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Hemos tenido demasiados compañeros caídos, demasiados mártires, demasiados hermanos lastimados por un orden político y económico brutal. El neoliberalismo no solo asesina con bombas inteligentes y drones o ejércitos privados. Lo hace con los medios de comunicación que lo legitima, que lo blinda, que construye socialmente realidades e invisibilizan las tragedias de la que es portador. Lo hace con los comunicadores mercenarios. El neoliberalismo asesina con la miseria planificada como decía Rodolfo Walsh. Lo hace con la desigualdad. Lo hace con el dolor.[1]
(Editorial septiembre de 2016)

Trazar balances siempre es una tarea compleja pues supone admitir aciertos o insuficiencias, errores de apreciación cuando no yerros totales. La revista digital que durante meses alimentamos con nuestras escrituras tuvo lo suyo. Intentamos dotarla de referencias permanentes para que no solo sea pura opinión. Constituirse en tribuna de ideas no es algo que se deba condenar pero lanzar frases sin el más mínimo respaldo de fuentes nos acerca a eso que se ha dado en llamar “Periodismo de Guerra” y que tanto daño hace en términos de construcción democrática. No intentamos reeditar ese fallido experimento empresarial. Nuestra escritura intenta ser punto de encuentro entre experiencias políticas democráticas y “eso” que llamamos realidad a la que intentamos abordar no como filibusteros del siglo XVII sino con herramientas conceptuales que permitan la construcción de una nación soberana, popular, nacional y democrática. Desde esa perspectiva buscamos una sociedad cada vez más inclusiva, organizada por el trabajo pensado no como mercancía sino como derecho inalienable de los ciudadanos.

En este año acertamos en la caracterización de las políticas públicas que se desplegaban en ese entonces, con nítidos rasgos regresivos, por parte de la Alianza gobernante y no pudimos advertir en su totalidad la naturaleza abismal de esas políticas. Pudimos avizorar el rumbo represivo que tomaba la imposición del modelo económico que necesitaba la construcción simbólica de un enemigo al que perseguir y “adiaforizar” en términos de Zygmunt Baumann[2] pero fuimos sorprendidos en sus consecuencias. La desaparición forzada de un ciudadano en el marco de una intervención judicial y bajo la jurisdicción de un juez federal ha cubierto de estupor e indignación a la sociedad política que todavía padece las consecuencias de la desaparición de 30.000 personas. En ese sentido la degradación de la democracia argentina provocado por el creciente orden autoritario de la Alianza Cambiemos ha hecho posible la primera desaparición forzada de una persona bajo la administración macrista. La “banalización” del caso que denuncia el diario la Nación[3] es aplicable solo al gobierno que ha ninguneado el tema hasta que tuvo que retroceder frente a las inocultables evidencias que cubren de sospechas a la fuerza actuante bajo la dirección política directa del gobierno nacional.

En el orden internacional nuestra cobertura sobre el triunfo de Donald Trump y el plebiscito sobre la permanencia de Reino Unido (Brexit) en la Unión Europea han permitido observar el retroceso del Consenso de Washington como paradigma mundial. El evidente estancamiento de la economía mundial luego de las sucesivas crisis económicas de 2008 y 2009 no permite exhibir concluyentes evidencias sobre la continuidad del neoliberalismo a largo plazo aunque tampoco son abundantes los datos de un regreso hacia el proteccionismo a nivel mundial. Según el Informe de Perspectivas del FMI hay signos positivos de recuperación pero muy por debajo de las esperadas y anuncia el riesgo de un nuevo giro hacia el proteccionismo[4]. Las estadísticas publicadas por el Fondo Monetario Internacional  muestran un crecimiento espectacular en las economías de China e India con una paupérrima performance del resto de las economías de Europa y EE.UU. Se entiende el conflicto con Corea del Norte dentro de esa lógica: la parte caliente de la competencia económica se traslada hacia la región asiática. La retórica de Guerra Fría con la que amenaza EE.UU tiene claro destinatarios: China y Rusia que ahora compiten en el mercado mundial. Las perspectivas para Latinoamérica como economías exportadoras de commodities son, sin dudas, sombrías.

Desde estas páginas hemos alertado sobre el peligroso regreso hacia la reprimarización de la economía. Los efectos se están sintiendo y el desempleo no ha dejado de aumentar[5]. La pueril afirmación del diario INFOBAE[6] sobre que la desocupación obedece al aumento de personas que buscan empleo no deja de ser una afirmación de la gravedad del tema aunque se hagan interpretaciones tan superficiales.

En ese tránsito desde septiembre del año pasado y este septiembre hemos confirmado las peores sospechas sobre el rumbo político que toma la administración macrista y no existen signos o evidencias que permitan sospechar cambio alguno a ese comportamiento. Entre las evidencias halladas está la sistemática persecución al peronismo o todo aquello que huela a nacional y popular. La cárcel de Milagro Sala, su secuestro ilegal y la condena mundial unánime por ese encarcelamiento, pudo hacer retroceder a un gobierno sediento de revanchismo. En ese marco de persecución se encuentra la ex presidenta Cristina Fernández con la que confrontan sistemáticamente y a la que se le imputan la desestabilización del gobierno o el aliento a comportamientos violentos. Una de las creaciones más “imaginativas” de algunos medios muy afectos al espionaje local es la de vincular al espacio político con supuestas organizaciones clandestinas con el manifiesto objetivo de provocar desordenes cuando no desestabilización. En vísperas de elecciones resulta tan obvio que es imposible creer tanta improvisación y menos aun algún grado de credulidad. Sin embargo se publican cifras altamente positivas de dudosa procedencia sin citar fuentes[7] que no hacen más que confirmar la profunda preocupación que asiste al gobierno frente a la cada vez más impiadosa situación social. Apelar a las conductas autoritarias en ese contexto no es lo más adecuado ni recomendable.

Esta semana que pasó se cumplió un nuevo aniversario de la Revolución Fusiladora y de la Noche de los Lápices. Dos momentos siniestros que deberían llamar a la mesura y a la cordura al gobierno y sus seguidores. En una sociedad que fue lacerada por el odio revanchista de 1955  que permitió interrumpir el orden constitucional durante 18 años donde se encarcelaron, fusilaron y persiguieron ciudadanos por oponerse a esa política y 1976 que dio origen al Estado Terrorista con los mismos argumentos que hoy se intentan reinstalar, debería existir la mesura y prudencia necesaria para no volver a repetir errores.  Karl Marx afirmaba en el “Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte” que Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa.

La farsa que hoy protagoniza el gobierno es demasiado peligrosa. Frente a tanta improvisación y desidia es necesario reiterar que los caminos de la sociedad democrática deben ser construidos en el respeto al Estado de derecho. El orden político que solo deposita sus expectativas en la dominación está condenado al fracaso y sus consecuencias lo perseguirán a lo largo del tiempo. Mientras tanto el orden político democrático debe seguir construyendo su regreso. Este debe ser forjado por la indispensable unidad de los sectores democráticos junto a los trabajadores. No hay posibilidades sin estas condiciones. La unidad de los trabajadores y sus organizaciones sindicales es la condición esencial para este regreso. No es casualidad que tanto en 1955 como en 1976 se elijan a los trabajadores y sus organizaciones como enemigo. Vienen por lo mismo.

Finalmente este año ha dejado en claro la enorme disputa de la sociedad civil con las políticas públicas del gobierno. El grado de movilización de estudiantes, trabajadores y ciudadanos en general habla de la solidez de los movimientos políticos en defensa de sus intereses. En esa gramática callejera resistente están presentes las mejores tradiciones políticas argentinas. Hubo movilizaciones que por su concurrencia provocan asombro. Las crecientes manifestaciones en todo el país por el movimiento Ni una Menos y las enormes movilizaciones de los organismos de DD.HH que se han sumado a las de los trabajadores y la CGT hablan a las claras de los límites que van encontrando las agresivas políticas de Cambiemos. Una práctica saludable que seguramente se irá incrementando y que traza las líneas políticas de confluencias de nuevos sujetos políticos de una sociedad que ha consolidado rumbos y defiende con firmeza derechos y conquistas inalienables. De ese gigantesco caldero político emergerá el rumbo del movimiento nacional popular y democrático para derrotar el proyecto autoritario del macrismo.

Atilio López

 

Referencias

[1] https://cabecitas.org/clw/

[2] https://books.google.com.ar/books?id=NkLjCgAAQBAJ&pg=PA121&lpg=PA121&dq=adiaforizar&source=bl&ots=a4bwko9nCz&sig=C8mRHSid1SU65HY_6bneJWb5Wbg&hl=es&sa=X&ved=0ahUKEwiLzuCH9ZrWAhUJEpAKHfKaBkcQ6AEIUzAG#v=onepage&q=adiaforizar&f=false

[3] http://www.lanacion.com.ar/2060100-entre-la-parsimonia-del-gobierno-y-la-banalizacion-kirchnerista

[4]

[5] https://www.pagina12.com.ar/44222-la-crisis-laboral-que-el-gobierno-niega-pero-el-indec-delata

[6] http://www.infobae.com/economia/2017/06/14/la-tasa-de-desocupacion-subio-a-92-en-el-primer-trimestre-de-2017/

[7] http://www.lanacion.com.ar/2061557-macri-frente-al-poder-subterraneo

 

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