La Plaza del 24

Memoria, Verdad y Justicia son palabras que designan el modo en que se organizan nuevas formas de decir en torno a los Derechos Humanos en nuestro país. En agosto de 2002 el Congreso Nacional promulgó y sancionó la ley que instituyó el 24 de marzo como el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, sin darle la categoría de día no laborable. Tres años después, se impulsó desde el poder ejecutivo que la fecha se convirtiera en día no laborable dándole así un estatuto diferente en pos de introducir el tema en los diversos espacios de construcción social; de esta manera, en el año 2006 es incorporado el 24 de marzo en el calendario de feriados nacionales ininamovibles, en serie con otras fechas que tienen el indiscutible valor de haber signado los acontecimientos más importantes de la historia.

La acción política se organiza en espacios concretos en constante disputa. Paredes, calles y plazas, son escenarios privilegiados donde se plasma la acción colectiva, que como testigos de la historia guardan las marcas de las luchas, de los derechos ganados y representan una conquista de la memoria. Como lugares de acción y de enunciación, contienen el despliegue de las demandas populares, y se convierten en campos de legitimación política cuando se conjuga la fuerza electoral con la fuerza de la calle, en una irrupción que no sólo es física, sino ideológica y conceptual. Las presencias de los hombres y mujeres que, como sujetos políticos, deciden ser protagonistas y partícipes activos de la acción colectiva, organizan el sedimento y la transmisión de legados, mensajes e ideas que producen efectos de sentido en el imaginario social y dejan en la memoria las huellas de una escritura de la historia hecha por los pueblos.

La Plaza de Mayo, símbolo histórico del intercambio entre el Estado y el Pueblo, ha sido un reflejo de los distintos momentos políticos y caja de resonancia de las grandes manifestaciones populares del país. En las últimas cuatro décadas ha adquirido una significación particular por ser el escenario de la reacción popular más importante y consecuente de la que se tenga registro, siendo el pivote del ideario de lucha por los Derechos Humanos en la Argentina. El inicio de la Dictadura Cívico-Militar de 1976 marca un quiebre en nuestra historia y a partir de entonces otro será el relato sobre nuestro país. Los espacios públicos no estuvieron ajenos a la represión sistemática, a las desapariciones y a la censura, y en su relación de proximidad con los cuerpos, comenzaron a ser ordenados de un modo tal que el control para lograr el disciplinamiento social se convirtió en una situación cotidiana y permanente. La Plaza como muestra de lo que vendría, tampoco estuvo exenta de ello. A partir de la noche del 24 de marzo del 76 el espacio público donde tantas manifestaciones populares tuvieron lugar, se convirtió en un lugar desolado y sin vida. La noche de ese nefasto 24 mostró una Casa Rosada y una ciudad con poca luz. La plaza estaba vacía, reinó el silencio y el orden que parecían ser las condiciones de posibilidad y el anuncio de las políticas de anulación y de eliminación política de aquellos que la ocuparon en sus luchas. Ya no se podían ocupar los espacios públicos, que comenzaron a quedar deshabitados, la calle empezaba a transformarse en un espacio de máximo control y temor. No estaba permitido reunirse y la prohibición ocupó un lugar determinante en la construcción de la cotidianeidad. Comenzaría de manos de la dictadura genocida el intento más acabado de destrucción de la trama social bajo la forma de un accionar cruel, que como política de Estado no tendría precedentes y marcaría un antes y un después en la historia. La dictadura atacó las organizaciones gremiales, prohibió toda forma de protesta, intervino la CGT, eliminó el derecho a huelga, persiguió a los dirigentes sindicales, y desarrolló acciones de control y disciplinamiento social, siendo el secuestro y la tortura las formas de construcción del terror, que se palpaba en las calles, en las escuelas, en las fábricas, en los relatos, en los rostros. El disciplinamiento necesitó de un discurso que ofreciera tranquilidad, así fue que los diarios no hablaban de Golpe ni de Dictadura, esas palabras no resultaban convenientes para implementar el modelo de destrucción de las ideologías que estaba en curso. La Presidenta se iba la noche del 23 de Marzo de la Casa de Gobierno en un helicóptero que la llevaría arrestada al sur del país. A la una de la mañana, unos pocos fotógrafos circulaban por la Plaza, un teniente se acercó a éstos y les dijo: “Señores periodistas, acá hay una línea imaginaria, de acá para atrás los señores periodistas, de acá para allá el Ejército Argentino, ¿comprendido?”. La Plaza ya no era del Pueblo. La cultura autoritaria se impuso y desplegó un modelo de debilitamiento de los sistemas discursivos e ideológicos en pos de implementar una política de muerte y destrucción.

Un año después el dolor comenzó a transformarse en movimiento, en un camino de construcción que tendría límites incalculables. Las Madres de la Plaza se reúnen por primera vez el 30 de abril de 1977. Comienzan sus encuentros unidas en la búsqueda de sus hijos, en un intento de hacer escuchar sus voces y produciendo una molestia al poder al hacer visible lo que la dictadura ocultaba bajo una forma discursiva absolutamente perversa. Comenzaron a marchar alrededor de la Pirámide de Mayo, símbolo de la libertad, a partir de la imposibilidad que había de reunirse y manifestarse en el espacio público, así fue que un policía les ordenó que circularan y ellas transformaron esa orden en un imperativo de lucha, sin claudicar, sin negociar, sin perdonar, sin bajar la cabeza. Principal símbolo de la resistencia a la dictadura cívico-militar, las madres habitaron la Plaza con sus cuerpos y marcaron el inicio de un movimiento heroico de resistencia político que logró resignificar el dolor y transformarlo en una lucha colectiva. Las rondas se iniciaron y nunca se detuvieron, ellas trazaron un camino que no se detiene y que cada jueves se renueva con compromiso inclaudicable.

Con las Madres allí, la Plaza continuó siendo el escenario en esa terrible noche oscura, de reclamos no escuchados, avances representados por el valor mismo de la lucha y terribles retrocesos. La Guerra de Malvinas también tuvo su lugar en la Plaza: la dictadura genocida considerando un histórico reclamo sobre la soberanía de las islas, pretendió relegitimar su poder, así fue que en el mismo escenario en el que dos días antes había sido violentamente reprimida una manifestación convocada por la CGT, tuvo lugar una imponente y espontánea movilización popular de apoyo a la acción de la dictadura.

La democracia trajo nuevos aires, los primeros lábiles pasos en la construcción de la verdad y la justicia, en un contexto complejo que mostraba a los genocidas caminando por las calles con total impunidad. La Plaza de Mayo de Semana Santa, contra los Carapintadas, fue la respuesta popular a la demanda de un grupo de militares que exigían un cambio en la política militar y de Derechos Humanos; con una presencia multitudinaria del pueblo, que se movilizó en apoyo al gobierno democrático y en defensa del orden constitucional, esa convocatoria resultó un lugar de decepción. La sanción de la Ley de Obediencia Debida, que se sumaba a la de Punto Final de unos meses antes, fue hija del Pacto de Semana Santa y garantizaba la impunidad por los crímenes cometidos por los represores para los rangos medios e inferiores, iniciándose a partir de allí una etapa de desprocesamientos. Esto fue un duro golpe, la plaza para muchos, fue ese día, símbolo de la decepción. Este retroceso jurídico resultó en una respuesta popular: miles de personas se manifestaron en contra de la ley, convirtiéndose esta protesta en la expresión multitudinaria más importante desde que se había iniciado la democracia.

Comenzó así un ciclo siniestro de impunidad que seguiría con los Indultos, que beneficiaban a los jefes militares procesados que no habían sido favorecidos por las leyes anteriores. Este hecho convocaría a una respuesta popular que aunque era invisibilizada o disimulada por los medios, tomaba cada vez una forma más organizada. Un inmenso “No” de más de 200.000 voces circuló por las calles como rechazo a semejante decisión. El perdón por decreto abrió las celdas pero no borró la memoria ni el camino hacia la verdad y la justicia. Madres, Abuelas, H.I.J.O.S. y demás organismos de Derechos Humanos continuaron en una construcción que tomaría un alcance inédito, tanto en nuestro país como por su trascendencia en el exterior, no sólo por los logros alcanzados, sino también por la tenacidad en las luchas y por las formas en las que se desarrollaron.

A partir del 25 de marzo de 2003 se anuncia un nuevo rumbo. Néstor Kirchner llegó a la presidencia afirmando que no dejaría sus convicciones en la puerta de la Casa Rosada; sus primeros pasos en el gobierno parecían confirmarlo y en el transcurso del tiempo fue desplegando sus decisiones políticas que mostraban de qué manera esa afirmación se hacía realidad, cumpliendo en una proporción más amplia de lo esperable su compromiso, teniendo en cuenta la larga lista de defraudaciones a la expectativa popular que había signado la historia argentina. No abandonó sus ideales y dejó muy claro que los suyos eran los mismos que los de sus compañeros desaparecidos. Reafirmó su postura incluso en escenarios internacionales como Naciones Unidas, nombrándose y nombrándonos como “Hijos de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo”, en una apelación al pueblo en pos de construir desde su lugar de poder, nuevas significaciones, nuevas lecturas y una nueva conciencia política.

Muchos fueron los momentos que marcaron este recorrido y, como actos de demostración política, reflejaron la firme decisión de no ceder en estos temas, posición que necesitó reafirmarse con fuertes intervenciones incluso hacia el interior mismo de las fuerzas del poder. Así fue que luego de intensos debates el Congreso Nacional declaró la nulidad de las leyes de impunidad promoviendo la reanudación de los juicios contra los represores. Las Madres de Plaza de Mayo fueron por primera vez abrazadas y reconocidas en nombre del Estado Nacional. Se recuperó la ESMA para transformarla en un espacio de Memoria y en un lugar del pueblo, el 24 de marzo de 2004 fue el primer acto oficial en el que se recordó el inicio de la sangrienta dictadura y el presidente realizó un pedido de perdón en nombre del Estado Argentino. El mismo día Néstor Kirchner como actor principal de aquél famoso acto en el Colegio Militar en el que descuelga los cuadros de dos genocidas, en una expresión performativa de una sola palabra – “Proceda” – no sólo da una orden como Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, sino que expresa el deseo, la decisión y el compromiso de cambiar definitivamente algo. Estos actos han sido el sostén simbólico de otras medidas de reparación que tendrían continuidad y marcarían la emergencia de un nuevo tiempo histórico.

El camino hacia la Memoria, la Verdad y la Justicia fue el resultado de una lucha que tuvo variadas facetas y diversos momentos, que confluyeron en una firme construcción de nuevas significaciones a partir de la decisión política de introducir el pasado en pos de establecer una transformación activa del presente. Cuando hablamos de memoria, es el pasado ausente del presente lo que debemos considerar, porque es allí donde se encuentra la voz de los que resistieron; lo que se recupera como recuerdo se transforma en un acto de justicia, por eso el olvido es homologable a la injusticia y la transmisión resulta una exigencia ética y un hecho político. Néstor y Cristina, con sus palabras y desde sus lugares, se hicieron cargo de recuperar esos vacíos y jugaron su deseo de construir sobre la base de una memoria activa erigiéndose en artífices de aquellas voces que pretendieron silenciarse. Lograron articular una inmensa demanda postergada cimentándola en el valor del discurso, que junto con mecanismos de representación simbólica en su vínculo con lo afectivo, dieron lugar a la construcción política por excelencia: la construcción de un Pueblo, el Pueblo de los Derechos Humanos.

Nuestra Plaza de Mayo, como lugar de disputa, de intercambio, de lucha, ha sido y es testigo de la historia de hombres y mujeres que con sus cuerpos, sus palabras, sus ideas se reconocen como seres vinculados por una tarea histórica común. La Plaza del 24 de Marzo es el escenario que ha organizado el reconocimiento colectivo de las historias de los 30.000 compañeros detenidos-desaparecidos, y las infinitas presencias que la ocupan cada vez dan testimonio de la producción de sujetos políticos convocados desde una ética de la responsabilidad ligada a la tarea indeclinable de hacerse cargo de la pregunta por la dignidad humana.

Cada 24 de Marzo el pueblo se hace presente en las calles y en la Plaza, las siluetas de los 30.000 compañeros detenidos- desaparecidos seguirán ocupando las paredes, nos pondremos de pie con ellos y seguiremos caminando juntos defendiendo del atropello nuestros derechos. Nadie manchará, pisoteará, ni tapará los pañuelos de las Madres. Seguiremos recordando, seguiremos luchando, seguiremos construyendo, porque no hay decreto que borre la memoria, y porque no nos robaron ni nos robarán los sueños.

Alicia Eguren

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