peronismo recargado1

Difícilmente encontremos ejemplos de movimientos políticos en el mundo con la sobrenatural vigencia del peronismo. Producto histórico de la post Segunda Guerra Mundial logró sobrevivir a todas las categorías políticas que se le imputaron: pronazi, nazi, fascista, falangista, comunista, marxista, pro eclesiástico, eclesiástico, anti eclesiástico, subversivo, totalitario y populista como última asignación. Cada categoría se neutraliza con la siguiente y así sucesivamente hasta volver al punto de partida. El peronismo no solo es un gran dolor de cabeza para las tradicionales visiones europeizantes, sino que aloja en su interior una inasibilidad radical que le permite eludir cualquier categorización por totalizadora que sea. Desde ya que intentar abordarlo desde las estructuras canónicas de izquierda y derecha puede llevar a cualquier analista a una temprana decepción. El peronismo desborda cualquiera de esas figuras tan simples de la política liberal europea y hunde a la sociología y ciencia política en un trabajo mucho más arduo para analizar un fenómeno político latinoamericano que no tiene precedentes, y que se actualiza año a año, aún a décadas de la muerte de su fundador el General Perón.

Comparándolo con otros movimientos políticos como el Partido Revolucionario Institucional mexicano que desde 1929 conservó el poder hasta 1989 y la figura del general Lázaro Cárdenas pocos son los puntos de contacto entre uno y otro movimiento. El PRI gobernó México sin interrupciones durante 60 años y la figura de Cárdenas es una más entre una larga serie de mandatarios aunque se destaque por su progresividad. El peronismo fue desalojado violentamente en 1955 con un golpe de Estado luego de 9 años de gobierno y proscripto durante 18 años más. En 1976 nuevamente fue desalojado del poder por el golpe genocida del ex dictador Jorge R. Videla y logro sobrevivir a la más intensa represión que alguna vez haya experimentado una generación política. Si se lo compara con el gobierno de Getulio Vargas en Brasil, el impulso a la industria y el crecimiento del Estado nacional pueden leerse como puntos de contacto. El varguismo también fue combatido por derecha e izquierda de la misma forma infame que el peronismo, pero la temprana muerte de su fundador quitó a los trabajadores brasileños de una plataforma política desde donde consolidar su movimiento político.

El carácter movimientista del peronismo le ha permitido desbordar los tradicionales límites que asigna el liberalismo a los partidos políticos. No fue ni es solo el partido que representa a los trabajadores. Es una poderosa fuerza social constituida por los trabajadores organizados ocupados o desocupados, profesionales, pequeños y medianos empresarios, que excede todas las dimensiones de una representación clasista.  La errónea lectura de colocar al peronismo en una posición equivalente tanto del individualismo liberal como de la lucha de clases que postula el materialismo histórico, ha quitado valor a este posicionamiento. Perón planteaba en 1949 que el Justicialismo era la superación de esa lucha.

La humanidad necesita fe en sus destinos y acción, y posee la clarividencia suficiente para entrever que el tránsito del yo al nosotros, no se opera meteóricamente como un exterminio de las individualida­des, sino como una reafirmación de éstas en su función colectiva.
J.D. Perón “Comunidad Organizada”

El peronismo fue y sigue siendo un gran organizador de demandas y de reparación de injusticias. Sin embargo ninguna de esas virtudes alcanzar para explicar la tormenta de odio que ha desatado en el pasado y en la actualidad. Este movimiento no solo promueve la construcción de la comunidad  sino que ofrece las certezas de que es posible hacerlo reconciliando intereses en pos de una construcción armónica de la sociedad. Más allá de las posibles limitaciones que ese modelo social alojó, el peronismo se mostró como artífice de esa posibilidad. La radicalidad de la exclusión a la que se sometió a la sociedad argentina deja poco margen para dudar sobre la imposibilidad de obtener una sociedad reconciliada. El secreto es la profunda movilización que produce en los sujetos esa fe o la certeza de trabajar por alcanzarla.

En ese sentido tal vez ninguna doctrina tenga tantos puntos de contacto con la teología. En esa dimensión el peronismo intenta conciliar la inmanencia de los ciudadanos atentos a sus propias necesidades individuales y la trascendencia de cada sujeto hacia el otro en la construcción de la comunidad. El conjunto de elementos doctrinarios y sus historias de lucha también le han conferido una poco desdeñable dimensión sagrada otorgándole aspectos escasamente abordados de identificación con el mito. La poderosa figura de Evita ha conferido al peronismo del aura necesaria para conectarlo con elementos mágicos. El ocultamiento del cuerpo por parte de los militares golpistas del ´55 que intentaban eliminar de la simbología el carácter sagrado del cuerpo de Eva Perón no hicieron más que acrecentar esa imagen. Desde esta perspectiva es difícil evitar la poderosa carga simbólica que posee el sacrificio de los y las militantes peronistas como mártires de una fe indestructible que crece en la adversidad.

El renovado odio de las élites empresariales, culturales y profesionales de la argentina han reactualizado el catálogo de infamias necesarias para demonizar nuevamente al peronismo. La catarata de vaguedades, acusaciones, imputaciones que han llovido sobre el último año y medio ha logrado el extraño merito de colocar, nuevamente, en el corazón de la política argentina a nuestra compañera Cristina Fernández. Tal vez pocas figuras conciten niveles de popularidad y repudio con la misma intensidad. Sin embargo es esa atmósfera la que dota al movimiento político del liderazgo necesario para conducirlo en el territorio adverso que propone la actual alianza gobernante. Consolida los niveles de adhesión necesarios para la unidad y exacerba la exclusión del oficialismo que termina otorgando consistencia a sus enemigos más odiados. Para no quitarle emoción a este período que transitamos no faltan aquellos que como decía Perón “han estado toda la vida en la política pero nunca la comprendieron, porque la política no se aprende, se comprende”. Perón citaba al Mariscal de Sajonia que afirmaba “Mi mula me ha acompañado en muchas campañas pero no ha aprendido estrategia. Lo peor es que algunos de mis generales tampoco lo han comprendido”. Algo parecido parece estar pasando con algunos dirigentes peronistas que no comprenden la gravedad de la hora o lo que es peor aún lo comprenden perfectamente.

Desde la historia del peronismo se han hecho infinitos esfuerzos por convertirlo en un partido sistémico. Todos esos esfuerzos han fracasado porque no han entendido no solo las dimensiones del movimiento, sino la misión trascendente de construir una nación para todos, una patria para todos. En las convicciones de esa fe reside el potencial desestabilizador del peronismo. Algo que la pos-racionalidad neoliberal no alcanza a comprender en toda sus dimensiones.

Atilio López

Anuncios