Octubres1

Escribir, nuevamente, sobre los hechos de octubre es un arduo esfuerzo por evitar lugares comunes. Aún así, recordarlos es un ejercicio inevitable de afirmación y reconocimiento. Cada uno desde sus lugares fueron huracanes y han dejado sus poderosas huellas en la historia. Recordar el nacimiento de Juan Domingo Perón no es un dato biográfico más. Implica recordar al fundador del movimiento político de masas que logró invertir la ecuación política argentina a favor de los trabajadores. El peronismo ha sido el movimiento político más disruptivo y plebeyo de la aristocrática  historia argentina. Huracanes de odio y bombas no lograron detenerlo. La violencia no calló su voz ni detuvo a sus seguidores. Lo han intentado todo y nada logró intimidarlo, y mucho menos destruirlo. Ningún movimiento político fue tan estigmatizado, demonizado, perseguido y combatido como el peronismo. El hecho “maldito” del país burgués decía Cooke.

Nada como recorrer las calles de Buenos Aires con insignias del peronismo para verificar la vigencia de ese odio recalcitrante contra lo popular, lo democrático, lo nacional, que el movimiento nacional expresa. Aún así, con décadas encima de experiencia política, no solo hay que preguntarse por la vigencia del odio sino por la persistencia política de esta “intrusión”. Los seguidores del peronismo y su doctrina lo han hecho desde una inquebrantable fe.  Han continuado su marcha con la plena certeza de ser portadores de un mensaje profundamente disolvente: en la Argentina oligárquica, de la “civilización aristocrática” que fundaron Mitre y Sarmiento no hay más lugar para el privilegio. Solo importa una sola clase de hombres (y mujeres): los que trabajan.

El peronismo ha sido (y es) fustigado tanto por el individualismo liberal como por su contracara la izquierda cavernícola incapaz de comprender las especificidades nacionales. El peronismo intentó superar ambos paradigmas quebrando el carácter dialéctico de la historia. No es la supresión de esos términos de la ecuación sino su superación por una instancia política que postula la trascendencia de los hombres y mujeres reconocidos en su subjetividad pero con un fin: la felicidad de la comunidad organizada mediante el trabajo. En la sencillez de esta ecuación alcanzable reside el potencial liberador e igualador del movimiento fundado por el General Perón. No hay aniquilación, solo superación. No hay subordinación al mercado, ni al partido, ni a la historia. Los hombres son guiados por la construcción de la felicidad del Pueblo y la grandeza de la nación. En su prédica Perón apostó por el tiempo antes que por la sangre. Porque el peronismo es un movimiento humanista que coloca al sujeto trabajador en el centro de su despliegue histórico.

En las antípodas de nuestro movimiento, con una lucha no menos heroica, el comandante Ernesto Guevara llevó su propia lucha a la selva boliviana con un mensaje similar. Recordarlo como patriota latinoamericano fundando la democracia socialista en la enorme isla de Cuba habla de la vocación libertaria del continente latinoamericano y de su propia solitaria lucha frente al imperialismo norteamericano. El carácter profundamente latinoamericano de la revolución socialista cubana no la ha liberado de sus detractores de izquierda, los mismos que combaten al peronismo y que nunca dudaron en alinearse con sus verdugos. La temprana muerte del comandante Guevara el mismo día que el nacimiento del General Perón es una poderosa coincidencia y una nada desdeñable señal para poner en diálogo al guevarismo con el peronismo en su vocación igualitaria.  Ambos movimientos luchan heroicamente por defender algún destello de humanidad frente a la catástrofe civilizatoria a la que nos arrastra la ciega fe en los mercados.

Que este recordatorio se haga el mes del 17 de octubre frente a las primeras elecciones que afronta el gobierno de la Alianza Cambiemos renueva las certezas con que emergió el peronismo: nada bueno puede salir de la Alianza entre el mercado financiero y la aristocracia vacuna prebendaría argentina. En ese sentido las elecciones de primer término expondrán las contradicciones de una sociedad demasiado permeable a la inmediatez y  a las burbujas especulativas. Ratificarán lo señalado desde el primer momento por nosotros: no estamos frente a un nuevo y dinámico partido conservador, sino que asistimos a la opulenta rebelión de la aristocracia vacuna nativa, dispuesta a aniquilar las condiciones que permitieron el nacimiento del Estado de Bienestar  Peronista. Como verdaderos heraldos del privilegio, construyen una nueva hegemonía en la que subyace como principal postulado recuperar los privilegios cuya disolución dieron origen a la sociedad más igualitaria de Latinoamérica con la llegada de nuestro movimiento político. Como herederos monárquicos en el exilio rumean por sus abyectas prerrogativas  conculcadas por la construcción de la sociedad democrática. Pero sobre todo, estas elecciones,  pondrán en discusión la necesidad de la reconstrucción del proyecto nacional y popular de cara a las próximas décadas para reconstruir la nación. Como lo hacemos desde el 17 de octubre de 1945 ahí estaremos.

Atilio López

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