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El soldado no muere en el frente de batalla. Muere cuando su Patria lo olvida.

DARDO CABO

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Entre el 28 y 29 de septiembre de 1966 un grupo de jóvenes, de 18 a 31 años de edad, la mayoría de ellos trabajadores peronistas, decidió desviar un vuelo a Santa Cruz directamente a Malvinas. El secuestro armado del avión tenía como objeto hacer flamear en ese territorio siete banderas argentinas como forma de reclamar por el territorio ocupado por una potencia militar invasora. Entre los pasajeros rehenes del avión se encontraba el gobernador del Territorio Nacional de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, contraalmirante José María Guzmán y el director del Diario Crónica, Héctor Ricardo García. El líder del grupo era Dardo Cabo y la única mujer del operativo, María Cristina Verrier, años después mientras Cabo estaba detenido se convirtiría en su esposa.

Al aterrizar el avión los miembros del grupo desplegaron las banderas en los alrededores. Tomaron de rehenes al jefe de la policía local y al jefe de las tropas británicas allí apostadas. El lugar de aterrizaje fue nombrado como Puerto Rivero y pidieron que se radiara la siguiente proclama:

“Operativo Cóndor cumplido. Pasajeros, tripulantes y equipo sin novedad. Posición Puerto Rivero (Islas Malvinas), autoridades inglesas nos consideran detenidos. Jefe de Policía e infantería tomados como rehenes por nosotros hasta tanto el gobernador inglés anule detención y reconozca que estamos en territorio argentino”.

Luego de ser rodeados por la infantería real, policías y habitantes kelpers, e intimados a rendirse incondicionalmente, Dardo Cabo y su equipo entregaron las armas al comandante del avión al que reconocieron como autoridad argentina.

“Fui a Malvinas a reafirmar la soberanía nacional y quiero aclarar que en ningún momento me he entregado a las autoridades inglesas, sino que acepté el hospedaje de la Iglesia Católica ofrecido a través del arzobispo de las islas Malvinas; que me consideré detenido por la autoridad argentina que allí reconocí en el comandante de Aerolíneas, entregándole al gobernador de Tierra del Fuego e Islas Malvinas, Sr. Almirante Guzmán, las banderas argentinas que flamearon en tierra malvineña durante 36 horas”. (Testimonio de Dardo Cabo)

Dardo Cabo estuvo detenido tres años por este hecho y luego se convirtió en dirigente de la agrupación Descamisados  fusionada en Montoneros. En 1977 cuando estaba detenido nuevamente en la Unidad N°9 de La Plata fue fusilado junto a otros detenidos en un simulacro de fuga cuando eran trasladados al penal de Sierra Chica.

LA INVASIÓN

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El 2 de abril de 1982 el experimento del Proceso de Reorganización Nacional estaba económica y políticamente exhausto. Responsables de miles asesinatos y desapariciones, las FF.AA argentinas se encontraban aisladas mundialmente. La economía que dejaba la experiencia castrense tenía una inflación descontrolada, la deuda externa  364% mayor y el nuevo modo de acumulación basado en la valorización financiera había hundido a la industria nacional. En un clima de creciente hostilidad social, la invasión de Malvinas fue precedida por el paro y movilización de la CGT del 30 de marzo de 1982 (ver nota: 30 de Marzo de 1982: la lucha invisivilizada) que terminó con ciento de heridos, miles de detenidos y un militante sindical muerto por la brutal represión.

En ese contexto, la mañana del 2 de abril de 1982, tropas del Ejército, Marina y Fuerza Aérea anexionaron Malvinas al territorio nacional. La noticia de la invasión conmocionó al país. Los mismos responsables de la mayor matanza del siglo, que habían sembrado de campos de concentración y horror el país, se apropiaban de la causa nacional Malvinas. Los genocidas que condujeron esta guerra insensata, lo hicieron con el mismo desprecio por la vida con que condujeron el Terrorismo de Estado. Fue tal el grado de improvisación que el informe de la “Comisión Nacional de Evaluación de las Responsabilidades del Conflicto del Atlántico Sur” conocido como Informe Rattenbach[1], silenciado como documento secreto afirma, en el mencionado documento la responsabilidad de la Junta Militar de

“[…] conducir a las FF.AA como consecuencia de un planeamiento improvisado, incompleto y apresurado, a un enfrentamiento para el cual no se hallaban preparadas, ni equipadas, contribuyendo con ello a la derrota militar” (folio 241).

Sin embargo como siempre ocurre en estos casos la improvisación y la desorganización fueron suplidas por enormes cuotas de heroísmo de parte de numerosos combatientes que lograron infligir graves pérdidas al invasor. La causa Malvinas trasciende lo estrictamente coyuntural. Existe una construcción política que realizaron los centuriones de la época donde intuían que la plena soberanía territorial subsumía la otra soberanía: la popular. No puede haber soberanía territorial sin plena soberanía popular. Conculcar una implica anular la otra.

Esta lección histórica, que incluso desconoce las más elementales nociones militares decimonónicas, impugna a la dictadura genocida como actor político de la Guerra de Malvinas. El Ejército Napoleónico peleaba con un fervor y pasión desconocido para la época. ¿La causa? La participación masiva de ciudadanos que constituyen el nuevo concepto de Nación en Armas en reemplazo de los Ejércitos del Antiguo Régimen que transformaron la Guerras limitadas en Guerras Totales. La Guerra como el máximo grado de enfrentamiento político fue sobrellevada en el territorio por los combatientes que lucharon en condiciones durísimas y en circunstancias absolutamente adversas.

LA DERROTA [2]

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La capitulación del General Mario B. Menéndez enviado allí como gobernador tuvo el doble impacto de exponer a los mandos militares como incompetentes incluso en los temas relacionados con su formación. A la desatinada opinión de la Primera Ministra Margaret Thatcher sobre que “la democracia argentina fue lograda por los soldados británicos” debe atribuirse desconocimiento o mala fe pues hasta el momento de la guerra los trabajadores argentinos tenían acorralado al gobierno. La firma de la rendición argentina en Puerto Argentino desencadenó la crisis política y la necesidad de la Junta Militar de llamar a elecciones en forma apresurada.

El saldo de la experiencia militar fue desolador. Pero el silencio sobre los combatientes tuvo el doble efecto de acentuar los efectos de la derrota. En ese sentido en el informe Rattenbach se mencionan las graves fallas de todo tipo en que incurrieron los mandos militares aunque destaquen el “valor e hidalguía de los combatientes”.

La Guerra de Malvinas fue precedida por el valor y arrojo de un conjunto de trabajadores que decidieron reivindicar la soberanía nacional sobre el territorio ocupado militarmente por una potencia colonial y anacrónica como Reino Unido. Como cruel paradoja Dardo Cabo fue fusilado por esa dictadura que quiso apropiarse de la noble causa nacional, solo para escapar del implacable juicio de la historia que recordará a la dictadura genocida como una vulgar patota de asesinos y ladrones que ensangrentaron la nación. Para Dardo Cabo y los combatientes de Malvinas quedará el Honor y la Gloria. En esa conexión histórica y de circunstancias están presentes las múltiples contradicciones que aloja la causa Malvinas. Para los soldados que combatieron en el territorio malvinense la guerra presentó dos frentes: el militar que los llevaba a enfrentar al enemigo invasor colonial y el político interno que lo representaban los mismos genocidas que ensangrentaban la nación. El miserable oportunismo de los genocidas terminó en una ignominiosa derrota. Para nuestros gloriosos combatientes quedará el orgullo de haber cumplido con el deber de soldados al enfrentar al colonialismo y luego a la dictadura genocida que los quiso ocultar.

Atilio López

Referencias

[1] http://www.casarosada.gob.ar/pdf/InformeRattenbach/01-InformeFinal.pdf

[2] Foto Juventud Peronista luego de conocerse la derrota en Malvinas

 

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