30mar82

“Estas son las Veinte Verdades del Justicialismo Peronista. He querido reunirlas así para que cada uno de ustedes las grabe en sus mentes y sus corazones; para que las propalen como un mensaje de amor y justicia por todas partes; para que vivan felices según ellas y también para que mueran felices en su defensa si fuera necesario…”

Juan D. Perón, 17 de octubre de 1950

“No existe para el Peronismo más que una sola clase de hombres: los que trabajan” (Las Veinte Verdades Peronistas)

ANTES DE MALVINAS…

El 30 de marzo de 1982 el gremialismo nucleado en la CGT Brasil liderada por Saúl Ubaldini impulsó el paro y movilización de los trabajadores argentinos bajo la consigna “Paz, Pan y Trabajo”. Siete años de dura represión habían desarticulado al movimiento obrero. Miles de trabajadores, delegados, comisiones internas y dirigentes sindicales habían sido encarcelados, asesinados o desaparecidos. Por la magnitud del exterminio se puede afirmar que la dictadura genocida de 1976 se organizó con el claro objetivo de disciplinar a la sociedad argentina y escarmentar al movimiento obrero.

La evidencia histórica mostraba a la burguesía agraria, financiera e industrial argentina que la creciente lucha y radicalización de vastos sectores de la sociedad argentina tenían como sostén un experimentado y combativo movimiento obrero. Por lo tanto el cambio en el patrón de acumulación industrial de sustitución de importaciones por el de valorización financiera no podría realizarse sin quebrar la resistencia de los trabajadores. El resultado fue que 6 de cada diez desaparecidos eran activistas sindicales o delegados gremiales. Sobre ellos cayó todo el peso genocida del Terrorismo de Estado. Pero no solo había que hacer desaparecer a los trabajadores sindicalizados sino sobre todo las condiciones materiales que producían a los trabajadores: la industria.

En los primeros años de la dictadura cerraron más de 20.000 establecimientos industriales. Disminuyó la ocupación y se redujo el peso de la actividad manufacturera del 28 al 22%. La participación de los trabajadores en el PBI pasó de 44% en 1974 a un 19% en 1981.La industria dejó de ser el organizador de las relaciones sociales y económicas[1]. La magnitud de la regresión económica ensayada por la dictadura tuvo dimensiones de catástrofe.

Una nutrida serie de leyes dictadas por el Estado Terrorista de 1976 buscaron disciplinar al gremialismo. Suspendió el derecho de huelga (Ley 21.261), se prohibió la actividad gremial, es decir reuniones, asambleas, congresos y elecciones (Ley 21356), facultando al Ministerio de Trabajo para reemplazar a los dirigentes sindicales en los centros productivos. La Ley 21.263 del 24 de marzo de 1976 eliminó el fuero sindical; La Ley 21.259 del 24 de marzo de 1976, reimplantó la Ley de Residencia, en virtud de la cual todo extranjero sospechoso de atentar contra la “seguridad nacional” podía ser deportado, la Ley 21.400 del 9 de septiembre de 1976, denominada de “Seguridad industrial”, prohibió cualquier medida concertada de acción directa, trabajo a desgano, baja de la producción, entre otras. La Ley Sindical 22.105 sancionada el 15 de noviembre de 1979, derogó la de Asociaciones Profesionales 20.615 dictada por el gobierno constitucional. Una enorme batería de leyes destinadas a suprimir de raíz las practicas sindicales. Sin embargo, lentamente y con la experiencia de años de lucha, el movimiento obrero se repuso al cerco de terror construido y comenzó a reorganizarse.

Para evitar ser blanco de la represión los trabajadores elaboraron una serie de tácticas destinadas a organizar la protesta y lograr sus objetivos: el trabajo a reglamento, el trabajo a tristeza o el sabotaje fueron las formas que lentamente fueron instalando el clima de protesta frente a un poder genocida que o dudaba en castigar duramente a los trabajadores. A partir de 1979 la acumulación de tensiones y fuerzas se fue incrementando hasta alcanzar el nivel de “paro sorpresivo” con que algunos gremios iniciaban el conflicto y que contaba con la ventaja de hacerse en el lugar de trabajo y ser lo suficientemente rápido como para no dar margen de respuesta al régimen.

En vísperas de del 1° de mayo de 1979 algunos gremios convocaron al paro. El acatamiento fue dispar y muchos dirigentes fueron detenidos. El 22 de julio de 1981 la CGT Brasil convocó a un nuevo paro que tuvo fuerte incidencia en los gremios industriales y las manifestaciones que se hicieron fueron duramente reprimidas. El 7 de noviembre de ese mismo año fue convocada una movilización a la Iglesia de San Cayetano en el barrio de Liniers donde unas 10.000 personas marcharon pidiendo trabajo y también fue reprimida por la policía. En ese contexto represivo fueron los trabajadores los que hicieron también el mayor esfuerzo organizativo desafiando heroicamente el criminal aparato genocida de la dictadura. Un reconocimiento pocas veces hecho al movimiento obrero organizado que con su valentía peleaba para recuperar la democracia.

El 30 de marzo de 1982 en vísperas del desembarco de Malvinas los trabajadores volvieron a la calle. Desde horas tempranas el centro porteño amaneció poblado de soldados con armas largas, carros de asalto, carros hidrantes y policía montada. La columna sindical que intentaba llegar a Plaza de Mayo fue duramente golpeada, dirigentes y manifestantes encarcelados. En Mendoza fueron los enfrentamientos más graves. Hubo 2500 detenidos y fue asesinado el militante textil José Benedicto Ortiz. El principal dirigente obrero Saúl Ubaldini fue detenido junto a otros miembros de la comisión directiva. También fueron detenidos el Premio Nobel de la Paz Adolfo Perez Esquivel junto a Madres de Plaza de Mayo.

La trascendente jornada de lucha fue opacada por el desembarco argentino en Malvinas y el repentino cambio a un escenario político y militar inédito: la guerra en el extremo sur de nuestro país. Sin embargo es necesario recuperar históricamente la lucha de los trabajadores y de sus dirigentes, que en momentos de tanta gravedad afrontaron con sacrificio y valentía la enorme tarea de desalojar del gobierno a la sangrienta dictadura militar. La democracia tiene deudas con los trabajadores y esta es una de ellas.  Pocas veces se reconoció el esfuerzo de los trabajadores en la recuperación de las instituciones democráticas, en la defensa de los derechos sociales y en la construcción de soberanía nacional. Es imposible pensar la historia argentina sin la lucha de los trabajadores. En su historia hecha de sangre y sacrificio se pueden encontrar las claves para la política nacional. En su denodado esfuerzo en pos de construir una sociedad más justa y solidaria se puede rastrear las enormes resistencias que se han elevado para detenerla. No lo han hecho. No lo harán. Confiemos en el futuro. Confiemos en nuestra historia como trabajadores organizados.

Atilio López

 

Referencias

[1]http://www.comisionporlamemoria.org/investigacionyensenanza/dossiers/con%20issn/dossier14versionfinal.pdf

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