Explosiones de Pueblo le siguen a cada intento de cercenar la memoria. El beneficio del 2×1 en la aplicación de las penas a los genocidas y la consecuente posibilidad de liberarlos fue un punto de llegada planificado por el gobierno de Cambiemos desde el minuto cero de su gestión. En un deliberado intento de destruir una construcción inmensa, el gobierno no escatima provocaciones, “errores”, omisiones y explícitas declaraciones que pretenden reflotar la teoría de las violencias cruzadas. Frente a este panorama de políticas de impunidad y de retroceso en materia de Derechos Humanos y ante cada nuevo paso que pretende dar el gobierno, la respuesta popular crece exponencialmente y la intención de borrar las políticas de Memoria, Verdad y Justicia se convierte en un boomerang que termina fortaleciendo eso mismo que pretende debilitar. La masiva marcha y acto en Plaza de Mayo en repudio a los beneficios para los genocidas, criminales de lesa humanidad, entre otras, fue una clara muestra de ello. Revela la decisión de un Pueblo activo, que ocupa las calles como protagonista de su historia, que muestra a las claras la decisión de no negociar con el demonio.

Aquella primera interpretación al horror de la dictadura, que igualó la violencia del terrorismo de Estado con las acciones de las organizaciones guerrilleras, y del que estuvo sesgado el prólogo, desde el comienzo polémico del Nunca Más, que fue el texto fundacional de la Teoría de los Dos Demonios, sostiene una equiparación entre víctimas y victimarios del terrorismo de Estado. Un primer paso explícito del gobierno para revalidar la teoría de los dos demonios fue expresado en la reimpresión de la “edición original” del “Nunca Más” en abril de 2016 a meses de la asunción de la Alianza Cambiemos. La misma fue presentada en la Feria del Libro en un stand oficial en junio del mismo año, a 40 años del golpe, como acto confirmatorio de lo que pregonan desde el gobierno y que se ve reflejado en distintas oportunidades en los relatos de sus funcionarios. Esta última edición eliminó sigilosamente el prólogo agregado en 2006 por la Secretaría de Derechos Humanos, recordado porque representó una reafirmación del gobierno de Néstor Kirchner sobre la tradición alfonsinista de recuperación de la democracia, pero sobre todo porque refutó la teoría de los dos demonios e introdujo la idea de que la dictadura implementó el terrorismo de Estado. En la edición de 2006 no se eliminó el prólogo original y en función de establecer nuevas significaciones, nuevas lecturas y una nueva conciencia política se incluyó un prólogo tendiente hacia una producción de sentido orientada a la recuperación de ideales de lucha y a la cimentación de un camino firme contra la impunidad.

“Es preciso dejar claramente establecido –porque lo requiere la construcción del futuro sobre bases firmes – que es inaceptable pretender justificar el terrorismo de Estado como una suerte de juego de violencias contrapuestas, como si fuera posible buscar una simetría justificatoria en la acción de particulares frente al apartamiento de los fines propios de la Nación y del Estado que son irrenunciables”

Prólogo del 2006 de libro “Nunca Más”

La exclusión del prólogo del 2006 en la edición actual, tuvo como argumento la idea de presentar el informe de la Conadep “tal cual fue”, sin aditamento ideológico y nombrando como “problema” el hecho de agregar algo que no estaba. En este contexto, la omisión no queda separada de la política de derechos humanos del PRO; la misma se encuentra en consonancia con su política de seguridad, que entre otras cosas criminaliza las luchas populares y requiere del funcionamiento de un Estado gendarme que apunte al disciplinamiento social. En este sentido, el PRO muestra una gran coherencia con su lectura de la historia cuando se niega a tratar en distintos espacios institucionales el repudio al fallo del 2×1.

Ver nota https://www.elargentinozn.com.ar/2017/05/18/coherencia-pro-en-vicente-lopez-el-oficialismo-rechazo-tratar-el-repudio-al-fallo-del-2×1-en-el-concejo/

EL CIELO POR ASALTO

El deseo de conquistar el cielo por asalto fue el motor de lucha de los ´60 y los ´70. La militancia de ese tiempo se dio en un escenario internacional convulsionado por los avances de distintos procesos revolucionarios y por el descontento social que se expresaba como respuesta contra las desigualdades y las injusticias; estas luchas evidenciaban una voluntad colectiva de alterar un orden social que aparecía como el causante de esas desigualdades e injusticias. Un debate que atravesó esa época giró en torno a cuál sería el camino para acceder a la toma del poder e impulsar la transformación: si se debía recurrir a la acción armada o si era posible lograrlo por la vía pacífica, a través de los votos. Así fue que la radicalización de la lucha se impuso como una opción en un contexto represivo, de fuerte exclusión política, de acumulación de demandas, donde la lucha armada se situaba como el camino hacia la recuperación del poder para el Pueblo. No se puede ignorar ni simplificar la trayectoria compleja que recorrió la fuerza social revolucionaria, confrontada a un enemigo muy superior, al servicio de una estrategia mundial y local de acumulación; la misma lleva a desestimar toda explicación vinculada a la sorpresa, a la irracionalidad o a la locura en la conformación de la lucha armada. No surgió como una sobresalto en la historia, ni fue la irrupción de dos contendientes con una particular vocación de violencia irracional o un enfrentamiento entre dos grupos, dos bandos, sin raíces ni alianzas con el resto de la sociedad  que contemplaba con temor el despliegue de violencia sin saber a qué atribuirlo, una suerte de terror sin sujeto. Se trató de una lucha en la que las fuerzas del pueblo eran empujadas por la violencia de la desigualdad, la represión y la opresión que ejercían los más poderosos y fue parte de una necesidad insoslayable que impulsaba hacia un mayor nivel de organización en el marco de la resistencia a las dictaduras. Específicamente en lo que se refiere al peronismo, la proscripción de su líder determinó un accionar que aglutinó, representó y canalizó toda expresión de rebeldía y crítica contra un sistema económico, social y político crecientemente injusto. El peronismo era el único actor apartado y, como gran ausente, se convirtió en una pieza histórica clave, con los trabajadores como aliados principales, como fuerza policlasista y como frente social que siempre expresó cultural y políticamente a los sectores más sometidos. La especificidad revolucionaria de los movimientos políticos de los ´70 radicó en el modo de respuesta a las aspiraciones y necesidades de un pueblo que se sentía capaz de cambiar la realidad.

EL ÚNICO DEMONIO

No hay discusión posible cuando se habla de dos demonios. No hay dos demonios, el demonio es uno, es el mal y de él procede el mal con todas sus facetas; es ese que tiene una especial habilidad para acomodarse, disfrazarse y banalizar su influencia, es aquél que organiza escenas infernales de aterradora desolación y sufrimiento sin límite y es ese que se alimenta del dolor del otro, que queda perplejo por el poder que imprime su espantosa presencia.

Diversas representaciones muestran al Demonio como un ser único con varios semblantes, varios disfraces, capaz de disimular su aparición sobre cualquier escenario. En La Divina Comedia, poema en el que Dante Alighieri relata su viaje fantástico por los tres mundos, describe en el último canto del recorrido por el Infierno su encuentro con Lucifer, el principio de todo mal, el rey de los infiernos y queda por primera vez aterrado por el espectáculo con el que se cruza: es una escena tétrica en la que los condenados están cubiertos de hielo, echados en el suelo algunos, otros rectos con la cabeza hacia arriba o hacia abajo, otros como un arco, con la cabeza doblada en los pies, es la escena más horrorosa de todo el recorrido, la que podría representar mejor que ninguna el sufrimiento del Infierno, que deja a los condenados privados de la vida y privados de la muerte. Lucifer es representado por Dante como un ser monstruoso con tres cabezas, a las que les corresponden tres caras con seis ojos lacrimosos y tres mentes que gotean llanto y una sangrienta baba ya que de cada boca cuelga un condenado. Dentro de la boca principal se hallaba Judas, al cual mordía con sus filosos colmillos como un juguete mientras este gritaba de dolor. Esas tres caras del Demonio son el castigo de Lucifer, que en un comienzo fue el ángel más hermoso, el que llevaba la luz, ejemplo de belleza y sabiduría, fue quien aspiró a ser Dios, pero por incurrir en el pecado de la soberbia se convirtió en una monstruosa parodia opuesta. Si las características de Dios son la divina potestad, la suma sabiduría y el primer amor, las de Satanás son por contraste, la impotencia, la ignorancia y el odio. Lucifer quien por ser el más bello y sabio debía ser garante de la ley divina es justamente quien la profana. El diablo como ángel caído muy lejos está de la acción de los humanos, no podrá jamás tener nuevamente el acceso al Cielo ni el beneficio del perdón por haber desobedecido y por haberse rebelado contra los mandatos sagrados.

Esos monstruos tan fielmente encarnaron el lugar del demonio durante la dictadura genocida, no solo por haber sido torturadores, violadores, asesinos, apropiadores de niños, eternizadores del dolor y del horror, sino por haber profanado ese sagrado lugar que representa el Estado, otorgando a esos pecados el estatuto de imperdonables. Eso que convierte en algo incomparable con cualquier otra violencia a la violencia de Estado es que esos crímenes hayan sido ejercidos desde el lugar que debió haber sido garante y resguardo del ejercicio de la justicia y del funcionamiento del estado de Derecho. El Estado es aquel que atesora los derechos, cuida a los ciudadanos, responde ante la injusticia social, está presente frente a la adversidad, garantiza el ejercicio de la justicia, es el que actúa en el marco del respeto absoluto por la ley y por los derechos fundamentales; esos derechos fundamentales que como derechos humanos reafirman las garantías individuales y colectivas, consideradas como indispensables para limitar materialmente el derecho al castigo, y resultan imprescindibles como límite necesario al poder.

El funcionamiento de un Estado gendarme representa un retroceso del Estado de derecho y se alimenta de la construcción de sentidos que deben ser legitimados. El resurgimiento de la teoría de los dos demonios se enmarca no sólo en la pretensión de legitimar las políticas de impunidad a los responsables militares y civiles del genocidio, sino en revalidar la lógica macabra de un Estado – Demonio. Hablando de reconciliación y con un discurso negacionista, se crea el cimento ideológico para la implementación de un modelo de exclusión y para el despliegue de políticas de avasallamiento en materia de derechos. La vuelta sobre el pasado desde una lectura que banaliza el horror y homologa las luchas populares con la violencia de Estado se convierte en la estrategia necesaria para la implementación de un modelo de ajuste, de castigo sobre el Pueblo, que una vez más este gobierno oligárquico lleva a cabo, para un nuevo saqueo que hace de la impunidad su mejor aliada.

 

Alicia Eguren / Colaboración de Juana

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