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Latinoamérica en general,  y Argentina en particular, han sido laboratorios sociales de experiencias extraordinarias. Formidables ensayos en la búsqueda de sociedades más justas, abandonando los tradicionales patrones de saqueo cuando las oligarquías nativas del siglo XX reinaban en territorio americano, como el socialismo cubano de matriz leninista, la Vía Chilena al Socialismo ensayada por Salvador Allende, el Petismo de Lula, el Justicialismo de Perón seguido por Néstor Kirchner y Cristina Fernández , el Evismo boliviano y el Chavismo venezolano o el Correísmo ecuatoriano. Algunas de ellas trascendieron y resistieron el paso del tiempo. Otras aguantan las sucesivas ofensivas esperando que cese el vendaval de conservadurismo que azota estos territorios. También ha habido experiencias horribles de dolorosas consecuencias como el caso chileno y argentino que, dictaduras militares mediantes, impusieron las regresivas matrices neoliberales antes que las ensayaran Ronald Reagan en EE.UU y Margaret Thatcher en UK.

La incesante búsqueda de nuevas formas de inclusión política debió colisionar con diseños políticos que protegían los privilegios de los poderosos o hacían infranqueable cualquier reformismo positivo social. Los gobiernos llamados posneoliberales emergentes del holocausto social dejado por el neoliberalismo parido por el Consenso de Washington fueron rápidamente anatematizados como “populistas” cuando no directamente se hablaba de “dictaduras”.

La recurrente y heredada categoría europea de populismo, que los analistas políticos agitan con clara intencionalidad denigratoria, buscan equiparar a los movimientos nacionales populares latinoamericanos con los agresivos nacionalismos europeos que alumbraron el fascismo italiano y el nazismo alemán. Semejante desmesura, cuando no supina ignorancia, no debería sorprender. El peronismo o el chavismo son las expresiones políticas de los trabajadores y no sus enemigos, pero cualquier aclaración, por benevolente que sea, choca contra la abigarrada y raquítica prédica de los “censores republicanos” herederos de la teoría política europea.

“Represento lo que ellos desean (Mauricio Macri)”

Sin embargo, en la región asistimos a un nuevo, y peligroso, ensayo social. Tanto los actuales gobiernos de Brasil, como de Argentina buscan implementar un nuevo diseño institucional que logre revertir la progresividad de las reformas sociales acumuladas durante décadas. Los derechos logrados por la incesante lucha de los trabajadores son considerados “privilegios” por los cultores neoliberales que no cesan en denunciar que toda regulación es un obstáculo a las “fuerzas del mercado”.

La división de poderes inspirada por Montesquieu[1] y pilar de las modernas repúblicas, declamada durante años por los ahora gobernantes, se ha revelado como una ilusión que fue volatilizada al calor de los sucesivos triunfos electorales de la Alianza oficialista. Aquello que era señalado como un rasgo inocultable de la ausencia de garantías que caracteriza a una dictadura cuando se hablaba de Venezuela, hoy se festeja sin pudor alguno. La sucesión de secuestros ilegales ordenados por sumisos jueces sobre funcionarios o militantes del anterior gobierno ha evaporado el Estado de Derecho poniendo a la sociedad argentina en el umbral de la detención preventiva. La paradójica conversión de  la libertad de mercados financieros y fuerzas productivas a las que se desea liberar en toda su potencialidad eliminando cualquier regulación que “entorpezca” su funcionamiento tiene su contrapartida en la restricción de la libertad de los ciudadanos y ciudadanas. Para ello se han valido de la suma del poder público.

El “Reformismo Permanente” no es sino una de las tantas frases publicitarias para designar el comportamiento de un gobierno autoritario que desconoce resoluciones de la Corte Interamericana como de las Naciones Unidas. En su despliegue brutal de encarcelamiento de ciudadanos y ciudadanas sin las más mínimas garantías que deben asistirlas, se encuentra la inversión de la doctrina judicial de presunción de inocencia. La impunidad de las acciones con que se maneja el gobierno de la Segunda Alianza ha totalizado el Estado convirtiendo a la sociedad democrática en un festival de persecución y linchamiento medieval[2].

Bajo la pantalla de la amabilidad y los buenos modales la Segunda Alianza totaliza las relaciones de poder y disciplina a los actores sociales con responsabilidad institucional. Opositores políticos, gremialistas o militantes de derechos humanos son víctimas de una persecución desaforada e intimidante que solo busca amedrentar. Si la sociedad argentina conoció el disciplinamiento por la Hiperinflación o la Hiperdesocupación, hoy asistimos a un nuevo disciplinamiento: el de la Hiperjudicialización. El Código penal que debiera ser utilizado con la mesura y responsabilidad que implica comprometer la libertad y honor de las personas, y atento a la salvaguarda que ofrecen las garantías constitucionales, es utilizado como un arma sicaria.

Cuando Arthur Miller escribió las “Brujas de Salem[3] representó el opresivo clima de época de las persecuciones desatadas por el senador Joseph Mc Carthy en la búsqueda de agentes comunistas infiltrados en la administración del Estado norteamericano. Pocas veces se recuerda con tanta vergüenza y dolor las humillaciones infligidas por el delirante régimen de persecución del senador Mc Carthy. Que eso haya ocurrido en democracia habla a las claras de las severas limitaciones que posee el sistema cuando la paranoia y el delirio gobiernan el juicio de los funcionarios. El régimen plutocrático que hoy totaliza a la sociedad argentina recrea la misma atmósfera de opresión de quienes gobiernan los asuntos públicos con arbitrio y bajo el reino de la venganza.

No deja de ser curioso que un régimen que se presentó como la panacea de transparencia republicana sea denunciado por detenciones ilegales, por encubrimiento en la desaparición forzada de Santiago Maldonado, por evasión y lavado en diversos paraísos fiscales. Evidentemente no recuerdan la frase completa de Joseph Schumpeter sobre el carácter innovador del capitalismo como de “destrucción creativa” que caracterizaba al crecimiento económico. Se quedaron solo con la primera parte. Tal vez sea solo eso, un régimen de destrucción exclusivamente. La adopción de nuevos modelos laborales por parte de Brasil y Francia se entiende en el marco de la crisis de producción que se arrastra desde 2009. En el país que diseña la Segunda Alianza, de desfinanciación del Estado y de revolución de ricos donde se subsidia a los sectores más opulentos de la sociedad y aumenta la carga impositiva sobre el consumo, es una inversión del Estado Inclusivo de los últimos años. La ablación de derechos a los que el Club de Evasores gubernamentales llama reforma laboral no se entiende en un país que desalienta la producción y estimula la bicicleta financiera excepto para debilitar la capacidad combativa de los gremios.

En ese sentido la inhóspita recepción por parte del gobierno norteamericano a la comitiva,  que encabezó personalmente el presidente argentino solo puede mostrar las enormes dudas que genera una administración que afirma

“La pregunta que me hacen acá es si las reformas van a ser duraderas. Y les contesto que sí, que por primera vez siento que los argentinos hemos aprendido de nuestros errores, que sabemos que hay que terminar con las estafas, la corrupción. Represento lo que ellos desean”,

dijo el Presidente ante más de un centenar de hombres de empresa reunidos en la sede central del Consejo de las Américas, en el corazón del centro financiero internacional (M.M, 8/11/2017)[4]

Que solo se haya reunido con el ex alcalde de Nueva York Michael Bloomberg habla con claridad de la importancia que le asigna la administración Trump al presidente argentino. Es dudoso que alguien quiera aparecer en una foto saludando a Macri en momentos donde se vuelven a ventilar los vínculos con nuevos paraísos fiscales. Aquellos que querían traernos al mundo nuevamente ahora lo hacen de la mano de la Internacional Evasora. Un nuevo desafío tenemos en ciernes.

En momentos como este es necesario repetirlo hasta el cansancio solo la Unidad de las fuerzas nacionales patrióticas pueden salvarnos. La unidad de los trabajadores ocupados y desocupados. Es la hora de la lealtad a nuestros hermanos y hermanas. Como parte del Movimiento Nacional Peronista no podemos dejar de recordar la frase del General Perón:

El Movimiento tiene enemigos de afuera y enemigos de adentro: quien no lucha contra el enemigo, ni por la causa del pueblo, es un traidor. Quien lucha contra el enemigo y por la causa del pueblo es un compañero; y quien lucha contra un compañero es un enemigo o un traidor. (JDP)

Atilio López

 

Referencias

[1] Montesquieu, Barón de http://bibliotecadigital.tamaulipas.gob.mx/archivos/descargas/31000000630.PDF

[2] http://www.lanacion.com.ar/2080222-los-limites-de-la-prision-preventiva

[3] Miller, A. http://www.todosalteatro.org/file/MaterialContent/44/brujas_salem_obra.pdf

[4] http://www.lanacion.com.ar/2080314-macri-respondio-sobre-las-reformas-y-admitio-temas-pendientes-con-eeuu

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