “hay que meterle bala al delincuente” convirtiendo la compleja ecuación social de hambre y desocupación en un problema policial. Ruckauf convertido en un esperpéntico símbolo de la mano dura, encargó el problema de la seguridad al carapintada Aldo Rico—experto en desfiles militares y rendiciones pero un verdadero lego en gobernar a un aparato criminal como la policía bonaerense—que debió ser renunciado  en medio de un escándalo sin cambiar el perfil institucional de la policía.

 Ruckauf consciente de que su gobierno dependía de lo que hiciera con lo que prometió devolvió el control político a la bonaerense con la asunción del comisario retirado Ramón Orestes Verón.  El resultado fue la muerte de 60 chicos en “supuestos enfrentamientos” en el período 1999-2001y la denuncia de más de mil jóvenes menores de 18 años de haber sido torturadas en las comisarías bonaerenses, según la denuncia hecha por la Corte Suprema Provincial.[2]

La Seguridad no puede ser solo pensada en torno a la Demagogia Punitiva sino, fundamentalmente, en la articulación entre la prevención de los delitos y el Estado de Derecho que asiste a todos los ciudadanos. Entender que la Seguridad o en forma genérica “la Inseguridad” es solo un problema de Orden en las calles lleva a la protección de derechos de “algunos ciudadanos” en detrimento de los derechos de otros. La extrema simplificación de este problema reduce el fenómeno a un conjunto de variables que no solucionan, ni abordan, el problema sino que lo agravan permanentemente.

Pensar la Seguridad únicamente como la restricción de derechos de otros ciudadanos no solo son ineficaces, cuantiosas en recursos y peligrosas, sino que construyen lógicas incompatibles con el orden democrático. Pensar en términos de “Guerra” en el que una Fuerza (estatal) puede aplastar a otra por saturación de recursos (más armas, más móviles, más cámaras) conduce a la militarización de la sociedad y la degradación del Estado de derecho.

La utilización de la excepcionalidad (CELS)[3] necesariamente implica la ampliación de las facultades de los organismos nacionales de seguridad, como la propuesta de la Inclusión de las Fuerzas Armadas en los dispositivos represivos. A esta concepción de Estado de Excepción debe oponerse la del Estado de Derecho con más derechos que devuelva el problema a la sociedad política y permita continuar elaborando respuestas a esta compleja problemática. Debe añadirse además que la respuesta represiva no solo ha fracasado en todo el mundo, sino que llevó a niveles catastróficos el problema de la violencia hacia los ciudadanos. Los ejemplos de Colombia y México como heraldos de la mano dura nos eximen de mayores comentarios.

En diciembre del año 2015, en nuestro partido, el Centro de Artes Batalla Cultural (hoy César Linares Walerko) fue violentamente desalojado por la policía provincial. Los militantes del Centro fueron detenidos, algunos de ellos durante horas desaparecidos, y otros esposados, golpeados y torturados en la comisaría de Olivos. Este episodio inició la escalada de la “Alianza Volvieron” que continuó con el desproporcionado dispositivo de seguridad montado frente a la Quinta presidencial de Olivos cuando militantes de las organizaciones políticas del kirchnerismo, La Cámpora y Néstor Kirchner ambas de Vicente López,  se disponían homenajear al ex presidente con una pintada. La desmesura del operativo que sumaba móviles y efectivos de todas las fuerzas de seguridad, aparentemente afectos al arte muralista, no evitó que a pocas cuadras del lugar fuera asesinado el gerente general de la editorial Sigmar Roberto Chwat.

Otros graves episodios siguieron con carácter intimidatorio, protagonizados por otras fuerzas de seguridad como la represión de trabajadores en La Plata y Mar del Plata, los disparos con postas de goma  a niños de una murga en el barrio Illia de la Villa 1-11-14 en febrero de este año, las torturas a jóvenes de la revista “La Garganta Poderosa” por parte de prefectos y policías, han dado cuenta del aval político para la contención y disciplinamiento de sectores sociales y políticos.

El ametrallamiento del auto donde viajaban jóvenes militantes de las organizaciones La Cámpora y la Néstor Kirchner de Vicente López ocurrido el domingo 20 de noviembre en el Partido de Vicente López por parte de efectivos de la Policía local de Vicente López, el más grave hasta el momento, está siendo investigado por la PROCUVIN e involucra tanto a efectivos de la policía provincial como a la policía local del partido. Las evidencias del auto ametrallado, con uno de los jóvenes heridos alcanzado por un impacto de bala en la espalda, efectivos de civil y sin identificar según el testimonio de los militantes, habla a las claras de la gravedad institucional local y nacional que el episodio reviste. El uso de armas de fuego en forma criminal contra los militantes políticos opositores, que salvaron su vida en forma milagrosa, nos devuelve a las peores épocas de nuestro país y colocan otra vez en el ojo de la tormenta a la “maldita policía”.

Cuando advertíamos sobre la saturación del espacio social de personas armadas como única respuesta a un problema multidimensional, también hacíamos reservas del uso que podían llegar a tener estas policías, creadas para aparentar un aumento de la seguridad ciudadana. El bautismo de fuego contra la militancia opositora ha revelado el peor de los escenarios, con claras responsabilidades políticas del Intendente Jorge Macri, la gobernadora María Eugenia Vidal y del presidente de la nación Mauricio Macri de convertir una institución policial en grupo de tareas y de represión política

Frente a esta escalada de violencia, que sabemos cómo empieza y también como termina, la sociedad en su conjunto debe responder políticamente a la degradación del Estado de Derecho y a la mutación en una democracia blindada en lo simbólico por el complejo comunicacional que ha retomado el perfil más abyecto que los caracterizó en la dictadura genocida, y en la seguridad al otorgarle amplios poderes de intervención a la policía con la escusa de combatir el delito. Convertir el Estado de Derecho en el Estado de Excepción que suspende las garantías de los ciudadanos y ciudadanas con el objeto de combatir aquello que se define como enemigo caracteriza a los Estados Totalitarios.

No podemos dejar de seguir estos episodios con preocupación. Mientras el plan de hambre y saqueo priva a los trabajadores de sus fuentes laborales, se deterioran todos los indicadores sociales y económicos, se endeuda al país a niveles inimaginables y cuando la conflictividad social y política va en ascenso, en Vicente López se intenta amedrentar a la militancia ametrallando y persiguiendo a sus miembros. Está claro que la represión es la única variable con la que cierra este plan criminal. La única forma de contener esta mutación es con política. Construir políticamente la unidad no es una opción, es una necesidad. Debemos enfrentar la barbarie poniendo de pie a la sociedad y convocar a los trabajadores para detener esta escalada que ya tiene de rehén a la sociedad entera.  Se equivocan quienes crean que esto es solo un episodio. Esto forma parte del disciplinamiento necesario para imponer la tiranía del mercado financiero. En ese sentido la sociedad y el Estado de Derecho están en peligro, por lo tanto es necesario apelar a todas nuestras fuerzas para evitar que la aventura neoliberal vuelva a convertir al Estado en el Estado totalitario que el fascismo necesita para contener la protesta social.

 

Atilio López

 

 

Referencias

[1] Walsh, R. (1995) La secta del gatillo alegre. En “El violento oficio de escribir”. Buenos Aires: Planeta

[2] http://www.clarin.com/policiales/Inseguridad-Palermo-Ruckauf-meter_bala_a_los_delincuentes_0_1477652271.html

[3] Documento elaborado por un extenso grupo de organizaciones sociales y políticas bajo la denominación “Más derechos, Más seguridad” disponible en http://www.cels.org.ar/common/documentos/mas_derechos_mas_seguridad_completo.pdf

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