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La caminata hecha hoy en Vicente López por parte de organizaciones políticas y sociales convocadas bajo la consigna “No hay Paz sin Justicia Social” ha devuelto la política a las calles y plazas. La poderosa dinámica social iniciada por los docentes el lunes pasado, seguida por una formidable movilización organizada por el Movimiento Obrero Organizado y continuada por las mujeres el miércoles, ha logrado romper el cerco impuesto por los medios que intentan encorsetar la discusión en ámbitos cerrados y amistosos.

El muy evidente intento de deslegitimar las movilizaciones y protestas afirmando que obedecen a intenciones “desestabilizadoras” o “electorales”, naufragan frente al hostil y encrespado clima social generado no por los sectores opositores, sino por las criminales políticas del gobierno de la Alianza Cambiemos. Frente a descomunales aumentos de tarifas y precios que fueron precedidos de devaluaciones y la eliminación de retenciones a los sectores más ricos, despidos generalizados, apertura importadora y cierres de fuentes laborales, la sorpresa inicial fue seguida de un creciente endurecimiento de los sectores sociales agredidos.

Quienes advertíamos que todas y cada una de las medidas que se tomaban desde el Gobierno Nacional asumido el 10 de diciembre de 2015, buscaban cercenar libertades y conculcar derechos, no hemos dejado de estar en las calles llevando nuestra voz y haciendo presencia donde nos necesitaran. Estuvimos, estamos y estaremos con los trabajadores acompañándolos en sus conflictos, con cada víctima de gatillo fácil, con los jubilados humillados y castigados de una forma que no tiene precedentes, con cada compañero y compañera privados de sus derechos, con cada chico sin escuela, con cada docente batallando por una educación masiva, de calidad y solidaria.

Como militantes políticos no seremos ni mudos testigos ni cómplices de este latrocinio. Llevaremos toda nuestra energía donde se la necesite llamando a ocupar el espacio público en defensa propia. Un 11 de marzo de 1973 para nuestro Movimiento terminaba la proscripción política. Volvimos con millones de trabajadores que lucharon casi en soledad frente a un régimen que se adueño de la democracia de los argentinos a fuerza de bayonetas. Fueron duros años de apretar los dientes y combatir desde donde se pudiera. Nuestros compañeros y compañeras padecieron cárcel, persecuciones y fusilamientos. Pagamos un alto costo en vidas. De esa dignidad somos hijos. De ese patriotismo somos herederos.

Estaremos en las calles y plazas, en las escuelas y universidades, en las fábricas y en los barrios. Llevaremos nuestra gramática libertaria, nacional y popular a cada rincón de la Patria. Ratificaremos nuestras convicciones afirmando que la Patria es el Otro. No nos dejaremos extorsionar por los personeros del odio que quieren encarcelar la democracia e hipotecar el futuro. Hoy, como cada vez que se necesita, en Vicente López los Trabajadores, el Peronismo representado por La Néstor Kirchner, La Cámpora, conducidos por Gustavo Matías acompañados por docentes, estudiantes, vecinos, jubilados y militantes del campo popular, volvimos a la calle. No es la primera ni será la última vez porque siempre estuvimos ahí.

Se equivocan quienes creen que las movilizaciones son solo manifestaciones electorales como afirman los escribas de Perfil, La Nación o Clarín. Se equivocan si creen que la decepción provocada entre sus votantes solo mutará en amarga resignación. Se equivocan quienes solo leen oscuras manifestaciones “desestabilizadoras” en cada movilización. Cualquiera que camine por la calle, que hable con comerciantes, que se encuentre con trabajadores, podrá constatar el furioso clima que construye la actual alianza gobernante. Se equivocan quienes crean que nuestro pueblo soportará con paciencia la imposición de un orden autoritario y antipopular: este es el Pueblo del 17 de octubre, de la Resistencia, del 2001.

El 11 de marzo de 1973 el peronismo volvió al gobierno y lo hizo de la mano del Tío Cámpora. Ese día se colmaron los corazones y sueños de millones de trabajadores. Dejábamos de ser proscriptos y perseguidos para regresar llenos de sueños de emancipación. Ese día festejábamos la formidable epopeya de un pueblo que soportó con estoicismo dieciocho años de lucha. Fueron años de sacrificios y de lealtades. Hoy ratificamos el mismo camino. Lealtad al pueblo y los trabajadores con un solo objetivo: devolver la democracia al pueblo. Estamos en la calle otra vez forjando nuevas victorias, nuevos amaneceres. La Patria nos convoca a transformar el escepticismo, la resignación, el miedo en organización y lucha.

Atilio López

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