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El ciclo de acción colectiva iniciado hoy por los docentes con un paro de 48 horas y una movilización inolvidable, habla claramente del hostil clima social imperante luego de algo más de un año de políticas neoliberales aplicadas por la actual gestión de la alianza “Cambiemos”. El enorme paro nacional y la contundencia de la movilización expresa algo más que una reivindicación salarial. El nuevo ciclo contencioso iniciado con la rebeldía docente ha desbordado lo puramente gremial para convertirse en el momento de lo político, la frontera social antagónica entre un conjunto de demandas postergadas y la exclusión de esas demandas por parte del gobierno ultraconservador del PRO.

Semejante demostración pudo hacer estallar en pedazos el universo simbólico amarillo que agitó el aparato comunicacional oficialista. La operación extorsiva de enfrentar a los educadores con las familias de niños y jóvenes que no pueden iniciar las clases, repetida hasta el hartazgo en innumerables ocasiones, fracasó. Hay que decirlo con la suficiente claridad. Fracasó la desmesura grotesca de utilizar la cadena nacional por parte de un presidente de la nación, frente a la asamblea legislativa y miembros de todos los poderes de apretar a un docente por su militancia sindical. Tal vez este presidente sea recordado por un montón de cosas, pero tal vez nadie olvidará que utilizó todo el poder simbólico para “apretar” a un trabajador colocándolo a él y su familia en  riesgo. También habría que decir que fracasaron las maniobras del aparato comunicacional que intentó demonizar a los gremialistas por defender a sus representados. Tal desproporción de recursos utilizados para denostar a una persona, impulsada desde la cúspide del poder, ha demostrado su inutilidad convirtiéndose en un grotesco y siniestro dispositivo de linchamiento que encima hace el ridículo.

Quienes se han embarcado en una decidida aventura bélica han tomado el conflicto docente como caso testigo de castigo ejemplar. Una clara advertencia de disciplinamiento social, no solo dirigido al conjunto del gremialismo, sino a la sociedad en su conjunto. Que el actual presidente haya decidido iniciar el ciclo lectivo en la provincia de Jujuy, más allá de la Mise-en-scéne, es un claro respaldo a un gobernador que ha suspendido todas las garantías constitucionales convirtiendo a Jujuy en Estado de excepción. En ese sentido el respaldo hacia un gobierno provincial, acusado frente a todos los organismos mundiales por violaciones a los derechos humanos, transmite con absoluta claridad el camino que la Alianza Cambiemos desearía recorrer.

Convendría recordar que el gremio docente nucleado mayoritariamente en la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina tiene un largo y combativo recorrido. Posee más de 600 docentes desaparecidos en dictadura. En el año 1988 el día 23 de mayo convocó a la histórica Marcha Blanca donde una multitudinaria movilización nacional llevó  adelante tres puntos muy similares a los que hoy se reivindican Salario único en todo el país:

Igual trabajo, igual remuneración (nomenclador básico común).
Paritaria nacional docente: los docentes querían discutir salarios y condiciones de trabajo al igual que los demás trabajadores.
Ley de Financiamiento Educativo y Ley Nacional de Educación.

En la década del 90 el menemismo tuvo que afrontar gigantescas marchas de estudiantes, padres y docentes con la sanción de la Ley Federal de Educación que desguazó el sistema educativo argentino. En la misma década se instaló frente al Congreso de la Nación la llamada Carpa Blanca en la que se instalaron docentes durante 1003 días para reclamar fondos para la educación pero sobre todo el cese de las políticas monetarias neoliberales que había provocado una catástrofe social. El alzamiento popular de los días 19 y 20 de diciembre de 2001 fue precedido por la rebelión docente que se negó a realizar el censo nacional de ese año.  Todos estos antecedentes sirvan para ilustrar la complejidad de la situación. Un gobierno que aplica políticas que pretenden disciplinar a los trabajadores vía desempleo, en medio de numerosos escándalos que han merecido la denuncia del presidente de la nación y su gabinete por fraude al Estado Nacional, ha logrado el extraño efecto de una fuga hacia el pantano.

Mañana se cumplen las 48 horas del paro docente en un marco seguramente multitudinario de movilización convocada por todas las centrales de trabajadores. La potencia del número en la calle aunque se oculte es un verdadero motivo de preocupación para el elenco gubernamental. Se inicia una nueva era de movilizaciones. Un nuevo ciclo contencioso que tiene a la clase trabajadora argentina como protagonista. No es difícil anunciar que el camino elegido por el gobierno es el de colisión. Si la movilización docente fue gigantesca la convocada para el día 7/3 será mayor y de esa manera se plebiscitará en las calles el daño hecho por la casta neoliberal que se ha entronizado.

Solo la democracia de masas en calles y plazas podrá detener la nueva aventura neoliberal. En esa gramática callejera y plebeya están inscriptas las páginas de gloria de los trabajadores argentinos y ninguna técnica publicitaria de mercado podrá maquillar el carácter regresivo y antipopular de la Alianza Cambiemos. Soplan nuevos vientos. Se inicia un nuevo tiempo que permitirá exponer el patético grotesco de un gobierno que cree poder gobernar solo con pueriles y banales operaciones de prensa.

Atilio López

 

 

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