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¿Qué beneficios trae el reciente fallo de la Corte Suprema de Justicia, sobre el expediente “Bignone, Benito A y otro s/recurso extraordinario”, a un gobierno que no tiene un solo indicador positivo para exhibir en el terreno social, económico o político a favor de la mayoría de la sociedad? Solo se puede argumentar pureza ideológica. Nada hay más ideológico que aquellos que niegan cualquier intención en ese sentido.

La aplicación doctrinaria de la ley más beneficiosa (24390) a los delitos de Lesa Humanidad no es solo un artilugio jurídico, sino que ratifica uno de los puntos ideológicos más duros de la derecha nativa: la libertad de los genocidas.

Muchos recordarán el famoso pliego de condiciones redactado por el subdirector del diario La Nación Claudio Escribano, el 18 de mayo de 2003, dirigido al electo presidente Néstor Kirchner en el que exigía en el segundo punto que

“No queremos que haya más revisiones sobre la lucha contra la subversión. Está a punto de salir un fallo de la Corte Suprema de Justicia en ese sentido. Nos parece importante que el fallo salga y que el tema no vuelva a tratarse políticamente. Creemos necesaria una reivindicación del desempeño de las Fuerzas Armadas en el contexto histórico en el que les tocó actuar”[1]

Es decir que esta demanda es una exigencia histórica de la derecha argentina y que nada suma en originalidad en la actual Alianza de Cambiemos (radical-PRO), excepto terminar con las denuncias y condenas que amenazan a los cómplices civiles y eclesiásticos de la dictadura genocida. Que esto se haga ahora en nada debería sorprender, pues cada día se asumen sin vergüenza ni culpa como un gobierno de derecha pura y dura “sin complejos”.

Las derechas autoritarias que asumen con votos son un fenómeno estrafalario mundial pues lo hacen con los mecanismos de las democracias liberales, pero para seguir vaciándolas de contenido. Hay un corrimiento generalizado en los países de la Eurozona y EE.UU hacia un nuevo fenómeno que exhiben gobiernos de derecha, que expresan los valores de los regímenes totalitarios como xenofobia y racismo, pero que además acusan como responsables de la pobreza y decadencia de sus sociedades al “excesivo gasto social” que promueven los liberal-demócratas que, uno a uno, son desalojados de los gobiernos.

Cada caso debe ser examinado específicamente en el mundo, pero hay un común denominador entre todos ellos que asumen como potencialmente enemigos y responsables de la crisis a inmigrantes y pobres, o las dos cosas juntas. El caso de Trump es paradigmático amenazando deportar a millones de inmigrantes mexicanos se propone como enemigo de Wall Street.

No es el caso del resto de los gobiernos de Europa que siguen utilizando las recetas de la ortodoxia monetarista que fracasan una y otra vez, sin embargo las campañas políticas son exitosas para quienes deciden impulsar medidas cada vez más duras contra los sectores paupérrimos de sus sociedades.

En ese marco mundial de democracias en mutación, la derecha argentina (cavernícola como pocas) ha decidido dar un paso más para otorgar impunidad a los condenados por delitos de lesa humanidad. De esta manera intenta cerrar un ciclo que amenaza a los civiles cómplices y le otorga la posibilidad de ser liberados a quienes secuestraron, torturaron, asesinaron, violaron, robaron y se apropiaron de la identidad de otras personas.

Que semejante engendro haya sido aprobado por el máximo tribunal del país habla a las claras de la profunda crisis en que se encuentra la sociedad y de la necesidad de refundar las instituciones que la gobiernan. No solo se trata ya de la crisis económica sino del saqueo que perpetra la elite política, empresaria y cultural que asumió con el nuevo gobierno y que hace de la impunidad, en todos los órdenes, su principal bandera.

Quedará para la historia el dilema ético de la sociedad argentina de permitir que sean liberados los responsables de la principal tragedia nacional del siglo XX. Una sociedad que votó por mayor “seguridad” abre las puertas a los peores criminales de su historia debe examinarse cuidadosamente. Es cierto que las crisis habilitan los peores comportamientos. Tan cierto como las espantosas consecuencias que trajeron la desafección, la irresponsabilidad y la banalidad de quienes se embarcaron en esas aventuras.

Atilio López

 

Referencias

[1] https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-20265-2003-05-18.html

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