POPULISMO2

Análisis de la campaña electoral y de los primeros meses de gobierno macrista (2015 – 2016)

RESUMEN

Ernesto Laclau (2009) plantea que el régimen resultante de una ruptura populista puede volverse progresivamente más institucionalizado, de manera que la lógica diferencial comience a prevalecer nuevamente y la identidad popular equivalencial se convierta en un doble discurso inoperante que gobierne cada vez menos el funcionamiento efectivo de la política. Considerando la victoria electoral de Cambiemos como resultante de una ruptura populista, el objetivo de este trabajo es, luego de estudiar la constitución de la cadena equivalencial “cambio”, analizar los primeros meses de gobierno macrista, desde la perspectiva del pensamiento político posfundacional (Marchart) y aplicando categorías laclauianas. Para ello, siguiendo un abordaje metodológico cualitativo, se identifican puntos de contacto entre una ruptura populista y la victoria electoral de Cambiemos en Argentina en 2015 y se analiza de qué manera el macrismo, una vez en el poder está o no respondiendo ante las demandas representadas por la cadena equivalencial “cambio”.

Introducción

En el año 2012 Ernesto Laclau, ante una pregunta en relación a la dicotomización del espacio social en Argentina, respondía “No creo que aún exista una sociedad definitivamente dicotómica en la Argentina, pero evidentemente estamos avanzando hacia eso” (Dolce, 2014: 224). Efectivamente Laclau estaba en lo cierto ya que en los años siguientes se llevó a cabo una progresiva dicotomización del espacio social que en vísperas de las elecciones presidenciales de 2015 mostró una neta división del espacio social en dos campos. En este clima consideramos que se llevó a cabo una ruptura populista que posibilitó la victoria de la coalición electoral “Cambiemos” en las elecciones presidenciales.

Es este artículo un aporte al estudio del contexto político actual argentino ya que presenta un análisis en clave posfundacional de la victoria electoral del macrismo en 2015 y sus primeros meses de gobierno y a su vez compara este caso con la tercera presidencia de Perón planteando una gran cantidad de preguntas a futuro.

Como hemos mencionado, haremos el análisis desde la perspectiva del pensamiento político posfundacional y principalmente desde los aportes que realiza Laclau a ésta ya que, según Marchart, “la teoría de Laclau constituye una de las principales formulaciones de posfundacionalismo político y social” (Marchart, 2009: 199). A su vez utilizaremos sus principales categorías en relación a la constitución del pueblo, desarrolladas en La razón populista (2005) ya que las consideramos pertinentes para el análisis de los primeros meses de gobierno “Cambiemos”. Por otro lado y en relación al estudio de las demandas presentes en las primeras protestas en contra del kirchnerismo, consideramos vital el aporte de De Piero y Gradin (2015).

En relación al estudio de la ruptura populista que representó la victoria de Cambiemos, nos preguntamos ¿en qué medida ha sabido el macrismo articular una gran cantidad de demandas particulares en una cadena equivalencial? Y a su vez si el macrismo, ya en el poder, está siendo capaz de responder ante esas demandas o, en su defecto, está dando nuevamente espacio a la lógica de la diferencia.

El principal objetivo de este trabajo es entonces, desde los aportes de Laclau a la teoría política contemporánea, y siguiendo una metodología cualitativa, analizar los primeros meses de Cambiemos al frente del Poder Ejecutivo Nacional argentino. Para ello será necesario analizar de qué manera se ha logrado conformar una cadena equivalencial en torno a la demanda privilegiada identificada como “Cambio”, demostrar si en los primeros meses de gobierno el macrismo está siendo capaz de responder ante estas demandas y comparar estos primeros meses de gobierno con la tercera presidencia de Perón.

Para facilitar el análisis de los primeros meses del gobierno macrista, dividimos el trabajo en apartados. En el primer apartado haremos mención a los principios básicos del pensamiento político posfundacional y desarrollaremos las categorías incluidas por Ernesto Laclau que consideramos necesarias para el estudio de la cadena equivalencial “cambio” y los primeros meses del gobierno “Cambiemos”. En el segundo apartado analizaremos en el contexto pre-electoral la articulación de demandas particulares en una cadena equivalencial cuya demanda privilegiada es “Cambio”. El tercer apartado, lo dividiremos en dos subapartados; en el primer subapartado explicitaremos algunas de las medidas adoptadas por el gobierno macrista en los primeros seis meses y daremos cuenta en qué medida está respondiendo a las demandas; en el segundo subapartado haremos una comparación entre algunos aspectos de la conformación de la cadena “cambio” y los primeros meses de gobierno macrista con “El retorno de Perón” (Laclau, 2015: 266-274).

1. Ernesto Laclau y la constitución del pueblo.

Siguiendo a Oliver Marchart el pensamiento político posfundacional considera que no existe el fundamento último de lo social pero a su vez acepta la necesidad de un fundamento. En palabras de Marchart: “Lo que está en juego (entonces) en el posfundacionalismo político no es la imposibilidad de cualquier fundamento, sino la imposibilidad de un fundamento último” (Marchart, 2009: 204)
Es determinante en el pensamiento político posfundacional la diferencia política entre la política y lo político. Siguiendo a Laclau, en palabras de Marchart:

la política viene internamente dividida, por un lado, en una dimensión que pertenece internamente a lo social (“la política” como un subsistema social) y, por el otro, en una dimensión más fundamental o radical (“lo político”), que funda y refunda lo social desde fuera, o más bien desde un afuera básicamente imposible (Marchart, 2009: 180).

Un fundamental aporte de Laclau al pensamiento político posfundacional radica en el supuesto de la imposibilidad de la sociedad, considerando a la totalidad social como un objetivo inalcanzable. Entonces, la sociedad-como-totalidad es un objeto imposible y, a su vez, es esta imposibilidad la que funciona como condición de posibilidad de lo social.
En relación a la diferencia entre lo social y lo político,

Laclau propone, pues, pensar lo social como el terreno de las prácticas discursivas sedimentadas. Lo político, en cambio, se define como el momento de la institución de lo social y, asimismo, como el momento de la reactivación de la naturaleza contingente de cada institución (Marchart, 2009: 184-185).

Considerando imposible a la constitución completa de la sociedad, como entidad totalmente autosuficiente, cobra relevancia dentro de ésta el término de antagonismo el cual hace referencia a la división equivalencial de un campo discursivo en dos campos. Cada polo comparte únicamente la orientación común hacia lo que no es.

En relación a la lógica política de la significación, ésta se aplica a la construcción de todo sentido y no solo al político, esto significa que todo se construye políticamente, mediante la exclusión y la antagonización.

Recapitulando, el principal aporte de Laclau, aquello que lo vuelve un referente del pensamiento político posfundacional es que,

“si bien niega la posibilidad de un fundamento último, no cede a la tentación de suprimir la dimensión de los fundamentos en plural, ni el constante y siempre necesariamente parcial proceso de fundar (Marchart, 2009: 199).

Ya aclarados algunos supuestos básicos de la perspectiva del pensamiento político posfundacional, nos proponemos ahora adentrarnos en la obra de Ernesto Laclau y particularmente en La Razón Populista (2015), detallaremos a continuación los principales términos que hacen a la constitución del pueblo.

Ante todo, en la teoría de Laclau cobra suma relevancia la categoría del discurso. Según el autor toda la realidad es discursiva y “el discurso constituye el terreno primario de constitución de la objetividad como tal” (Laclau, 2009: 92); aquí cobra vital importancia el carácter relacional de éste ya que son las relaciones las que juegan un rol constitutivo.

En relación al populismo la demanda social representa la unidad mínima de análisis en una sociedad determinada. Estas demandas comienzan su proceso de articulación dependiendo de si son o no satisfechas. En un principio estas demandas son sólo peticiones y la cuestión comienza si no son satisfechas. Si no son satisfechas y esta situación permanece igual por un determinado tiempo estaremos, por un lado, frente a una acumulación de demandas insatisfechas y, por el otro, a una incapacidad del sistema institucional para responder ante ellas; esto establece entre ellas una relación equivalencial. A su vez, estas peticiones se van convirtiendo en reclamos. Entonces, estamos frente a la formación de una frontera interna antagónica que separa al pueblo del poder y a una articulación equivalencial de demandas que hace posible el surgimiento del pueblo. Por otro lado, estas diversas demandas se están unificando en un sistema estable de significación.

A esta altura estamos en condiciones de describir las dos formas de construcción de lo social: mediante la afirmación de la particularidad, unidas a las otras demandas sin términos positivos (lógica de la diferencia) o mediante una claudicación parcial de la particularidad, unidas por lo que tienen en común (lógica de la equivalencia). Estas dos lógicas son incompatibles entre sí pero, a su vez, se necesitan la una a la otra como condiciones necesarias para la construcción de lo social. “Lo social no es otra cosa que el locus de esta tensión insoluble” (Laclau, 2015: 107) y, como condición de la construcción del pueblo, es necesaria la expansión de la lógica de la diferencia a expensas de la lógica de la equivalencia

En relación a la representación de esta cadena equivalencial, una demanda particular debe asumir la representación de esta totalidad imposible. Esta es una demanda privilegiada, la cual sin renunciar a su particularidad, pasa a representar a la cadena equivalencial en su conjunto, Laclau considera en relación a la concepción del pueblo del populismo que éste se encuentra dividido en populus –la parte del pueblo que detenta la hegemonía, aspira a ser concebida como totalidad- y plebs –la parte que no detenta la hegemonía-. Entonces el pueblo está definido por la relación en tensión entre populus y plebs y, en relación al pueblo del populismo “necesitamos una plebs que reclame ser el único populus legítimo” (108).

Profundizando este aspecto nos encontramos frente a una división entre demandas sociales insatisfechas (plebs), por un lado, y un poder insensible a ellas, por el otro (populus).

En relación a la extensión de la cadena equivalencial lo que una cadena gana en extensividad, lo pierde en intensividad;

“cuánto más extendida es la cadena, menos ligados van a estar estos significantes a sus demandas particulares originales” (Laclau, 2015: 124).

Un último punto al que haré referencia es a la figura del líder el cual cumple dos funciones principales. Por un lado cumple con la función de nominación ya que será el nombre aquello que le dará unidad a la cadena equivalencial. Este nombre será significante de aquello heterogéneo y variable y

“va a ejercer una atracción irresistible sobre cualquier demanda vivida como insatisfecha” (Laclau, 2015: 140),

perdiendo así la capacidad de determinar cuáles demandas entran o no en ella.
La otra función que ejercerá el líder será la de ser soporte libidinal de afecto; una vez que esta entidad se convierta en objeto de una investidura radical, pertenecerá necesariamente al orden del afecto.

2. La constitución del pueblo del “cambio”

Siguiendo el análisis de Laclau, para 2012 no existía en Argentina una sociedad definitivamente dicotómica pero, sin embargo, todo indicaba que se estaba avanzando hacia eso. En septiembre de 2012 se abre en Argentina un ciclo de movilizaciones caracterizado por “la heterogeneidad de sus demandas, la ausencia de un interlocutor definido, la masividad de su concurrencia y la amplificación de sus reclamos por parte de los grandes medios de comunicación y buena parte de la oposición política” (De Piero y Gradin, 2015: 28). Entre las principales demandas encontramos: el cepo cambiario, la suba de la inflación, la corrupción y la inseguridad. Vemos que estas no tienen un sentido político unívoco y que, más allá de que el gobierno articuló algunas de estas, esto no se dio de manera en que los manifestantes esperaban. Fueron incorporadas ciertas demandas en la agenda de gobierno, pero redefinidas a través de sus propias orientaciones políticas.

En este contexto, empieza a consolidarse el partido PRO en vistas a las elecciones presidenciales de 2015 haciéndose eco “de lo que podríamos denominar el “espíritu de estos reclamos” más que de los reclamos en sí mismo” (De Piero y Gradin, 2015: 33) pero sin convertirse en una cadena equivalencial ni bajo un determinado liderazgo.

Hacia el final de su estudio, De Piero y Gradin consideran que este ciclo de protestas no se han traducido en la emergencia de un actor que impactara en el escenario político incluyendo el término “desorganización de la sociedad civil” para expresar “la dificultad de estos sectores por lograr encauzar sus demandas mediante algún tipo de organización social duradera” (De Piero y Gradin, 2015: 38). Es aquí donde debemos profundizar y continuar el análisis que hacen De Piero y Gradin con respecto a los reclamos de ciertos sectores ante el gobierno kirchnerista ya que este estudio culmina en la antesala de la campaña electoral y es en vistas a las elecciones presidenciales cuando, a nuestro entender, esta cantidad de demandas comienzan a articularse formando una cadena equivalencial denominada “cambio”.

Consideramos que en el clima preelectoral aun siguieron latentes estas demandas mencionadas anteriormente y fue entendida para la oposición política como una clara cuenta pendiente la articulación de estas y otras demandas dentro de una cadena equivalencial. Aquí cobra relevancia la función ejercida por la coalición Cambiemos en la campaña electoral que, ayudada por una fuerte operación mediática a su favor, pudo capitalizar esta cadena.

A la conformación de esta cadena equivalencial la podemos dividir en dos ramas, por un lado las demandas que ya estaban presentes y que en efecto fueron capitalizadas por la coalición de derecha Cambiemos y, por el otro, las demandas incorporadas a estas en plena campaña electoral. Consideramos que la mayor cantidad de las demandas ya presentes tenían sus orígenes en los sectores medios y altos. Estas son, eliminación del “cepo” cambiario, disminución de la inflación, corrupción, inseguridad, apertura a las importaciones, reducción de la presión impositiva, eliminación del narcotráfico, respeto por las instituciones democráticas, etc. Por el otro lado, la mayor cantidad de demandas incorporadas por el partido a su propuesta electoral en campaña (demandas democráticas que pasaron a pertenecer a la cadena equivalencial) las consideramos destinadas a atrapar principalmente los votos de los sectores bajos; las resumimos en pobreza cero, asignación universal para monotributistas, creación de puestos de trabajo, creación de Centros de Primera Infancia, educación inclusiva y de calidad, mejora de medios de transporte público urbano, entre otras.

Entonces, en el año previo a las elecciones nos encontramos frente a la progresiva articulación de demandas dentro de una cadena equivalencial. Cadena equivalencial cada vez más extendida y heterogénea y cuyos significantes cada vez están menos ligados a las demandas particulares originales. En palabras de Laclau,

la identidad popular se vuelve cada vez más plena desde un punto de vista extensivo, ya que representa una cadena siempre mayor de demandas; pero se vuelve intensivamente más pobre, porque debe despojarse de contenidos particulares a fin de abarcar demandas sociales que son totalmente heterogéneas entre sí (Laclau,2015: 125).

En este punto ya estamos en condiciones de incluir a la demanda privilegiada que en contexto electoral pasó a representar a toda esta cadena equivalencial en su conjunto. Esta demanda privilegiada la identificamos con el nombre de “cambio”, término que, a simple vista significa una mutación de orden establecido sin determinar ni cómo, ni por qué o en qué medida, en este momento particular en Argentina representa a la unión en una cadena equivalencial de todas las demandas arriba mencionadas. Esta demanda es caracterizada por su vaguedad e imprecisión y su significado es y será heterogéneo y fluctuante, adoptando las más variadas formas y pretendiendo responder a la casi totalidad de las demandas equivalenciales.

El nombre que adoptó esta demanda privilegiada (“Cambio”), cada vez más cercano a la elección fue ejerciendo una fuerte atracción sobre cualquier demanda insatisfecha, englobándolas a todas bajo esta misma cadena equivalencial pero a su vez siendo incapaz de determinar cuáles eran específicamente las que entraban dentro de ella. Esta función de nominación fue llevada a cabo por la figura del líder encarnada en Mauricio Macri y su partido. A su vez fue ocupando cada vez más la función de ser fuente de goce, de ser soporte libidinal de afecto, generando tanto amor como odio, por una u otra parte del pueblo.

Recapitulando entonces, encontramos de cara a la campaña presidencial argentina de 2015 una gran cantidad de demandas democráticas que se han logrado articular dentro de una cadena equivalencial. Entre estas demandas encontramos la eliminación del “cepo” cambiario, la disminución de la inflación, corrupción, inseguridad, apertura a las importaciones, reducción de la presión impositiva, eliminación del narcotráfico, entre otras. A estas demandas, una ha logrado sobreponerse y pasar a representar a toda la cadena equivalencial en su conjunto, la demanda “Cambio”, sostenida por la coalición electoral integrada por PRO, UCR y CC-ARI. Apoyada por una fuerte campaña electoral y un gran soporte mediático, esta demanda ha logrado sobreponerse por sobre el resto de demandas y pasar a representar a la totalidad de la cadena equivalencial. A su vez, y a medida que avanzaba la campaña electoral, se fueron incluyendo nuevas demandas (democráticas) a esta cadena equivalencial tales como pobreza cero, asignación universal para monotributistas, educación inclusiva y de calidad, desarrollo de regiones atrasadas como el Noroeste, entre otras, que pasaron a ser demandas populares.

Consideramos entonces que esta cadena equivalencial, representada por la demanda “Cambio”, impulsada por la coalición Cambiemos, logró articular de una manera sumamente débil una enorme cantidad de demandas. Por un lado, estamos frente a una acumulación de demandas insatisfechas y una incapacidad de absorberlas por parte del sistema. Por el otro, estamos frente a una cadena equivalencial extensa pero dentro de ésta, encontramos que la conexión de las demandas particulares es sumamente débil. Es el significante “Cambio” el que logra brindar homogeneidad equivalencial a esta realidad altamente heterogénea, sin determinar cuáles son las demandas que entran en ésta.

3.1. El “cambio” al poder

La coalición electoral Cambiemos, liderada por Mauricio Macri, alcanzó la presidencia imponiéndose en el balotaje sobre el candidato del Frente para la Victoria Daniel Scioli, marcando un claro avance de la derecha. Este hito marcó que la parte del pueblo menos privilegiada (plebs), aquella que no detenta la hegemonía, pasara a ocupar el lugar de populus, desplazando al anterior oficialismo a la posición de parte menos privilegiada y detentando, ahora sí, la hegemonía. A continuación haremos un resumen de las principales medidas tomadas durante los primeros seis meses de Cambiemos en relación a las demandas previamente mencionadas.

En los primeros meses de gobierno, las medidas tomadas estuvieron focalizadas principalmente en resolver con carácter de urgencia las demandas que estaban relacionadas con los sectores medios y altos. Entre ellas encontramos la eliminación de las retenciones, el fin del “cepo” cambiario, la eliminación de las Declaraciones Juradas de Necesidades de Importación, el pago a los fondos buitres, entre otras. Todas estas medidas fueron destinadas a satisfacer principalmente las demandas que los sectores medios y altos le hacían al gobierno anterior. A su vez, vemos otra batería de medidas que consideramos totalmente perjudiciales para los sectores bajos que englobaremos en un gran aumento en las tarifas de los servicios, una gran cantidad de despidos tanto en el sector público como en el sector privado, y acompañado todo esto por una inflación que en cambio de disminuir, aumentó en estos últimos meses por encima de cualquier pronóstico. En fin, toda esta batería de medidas representa una neta y clara transferencia de recursos desde los sectores bajos hacia los sectores altos.

Es en estos momentos en los que ya han sido tomadas una gran cantidad de decisiones en los que podemos comenzar a realizar nuestro análisis. Vemos que las demandas representadas en la cadena equivalencial “cambio” correspondían a intereses de sectores totalmente opuestos, cuyas demandas eran diversas e incompatibles y la satisfacción de algunas sería contraproducente ante la satisfacción de otras.

El único elemento que tenían en común era representado por el significante “cambio”, esto nos demuestra el éxito que tuvo este significante vacío con vistas a las elecciones ya logró representar a la cadena equivalencial en su totalidad. En campaña, con el fin de conformar una cadena equivalencial muy amplia, han sido propuestas medidas sumamente heterogéneas e incompatibles entre sí, pretendiendo satisfacer las demandas tanto de sectores altos como de sectores bajos a los ancho y a lo alto del país. En efecto, una vez tomadas las primeras medidas gubernamentales, vemos que principalmente algunas demandas focalizadas en satisfacer los intereses de los sectores altos son cumplidas, mientras que otras han traído como consecuencia mayor inflación, aumento en las tarifas, despidos, perjudicando a los sectores bajos y yendo en contra de otras demandas, generando un pesimismo en relación a las expectativas en vistas a los próximos meses.

Esta situación que marca una diferencia entre las propuestas de campaña y las medidas de gobierno determina que la cadena equivalencial Cambio se esté comenzando a romper y entonces la lógica de la diferencia comience a prevalecer nuevamente. La creciente asimetría entre demandas sociales concretas y el discurso equivalencial dominante está conduciendo, por un lado, a la represión de estas demandas y, por el otro, a la violenta imposición del discurso dominante. Para profundizar el análisis de esta situación, en el siguiente apartado compararemos esta experiencia con aquella desarrollada por Laclau en La Razón Populista (2015) en el apartado “El retorno de Perón” (Laclau, 2015: 266-274).

3.2. ¿Sobre los pasos del tercer peronismo?

El retorno de Perón a la Argentina es considerado por Laclau como una experiencia que muestra el fracaso en la construcción del pueblo. A continuación haremos mención a algunos aspectos de esta experiencia que consideramos de utilidad, para luego compararlos con el análisis de la situación en la Argentina actual.

El éxito de la conversión en significante unificador del campo popular de la demanda del regreso de Perón a la Argentina es, según Laclau fruto de varias condiciones, de las cuales nosotros haremos foco en una. Según Laclau, “las condiciones mismas de enunciación del discurso de Perón desde el exilio determinaron la naturaleza peculiar de su éxito” (Laclau, 2015: 268). Debido a ciertas condiciones que impedían la comunicación fluida entre Perón y sus seguidores, ésta se llevó a cabo de manera clandestina, por ende los contenidos del mensaje de Perón adquirieron una multiplicidad de sentidos y se tornaron sumamente imprecisos. En este contexto la cadena equivalencial representada por la demanda “el regreso de Perón” representaba demandas que no tenían ninguna coincidencia. Aquí estamos frente a un significante completamente vacío, cuya respectiva unidad del pueblo es extremadamente frágil.

Una vez que Perón tomó el cargo de presidente de la República se pusieron de manifiesto las diferencias insoslayables entre la burocracia sindical de derecha y la juventud peronista, sectores que, más allá de la identificación de Perón como líder, no tenían nada en común. Este proyecto de construcción del pueblo fracasó ya que la lógica de la diferencia superó con creces a la lógica equivalencial; fue éste un principal desencadenante de un proceso de rápida desinstitucionalización en el que entró el país.

En relación con la situación actual de la Argentina encontramos varias coincidencias en la construcción de los significantes “retorno de Perón” y “cambio”. En ambos casos estamos frente a un significante sumamente vago e impreciso y que representa intereses heterogéneos y fluctuantes, sus demandas no tienen coincidencia alguna; mientras que, algunas demandas representan los intereses de los sectores altos (eliminación del “cepo” cambiario, la disminución de la inflación, corrupción, inseguridad, apertura a las importaciones, etc.), otras representan los intereses de los sectores bajos (pobreza cero, asignación universal para monotributistas, creación de puestos de trabajo, etc.).

En ambos casos estamos en un punto muy extremo de la relación entre lógica equivalencial y lógica diferencial y un pueblo constituido de manera sumamente frágil, alrededor de un significante extremadamente vago e impreciso. En el caso del tercer peronismo la prevalencia de la lógica diferencial por sobre la lógica equivalencial posibilitó la desintegración del pueblo. La pregunta que nos hacemos es referida a si el pueblo conformado luego de las elecciones presidenciales de 2015, cuyo populus es representado por el oficialismo, en el cual la lógica de la diferencia está prevaleciendo cada vez más, podrá o no inscribir estas diferencias dentro de una cadena equivalencial ya que siguiendo a Laclau,

“la perpetuación de un orden amenazado no puede seguir dependiendo de una lógica puramente diferencial” (Laclau, 2015: 154).

El devenir de este contexto social (y la respuesta a esta pregunta) es sumamente incierto, ya que “la disolución de las marcas de la certeza quita al juego político todo tipo de terreno apriorístico sobre el que asentarse, pero, por eso mismo, crean la posibilidad política de redefinir constantemente ese terreno” (Laclau, 2015: 276); por eso mismo no podemos dejar de prestarle atención, ninguna experiencia ha seguido ni seguirá los pasos de una anterior.

Reflexiones finales

A lo largo de este artículo hemos analizado al macrismo considerándolo una variación populista. Hemos demostrado la vigencia y la validez de las categorías populistas laclauianas y de los principios del pensamiento político posfundacional siendo totalmente apropiados para el análisis de la situación social y política en la Argentina actual.
A su vez hemos analizado cómo la coalición Cambiemos se ha apropiado de una cadena equivalencial ya presente en el contexto preelectoral colocando a la demanda “cambio” en la posición de representante de toda la cadena. Durante la campaña electoral ha logrado articular a esta cadena una serie de demandas democráticas conformando una cadena equivalencial sumamente frágil y heterogénea, cadena rica en extensividad pero pobre en intensividad. De cara a las elecciones presidenciales esta fórmula ha sabido articular demandas con mucho éxito ya que le posibilitó a la coalición Cambiemos alcanzar la Presidencia.

Una vez en la presidencia el macrismo, en relación a las demandas articuladas bajo la cadena “cambio”, ha respondido a una parte de estas, favoreciendo de manera exclusiva a los sectores altos y en referencia a los sectores bajos, no ha sabido articular sus demandas sino que ha tomado medidas que han ido en contra de estos sectores.
Estamos frente a un contexto en el que la lógica de la diferencia está prevaleciendo por sobre la lógica de la equivalencia. Las demandas pertenecientes a la cadena “Cambio” no tienen coincidencia alguna y, a su vez, representan intereses totalmente opuestos, la satisfacción de algunas conducirá a la insatisfacción de otras.

En el caso del tercer peronismo una situación similar condujo a un proceso de rápida desinstitucionalización del país. Consideramos sumamente lejano un devenir similar ni tampoco pretendemos elaborar un pronóstico, sí en cambio consideramos pertinente (y en crítica a los gobiernos anteriores) tener en cuenta que este avance de la derecha ha sido favorecido por procesos redistributivos llevados a cabo durante los años anteriores por gobiernos progresistas y ahora ciertos sectores que están conformando una nueva clase media han visto ampliada su capacidad de consumo y sus derechos pero no el sentido común, en palabras de García Linera:

“Habremos creado una nueva clase media, con capacidad de consumo, con capacidad de satisfacción, pero portadora del viejo sentido común conservador” (García Linera, 2016).

En fin, hemos analizado de qué manera una coalición de derecha ha podido articular exitosamente (en relación a las elecciones) una gran cantidad de demandas conformando una cadena equivalencial sumamente extensa y, a su vez, extremadamente frágil. Este éxito que han alcanzado de cara a las elecciones está mostrando sus primeras grietas debido a la débil conexión entre las demandas que la cadena representaba. Será cuestión de tiempo saber si se optará, por parte del gobierno, por comenzar a articular todas las demandas representadas en la cadena equivalencial “cambio” o si efectivamente estaremos frente a la desintegración del pueblo constituido por la misma debido a la incapacidad de articularlas.

Equipo Cabecitas

Referencias Bibliográficas

De Piero, S y Gradin, A (2015). “La sociedad civil ‘desorganizada’…”. Revista Estado y Políticas Públicas. 5, 19-39.

Dolce, G (2014). “Entrevista a Ernesto Laclau”. Revista Estado y Políticas Públicas. 3, 222-225.

García Linera, A. Disertación de Álvaro García Linera en Sociales. 2016 [en línea]. [consulta: 16 de junio 2016].

Laclau, E. (2015). La razón populista. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Marchart, O. (2009). El pensamiento político posfundacional. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

 

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