“Su espíritu sigue impulsando

A este Pueblo crucificado

El pueblo libre será posible

Muchos testigos hoy nos lo dicen

Angelelli, Oscar Romero, Carlos Mugica,

Mil compañeros

Su sangre canta en nuestras cuerdas

Este es el tiempo del hombre nuevo”

La mayoría de las veces pienso en Jesús y en los mártires de nuestra Iglesia como personas que dieron su vida, pero no por la muerte en sí, sino por todos los días de sus vidas entregados al trabajo por la construcción del reino de los cielos.

Mucho se habló del Pesaj para pensar sobre la Pascua de este año, reflexionando sobre el paso de la esclavitud a la liberación. Todo cristiano tuvo ese momento en que contestó que sí a la propuesta liberadora del Evangelio. Hasta Jesús, a los 30 años, o Carlos Mugica, después del golpe del 55. Decir que sí a liberarnos, colectivamente.

Moisés no se escapó solo de Egipto, sino junto a su pueblo. Jesús no quiso predicar solo, eligió a sus discípulos y discípulas para que lo acompañen. Los laicos, los sacerdotes y las religiosas elegimos estar en comunidad, en eclesia, en asamblea.

Es decir, la muerte es un hecho fundamental. Cuando decimos que sí, aceptamos la posibilidad de la muerte ya que el cristianismo es esencialmente subversivo, revolucionario. Jesús vino a cambiar las cosas, no a dejarlas como estaban. Sabemos que está la posibilidad, pero mientras tanto dedicamos todos los días de nuestra vida, desde ese momento que dijimos que sí, a construir un mundo más justo y libre, donde entremos todos y todas.

Creemos en este Dios, valiente y liberador. Así lo hizo Jesús y lo mataron. Pero resucitó, y esa es la promesa. Después de mucho trabajo viene la paz, en comunidad.

Juana

Esta nota forma parte de Comunidad Cabecitas

Anuncios