1978 - Madres de Plaza de Mayo

¿Cuándo se empieza a escribir una página en la historia? 
Ser contemporáneo a un proceso histórico dificulta el hecho de poder identificar si tal o cual suceso va a quedar marcado a fuego, in eternum en nuestros corazones, en nuestra memoria. Sin embargo, si nos detenemos con atención, hay particularidades que nos indican a ciencia cierta que algo se está gestando, que va a trascender, que una nueva página ha comenzado a ser escrita: Madres paridas por sus hijos, capaces de transformar el dolor en lucha. Madres que fueron catalogadas de locas, subestimadas en su marcha lenta, ignoradas en su lucha constante.
Conceptualmente, y desde una perspectiva cultural, una madre constituye un elemento en la crianza de los individuos. A lo largo de esa crianza, los individuos nos vamos formando, vamos aprendiendo, nos vamos mimetizando con esa madre que es nuestra principal referencia.
40 años, más de dos mil jueves pasaron de aquel 30 de abril de 1977. 40 años de amor, de lucha, de resistencia, de encuentros, desencuentros, tristezas y alegrías. 40 años de aprendizaje, generando conciencia colectiva. 40 años siendo el ejemplo en la lucha popular. 40 años caminando juntos.
Hace 40 años, les dijeron “Circulen”. Y ellas empezaron a caminar.

LA ESTATURA ÉTICA DE LAS MADRES FRENTE A LA BARBARIE

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Ejemplo de lucha inclaudicable, fundado en el amor, símbolo de resistencia y de construcción política, las Madres de Plaza de Mayo representan el paradigma de la valentía desplegada en la acción colectiva. Han quebrado el sentido de lo predecible en un camino de construcción que no tiene límites. La Plaza de Mayo, histórico espacio de intercambio entre el Estado y el Pueblo, y su Pirámide, símbolo de la libertad, han sido el escenario de la reacción popular más importante y consecuente de la que se tenga registro, siendo el pivote del ideario de lucha por los Derechos Humanos en la Argentina, trascendiendo con su legado nuestras propias fronteras. Ellas decidieron quebrar el orden y el silencio de la noche oscura de la dictadura con una valentía infinita, en momentos donde las acciones de control y disciplinamiento social necesitaban del silencio y las palabras no encontraban respuestas. En ese marco decidieron alzar sus voces, hacerse oír como  modo de quebrar la lógica que el poder asesino instalaba, planificando la anulación y la eliminación política de aquellos seres que ocuparon un lugar en las luchas populares.

El 30 de abril de 1977 a poco más de un año del inicio de la sangrienta Dictadura Cívico-Militar, 14 mujeres se reúnen frente a la Casa de Gobierno, dando inicio a un acontecimiento histórico de alcances impredecibles. Comienzan sus encuentros unidas en la búsqueda de sus amados hijos,  produciendo una molestia al poder, al hacer visible eso que la dictadura ocultaba bajo una perversa forma discursiva: “Mientras sea desaparecido no puede tener ningún tratamiento especial, es una incógnita, es un desaparecido, no tiene entidad, no está… ni muerto ni vivo, está desaparecido”, decía uno de los genocidas, poniendo en evidencia bajo esa frase el modo en que se desplegaba un modelo de debilitamiento de los sistemas discursivos e ideológicos y una política de muerte y destrucción a partir de la degradación de la existencia y de la palabra del otro. Es en ese escenario que las Madres comenzaron a transformar el dolor en movimiento. Ante la prohibición de reunirse y manifestarse en el espacio público y, habiendo confirmado el fracaso de la palabra, decidieron construir. Transformaron el imperativo de orden en un imperativo de lucha, sin claudicar, sin negociar, sin perdonar, sin bajar la cabeza. Siempre de pie frente al enemigo, como una inmensa presencia del amor, las Madres habitaron la Plaza con sus cuerpos y marcaron el inicio de un movimiento heroico de resistencia política que logró resignificar el dolor y transformarlo en un compromiso irrefrenable que se renueva cada jueves y cada día. Un pasaje de la búsqueda de cada uno de sus hijos a la lucha por los hijos de todas, llegando a que esta expresión sea parte de la reafirmación en la búsqueda de Memoria, Verdad y Justicia de todo un pueblo. De este modo, cuando Néstor Kirchner se nombró y nos nombró desde la Casa Rosada como “Hijos de las Madres”, legitimó desde su lugar de poder la maravillosa lucha de estas hermosas mujeres que comenzaron a escribir una de las más grandiosas páginas de la historia acerca de las conquistas de los Pueblos.

Uno de los aspectos más significativos y menos relevados de la lucha de las Madres de Plaza de Mayo es el profundo sentido ético de su lucha. Erguidas frente al Terrorismo de Estado fueron capaces de quebrar la moral de combate de los genocidas. No hay gloria para los secuestradores, asesinos, torturadores, ladrones y apropiadores de niños. No hay nada que reivindicar para los cobardes criminales que disparaban a detenidos/as encadenados. La ignominiosa y cobarde represión de los genocidas fue, es y será impresentable. Frente a esos cobardes arrogantes las Madres nunca utilizaron, ni solicitaron, ni reivindicaron, venganza ni retaliaciones solo verdad y justicia. Ese ejemplar comportamiento, frente al festival de demagogia punitiva que exige a gritos justicia por mano propia, jamás reivindicó acciones que no correspondieran al derecho vigente. En estos gigantescos gestos de grandeza la Madres eligieron el derecho inalienable de todos los sujetos, aun aquellos responsables de las más miserables acciones, a vivir según las reglas civilizadas de la sociedad y el Estado de Derecho. En esta victoria moral reside el extraordinario triunfo de la causa de Las Madres que se constituye en el fundamento moral de una sociedad diferente, respetuosa de las garantías y derechos de todos los habitantes, aun de aquellos que quiebran el orden social con sus atrocidades. Frente a tanta obscenidad punitiva el aniversario de las Madres es un poderoso recordatorio que siempre se puede elegir el camino ético y civilizado al sendero de la barbarie pretérita o actual.

Equipo Cabecitas

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