1A

Un común denominador une las manifestaciones de las derechas en el mundo: el racismo, la xenofobia y un refractario conservadurismo impermeable al razonamiento político cuya construcción admite cierto patrón lógico en sus premisas. Las especificidades en cada territorio y nación permiten descargar las responsabilidades de la crisis, que envuelve a cada sociedad en la construcción de un enemigo portador de todos los atributos negativos. La respuesta invariablemente es la expiación del extranjero. Es un fenómeno que recorre el mundo. Las derechas compiten por ser cada vez más energúmenas. Es notable observar la emergencia de un nuevo apartheid universal sobre el extranjero que se exalta con las crisis y el desempleo que provoca el neoliberalismo con su tenaz y dogmática persistencia.

El extranjero no solo es el ciudadano de otra nacionalidad. Es el portador de esos atributos que cierto sector vociferante de la sociedad le atribuye. Es el pobre víctima de la miseria al que le endilgan vagancia porque nadie lo quiere emplear. Es el morocho, moreno, negro, el indio, el cholo, el villero, el cabecita, el distinto, el otro,  los eternos responsables de todo como decía Roque Dalton[1]

[…] los arrimados, los mendigos, los marihuaneros, los guanacos hijos de la gran puta, los que apenitas pudieron regresar, los que tuvieron un poco más de suerte, los eternos indocumentados, los hacelotodo, los vendelotodo, los comelotodo, los primeros en sacar el cuchillo, los tristes más tristes del mundo, mis compatriotas, mis hermanos.

La construcción del Universo Simbólico de la derecha argentina descansa esencialmente en las mismas premisas que el resto de las derechas en el mundo.  Xenofobia, racismo, crispación y odio que asumen la forma de exaltada indignación por lo que entienden la alteración de la normalidad democrática que solo asume el formato institucional republicano. Todo aquello que quede por fuera de la institucionalidad constituye una anomalía que interrumpe la normal  evolución de la administración republicana. En ese sentido, asumen como válidos el carácter restrictivo de la república ideada por Alberdi que prescribió una sociedad estamental donde una minoría se encargaba de los asuntos de gobierno y el resto de la sociedad acataba en silencio su destino ineluctable.

1A Cartel

Cuando denuncian que el problema de la sociedad es el peronismo impugnan la sociedad de masas que fundó al peronismo. La irrupción de ese gigantesco colectivo de trabajadores y trabajadoras que cambió el destino de la sociedad argentina en el siglo XX es la pesadilla recurrente de la burguesía argentina. Sobre ese hecho fundante y traumático, que trastocó el orden social, caen todas las impugnaciones. La frustración y el acendrado odio que provocó esa gigantesca irrupción popular, plebeya, criolla y masiva, está en la base de las descalificaciones y vituperios.

El perturbador espectáculo que producen millones de personas movilizadas, con consignas, discursos y claro repudio a las políticas de destrucción económica presentadas elegantemente como sinceramientos por la Alianza Cambiemos conmocionó a ese sector de la población que suponen que la legitimidad democrática no puede exceder más allá del ámbito legislativo o el judicial en el caso que lo amerite. El arrollador desborde de multitudes expresándose por fuera de los marcos institucionales es una clara y saludable costumbre de la sociedad argentina que dirime el conflicto social en las calles o plazas. La ilusoria pretensión que el conflicto social quede contenido en el ámbito legislativo no coloca a la democracia en peligro sino que la oxigena y fortalece pues el carácter contencioso de la acción colectiva quiebra precisamente ese mundo de hadas y duendes que habita los despachos oficiales.

Pasada la fracasada ofensiva del complejo mediático-judicial-servicios de inteligencia que intentó distraer a la sociedad argentina con causas que conducían a nada, quedo más expuesta que nunca la abrumadora realidad de una sociedad golpeada con saña revanchista por los ceos del ejecutivo nacional. La brutalidad y contundencia de los propios números indican que el pelotón de demolición que se presentó como economistas está dispuesto a hacer volar por los aires la economía argentina. La Alianza Unión Cívica Radical- PRO en poco más de un año elevó el nivel de endeudamiento de un 14% que registraba en diciembre de 2015 a 33%. Esa es la misma relación deuda/PBI que en el 2001. No hace falta agregar nada más a esa cifra.

Los testimonios que fueron registrados en la última movilización del llamado #1A de quienes apoyan al gobierno, indican con claridad que todos los proyectos autoritarios no solo han tenido consenso sino que poseen “base militante“. El festival de prejuicios denigrantes que se vuelcan sobre las masas (como decía Laclau) solo conectan con el odio visceral que produce la frustración de su propio proyecto autoritario de sociedad. El evidente fracaso de semejantes ideas solo puede habitar el cuerpo de muertos en vida que desvarían por ausencia o exceso de medicación.

1A Falcon

La evidente intoxicación de mentes y cuerpos enfermos de odio llevaron a la obscena aparición de otros zombis con uniforme militar parapetados en autos Ford Falcon. La imagen anacrónica y violenta solo expresa la impotencia por disputar aquello que se les ha arrebatado la historia brutal de los años 70 de los cuales fueron sino cómplices, activos simpatizantes.

La regresión política del gobierno ha permitido exhumar  estos cadáveres que balbucean y demandan “contar la historia completa”. Forma elegida para aludir y justificar la barbarie del Terrorismo de Estado. La historia completa está en los fallos y fundamentos que condenaron a los genocidas, no por presos políticos sino por torturadores, homicidas, violadores y ladrones. Nada de eso cambiará. La democracia ha recuperado desde hace años la posibilidad de debatir callejeramente la política. El regreso de algunos esperpentos no podrá detener el camino de la soberanía popular. A nosotros nos queda radicalizar la democracia, profundizarla, enriquecerla, para conjurar a los espantajos que intentan frenar las demandas populares, algo tan imposible como detener el tiempo.

 

Atilio López

 

Referencias

[1] Fragmento de “Poema de Amor” en Últimos Poemas.

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