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Hace 14 años en nuestro país era domingo, el día era perfectamente otoñal, en la calle había cierto silencio, pero mucho movimiento. Las escuelas estaban abiertas, y a ellas se acercaban todos los ciudadanos mayores de 18 años habilitados para votar. Sí, hace 14 años nuestro país votaba, elegía presidente después de una de la mayor crisis institucional, política, económica y social de nuestra historia. Íbamos a las urnas después del “que se vayan todos”, de Maxi y Darío, de 5 presidentes. Y el resultado fue ballotage, ballotage entre dos peronistas, uno ex presidente de la Nación, importador de las mejores recetas neoliberales y mejor alumno del Fondo Monetario Internacional; el otro gobernador de la provincia de Santa Cruz, conocido en la Capital Federal por sus participaciones en algunos medios de comunicación, pero fundamentalmente por ser el candidato del presidente en ejercicio elegido por la asamblea legislativa el 2 de enero del 2002.

Ese día se jugaban muchas cosas, teníamos dos opciones, salir adelante y recuperarnos como país o seguir viendo pasar presidentes. Así dicho parece muy fácil, una u  otra, pero en política las consecuencias siempre son producto de decisiones y esas decisiones siempre son producto de construcciones. Unos días después, una de las formulas electas para el ballotage daba un paso al costado, siendo vencedor de las elecciones de abril por un 22% de los votos la formula “Kirchner-Scioli”. Y la opción elegida fue la de la recuperación, llevada adelante por la decisión y la construcción.  Volviendo hablar desde la casa rosada al pueblo de soberanía, justicia social, independencia económica; volviendo hablar desde el Estado de temas que habían sido tapados; volviendo a invitar a la participación política a generaciones que habían sido desplazadas, a generaciones que apenas empezaban a tener noción de la vida en sociedad. Poniendo sobre la mesa discusiones incómodas, generando incomodidad para poder resolverlas, poniendo a la política como centro de la solución y como principal herramienta de transformación, mostrando a la organización como principal ejecutor de esa transformación; generando unidad traspasando fronteras, poniendo a nuestra bandera en lo más alto, diciéndole a la sociedad que se comprendía el momento histórico y coyuntural y que había decisión política.

9 años después, 27 de abril, estadio José Amalfitani, la consigna “Unidos y organizados” convocaba, producto de ese 27 de abril del 2003. Convocaba a jóvenes, a los que daban sus primeros pasos en la militancia; convocaba a no tan jóvenes, quienes habían vuelto a encontrar un espacio representativo, que acompañaban a esos mismos jóvenes; convocaba a adherentes que iban a escuchar a la Presidenta de la Nación; convocaba al movimiento obrero organizado. Unidos y Organizados, esa fue la consigna, que hoy 5 años después, tanto esa consigna como el discurso de la entonces presidenta de la Nación Cristina Fernández, merecen un análisis profundo, merecen ser tomados como base y punto de partida para muchos de los que participaron en ese acto, principalmente a las juventudes que hoy construyen y se forman para la vuelta del peronismo y la vuelta de nuestros valores como Pueblo en la casa de gobierno. Merece que el pueblo, que los trabajadores escuchen.

El hilo conductor de aquel discurso militante y presidencial fue la unidad, la unidad de las organizaciones, la unidad del partido, la unidad de los trabajadores. Porque como en política todas las decisiones son producto de construcciones, la construcción de la unidad del campo popular es la puerta de entrada y la base del bienestar social, de la justicia social, de la defensa de derechos, de la ponderación de medidas favorables a los más vulnerables. Esa es la unidad. La unidad no solo se plantea en términos electorales, claro que es necesaria, y el primer paso, pero la unidad de la que Perón hablaba, la unidad que fue construida desde un 22% de los votos y la unidad planteada de cara a la continuidad de gobiernos populares, soberanos y justos.

Es la unidad transformadora que va a llevar, como lo ha hecho en alguna oportunidad, a buscar y generar la felicidad del pueblo. Es hora de que quienes participamos de ese campo popular, de quienes asumen esa responsabilidad, llevemos a la acción las ideas, los discursos y principalmente la doctrina.  Porque una vez más en nuestra historia hubo días que fueron punto de inflexión y bisagra. Depende del pueblo tomar esos mensajes y hacerlos valer.

 

Julieta Lanteri

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