Cuerpo Corazon Cabeza

Debería iniciar esta nota con una afirmación de dudosa veracidad diciendo que la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner nos tiene acostumbrados a esta clase de actos como el que hoy se vio en el Estadio de Arsenal. Este fue un acto singular en absoluta correspondencia con el del 9 de diciembre de 2015 y el que le siguió, por el dramatismo de la situación, el del 13 de abril del 2016. Singular por la calidad de la comunicación que logró enmudecer un estadio colmado simplemente mostrando aquello que el complejo mediático-judicial se empeña en ocultar: la vida común, sencilla y cotidiana de millones de hogares trastornada por la decisión de un gobierno que busca aniquilar las condiciones para un eventual regreso de lo que ellos llaman peyorativamente Populismo.

Bastaron unos minutos para que Cristina Fernández pulverizara las toneladas de odio que medios, jueces, fiscales, periodistas y opinólogos de variada laya, vomitan diariamente sobre los argentinos víctimas de políticas absolutamente criminales. Mostrar en ese estadio colmado a personas de diferente condición, ocupación y edad exponiendo el tamaño de los problemas con los que deben lidiar, como otros millones de argentinos, alcanzó para que esas historias cotidianas y sencillas que escuchamos y vemos todos los días se convirtieran en el testimonio irrefutable de la política genocida de la Alianza Cambiemos. No es una exageración indicar que es genocida. Las políticas públicas de un Estado que expulsa a millones de personas se traducen en enfermedades y muertes. ¿Qué es sino quitarles la medicación a miles de jubilados de la cual dependen para seguir viviendo? ¿Qué significa entonces quitarles el subsidio a personas que por sus diferentes capacidades no pueden trabajar? ¿Cómo debe interpretarse que un Estado no contemple que hay ciudadanos electrodependientes y le retire el subsidio correspondiente? ¿Cómo debe leerse la apertura indiscriminada de las importaciones para que ingresen millones de productos que son fabricados en el país y condene a la desocupación a los trabajadores? ¿Qué es devaluar y encarecer los alimentos llevándolos a precios internacionales?

La elocuencia de los testimonios leídos por Cristina de personas de carne y hueso le dieron al acto el marco necesario para recentrar la discusión en nuestro país. No se trata de nombres porque significaría reducir la política a una dimensión estéril. Se equivocan quienes crean que hoy hubo un lanzamiento político de una figura del tamaño de Cristina. No. Cristina hoy trazó las coordenadas por donde debe transitar la política grande: las necesidades del Pueblo, de quienes sufren y padecen a los nuevos grupos de tareas que hoy ocupan el Poder Ejecutivo. Personas de carne y hueso que hoy son agredidas y humilladas por un conjunto de políticas brutales que los demoniza por tener un subsidio o cobrar una pensión.

Este relanzamiento de la política como actividad transformadora de las vidas de las personas volcó completamente las coordenadas que intentaban condenar la política a una discusión banal entre el candidato A, B o C. Esa construcción de la política fue aniquilada. Quienes pretendan reducir  la política a una discusión vanidosa entre candidatos se han equivocado. La política que hoy propone Cristina dota de protagonismo absoluto al Pueblo, a los trabajadores, a los humildes de la Patria, a los desamparados y abandonados de todo por las bandas xenófobas y racistas de la Alianza Cambiemos.

CFK EN ARSENAL

Hoy CFK expuso su preocupación con una definición categórica. ¿Con estas facturas, con estos precios de los remedios, de qué 2019 me están hablando? En esta poderosa y sencilla pregunta Cristina construyó un escenario diferente al que muchos pensaban. En esa operación restituyó la dimensión simbólica que muchos se empeñan en ocultar: Cristina construye su liderazgo en un vínculo permanente con la sociedad, con el Pueblo, con sus necesidades y demandas. Interpreta como nadie a su Pueblo y lo expresa en una simbiosis única.

No mencionó a nadie con aspiraciones políticas. No citó a nadie. Solo nombró a las personas que subieron al escenario para exponer sus angustias. Pero no fue resignación sino la constatación desde donde convocar y organizar. Fue un poderoso llamado a la lucha contra la indiferencia, la banalidad y el vedetismo que invade e insufla los egos personales de algunos dirigentes que no entienden la gravedad del momento.

El llamado a la construcción de nuevas mayorías se inscribe dentro de las mejores tradiciones políticas del peronismo. Ese discurso hablando de la necesidad de reconstruir una sociedad inclusiva organizada por el trabajo y el estudio para todos y todas contrasta con la superficialidad de los valores del neoliberalismo que alimentan el odio, la xenofobia, el racismo y la violencia.

Hoy Cristina volvió a persuadir de que el único destino que merece vivirse es el de una sociedad anclada en los valores del trabajo, la fraternidad, el estudio y el cuidado hacia el otro. En la construcción de esa hermandad que tanto necesitamos está el secreto del llamado a las mejores tradiciones, no ya políticas sino humanitarias, de nuestro Pueblo. Solo una líder con los valores y el peso de Cristina Fernández es capaz de hacer una convocatoria de esa naturaleza. Apelando a lo mejor de cada uno de nosotros para poder construir entre todos el futuro que tan desesperadamente necesitamos. Las circunstanciales y transitorias condiciones que pusieron en manos de una minoría perversa y criminal la suma del poder público terminaran cuando desde la Unidad de concepción y acción pongamos el límite a este ignominioso presente. La enorme autoridad de Cristina nos convoca a una nueva epopeya. La Patria nos llama. Cada uno sabrá que hacer.

Atilio López

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