made-in-oligarca

“Debemos bajar los costos, y los salarios son un costo más”

Mauricio Macri, Fuego Cruzado (Programa de TV, 1999)

Desde aquellos años de la “Patria Contratista” Mauricio Macri ha manifestado su ideología y ha especulado cuanto ha podido, siempre en pos de un beneficio personal y nunca pensando en el Pueblo.
Con discursos y artimañas marketineras, y con el apoyo del poder mediático, de alguna manera ha logrado inmiscuirse en las mentes de una parte de la clase trabajadora argentina, lo que lo llevó a posicionarse como el actual presidente de la nación a través del voto popular.
Sin embargo, este gobierno oligarca y sus prácticas, distan demasiado de un poder ejecutivo que represente a los intereses del Pueblo y se acercan mucho mas a las implementadas en las dictaduras que padecimos a lo largo de nuestra historia.
Esta forma de ver y entender la política consta de vaciar justamente de contenido político a la misma. De banalizarla, de desideologizar la ideología, de volver a instalar que la política no sirve…
Mientras tanto avanzan y destruyen a su paso todos los derechos conquistados y adquiridos en los últimos años, al tiempo que dirigen las políticas nacionales e internacionales por caminos que tienen consecuencias drásticas en la ciudadanía. En un artículo anterior reflexionamos brevemente acerca de los costos de los alimentos, los dueños de las tierras y la relación entre ambos. Pero hay mas medidas que impactan directamente en nuestras familias trabajadoras. Por tomar un ejemplo, la baja de aranceles y apertura de las importaciones.
Basta ver las publicidades televisivas de la última dictadura cívico-militar para darse cuenta de la postura que tomó el gobierno de facto respecto a las importaciones. De esta manera, realizaron un minucioso trabajo sobre la población trayendo al país productos mas baratos, desprestigiando la producción nacional y generando un boom de consumo pero de productos extranjeros. ¿La consecuencia? La destrucción total del mercado interno.

 

Esta destrucción que mencionamos impacta inmediatamente en la economía popular. Un ciudadano que se queda sin trabajo, en primer lugar pierde su fuente de ingreso. Al perder su fuente de ingreso no le resulta posible comprar alimentos, o en segunda instancia medicamentos, y lógicamente deja de consumir todo tipo de productos y servicios, empeorando notablemente su calidad de vida. Ir al cine, o al teatro, o cualquier distracción cultural queda relegada por no tener cubiertas las necesidades básicas. La autoestima se reduce al nivel del suelo, la dignidad va desapareciendo y lenta pero progresivamente va anestesiando a todos y cada uno de los afectados. Un ciudadano que deja de consumir, como mencionamos antes por ejemplo, chocolates, a su vez le genera un perjuicio a quien produce y vende chocolates, que posiblemente al ver reducida su venta deba recortar en gastos dentro de su línea productiva, es decir, puestos de trabajo. Estas personas que se ven afectadas por este recorte, ingresan a esta misma dinámica y la rueda comienza a girar de manera siniestra. Muchas de ellas no solamente quedan en la calle junto a sus familias, sino que directamente quedan excluidas del sistema ya que la voracidad del capitalismo avanza en bloque y resulta muy dificil volver a insertarse. Esto, ademas, por un lado le permite a las grandes empresas precarizar las condiciones de trabajo reduciendo considerablemente los salarios, acelerando el proceso de empobrecimiento y generando el temor de los trabajadores a reclamar por mejores condiciones por el solo hecho de conservar el empleo (todos recordamos durante la década del ’90, cuando la flexibilización laboral parecía haber llegado para quedarse, escuchar a los trabajadores que ganaban miserias agradecer enormemente que por lo menos tenían trabajo, así cobraran $2 – o u$s 2 en ese entonces – por un jornal de 12 hs… Claramente sin posibilidad de acceder a un sistema digno de paritarias); y por el otro, fomenta el trabajo informal (en negro) ya que al no haber oferta laboral, se transforma en la única alternativa de generar ingresos, aunque no sean del todo suficientes. Por último, el trabajo informal conlleva a dicho ciudadano a dejar de realizar aportes, por lo que a futuro también dificulta su sustentabilidad y el acceso a una vejez digna. Y así pasaríamos horas enumerando las consecuencias de las consecuencias de las consecuencias de una medida que la “venden”  como positiva pero que a corto plazo nos afecta a todos los trabajadores, ya que esta cadena perversa se ramifica a todos los rubros y se agudiza velozmente, empezando por los sectores mas vulnerables hasta la clase media ampliada.
Pero entonces,  ¿dónde termina esta maquinaria de pobreza y exclusión? Claramente en la oligarquía, que garantiza su incesante funcionamiento con un único fin: el beneficio propio.
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