“A Juana de Arco
la hicieron quemar
su cuerpo desnudo
no pudo escapar”

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Demasiada tristeza. Demasiado dolor. Una menos. Esta vez fue Micaela, su cuerpo no pudo escapar. Su asesinato se suma a la larga y escalofriante lista de femicidios en Argentina: uno cada 30 horas, cifra que ha ido en aumento en el último año. Aumento que no es casual sino solidario de políticas que crean las condiciones de posibilidad y son el resorte de estos comportamientos sociales, legitimando y naturalizando determinados discursos de desprecio sobre lo femenino.

Pero a la perplejidad del horror le debe seguir la acción. Desde el camino de la construcción colectiva y bajo el imperativo de seguir luchando: transformar las marcas de dolor escritas sobre nuestros cuerpos a través de los siglos en palabras liberadoras, que nos saquen del lugar de vulnerabilidad que la maquinaria de subjetivación excluyente, machista y misógina ha construido apropiándose de nosotras. Son dispositivos de disciplinamiento que tocan lo familiar, lo laboral, lo sexual, definiendo modos de hacer, de ser, de actuar, de vestir, de decir. Una maquinaria que valida una lógica donde hay dos, uno que se construye en agente de la barbarie y otra que es objeto de la crueldad y el horror; pero no son ellos, es una humanidad sojuzgada que embalsama un modelo donde se alienan los dos del par, aunque se mate a una. Muerte y crimen. Ella ya no está y él se constituye como culpable gracias a la lógica del castigo. Una estructura de discriminación histórica que es el resorte del horror.

A pesar de la angustia, el dolor y el espanto que producen estos terribles tropiezos con los que cada día nos encontramos en la lucha por “Ni una menos”, nos sobra valentía, la historia es más que elocuente. Recorrimos caminos enfrentando el poder de sociedades patriarcales, machistas y misóginas que impusieron mecanismos de destrato, maltrato, indiferencia, exclusión y violencia bajo una forma sutil de ejercicio del poder o bajo un modo más ruidoso y criminal, pero siempre reproduciendo una lógica secular de persecución, segregación y castigo.

Es con la valentía desplegada en las luchas y desde la acción política que debemos continuar nuestro camino como protagonistas en la construcción y el advenimiento de un nuevo sujeto histórico Mujer, quebrando una estructura simbólica milenaria de asignación de roles y un orden dominante, que definen lo femenino como el lugar donde se deposita la peor parte de una dialéctica criminal de disciplinamiento, segregación y muerte.

 

Alicia Eguren

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