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Mucho se ha escrito sobre la irrupción del Peronismo en la vida política argentina aunque no se han agotado las interpretaciones sobre su magnitud, importancia y trascendencia. Sus enemigos han utilizado todos los medios posibles para eliminarlo, cooptarlo o neutralizarlo, sin embargo una sobrenatural resistencia a la infamia lo ha colocado en el lugar de movimiento político redentor. La persistencia del peronismo desde el 17 de octubre de 1945 habla de un movimiento para el cual no existen definiciones ni categorías que lo aborden completamente porque, precisamente, la característica central es su desmesura política.

Como movimiento de masas ha confrontado con los dueños del poder en la Argentina y ese enfrentamiento irreductible logró absorber el odio y la violencia de quienes han visto conculcado sus privilegios. Nuevamente esa desmesura ha logrado que el revanchismo y la venganza sean inútiles pues solo lo cohesiona y da sentido a su acción colectiva. El peronismo tiene la capacidad de generar la densidad necesaria que hace imposible sustraerse a la masiva gravedad emocional que su comportamiento instituye.

El multitudinario acto recordatorio del Día de La Lealtad encabezado por la ex presidenta y candidata a senadora por Unidad Ciudadana, Cristina Fernández de Kirchner ayer en el estadio de Racing Club, ha vuelto a reinstalar las condiciones políticas que permitieron la irrupción el 17 de octubre bajo el signo de la Lealtad como categoría orientadora de su acción política.

¿Lealtad a qué? ¿Lealtad a quienes? Lealtad al programa político de los trabajadores expresados en la fórmula política fundacional del peronismo: Justicia Social, Independencia Económica y Soberanía Política. Lealtad a las compañeras y compañeros que impulsen y defiendan este programa: Perón, Evita, Néstor, Cristina que son los nombres de quienes expresaron y expresan la vocación nacional popular y democrática.

La historia ha puesto nuevamente al peronismo como depositario y heredero de las tradiciones políticas más democráticas e igualitarias para enfrentar al reorganizado bloque de poder que va por su tercer experimento neoliberal anunciado y fallido (los anteriores fueron el de la dictadura genocida y el del menemismo- Alianza que detonó en el 2001).

Al quebranto social e institucional que nos conduce la irresponsabilidad, la incompetencia y la codicia de los principales actores económicos de la Alianza Cambiemos, deberemos oponer con todas nuestras energías la vocación para reconstruir la nación y terminar definitivamente con el comportamiento pendular que nos lleva desde las experiencias populares hacia las destructivas políticas antinacionales del poder financiero y terrateniente.

Atilio López

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