La Miseria del Mundo es un texto de Pierre Bourdieu hecho en base a entrevistas personales en la década del ´90. En ese libro se analizan las consecuencias del neoliberalismo en Francia. Entre los primeros hallazgos de ese texto puede registrarse el creciente clima de una individualidad exacerbada y su comportamiento explicito: la desafección personal no solo sobre los desconocidos sino incluso para los propios.

El abandono de los mayores, las divisiones urbanísticas en función de las clases sociales, el acceso a escuelas y hospitales restringido, la estigmatización del diferente son los síntomas evidentes de un régimen obsceno del sálvese quien pueda y la abdicación del Estado benefactor inclusivo. Nuestro país lo conoció en los ´90. Sus consecuencias fueron devastadoras. El mejor alumno del FMI terminó en la hoguera de una miseria desconocida hasta ese entonces.

Los Miserables de Víctor Hugo nos habla de la restauración monárquica en el siglo XIX entre 1815 – 1848 y los intentos revolucionarios de 1832 y 1848 que llevará a Marx y Engels a describirlas en el lugar de los hechos y que les permitiera acuñar la frase “la historia se repite dos veces, una como tragedia y la otra como farsa”. El XVIII Brumario de Luis Bonaparte fue el producto de esas terribles vivencias sobre todo en la dinámica revolucionaria.

Víctor Hugo describió el estado social de pauperización de la población y la ruina que sacudía a los habitantes de Francia en esa época. Sin embargo lo más destacable era el egoísmo como nuevo paradigma de un modelo que hacía del individuo aislado, racional y solitario el agente del cambio que promovía la burguesía en ascenso. El neo liberalismo es, como los virus responsables de tantas pestes y tragedias, la variante más letal y agresiva. Una enfermedad que promueve desde la individualidad el peor comportamiento, precisamente porque alienta la supremacía del sujeto por encima de cualquier relación social. Estimula la vanidad, la codicia y el egoísmo a niveles destructivos. El neoliberalismo no promueve ninguna responsabilidad social porque niega cualquier comportamiento macro social. Los pobres son producto de sus propias malas decisiones y cada trabajador es responsable de su destino porque no eligió bien a la patronal que lo explote como corresponde, según las declaraciones de un ex aficionado del marxismo leninismo devenido comunicador del multimedios Clarín. Ese es el espíritu de época. Nadie lo pudo haber sintetizado tan miserablemente bien.

La violencia de un régimen semejante solo puede manifestarse con un creciente número de víctimas que mueren en las calles por falta de vivienda, medicamentos o por exceso de trabajo de los contingentes de migrantes que son explotados impiadosamente o perseguidos por las fuerzas de seguridad que solo ven delito en el migrante o sus hijos. El exterminio del diferente es una de las consecuencias de la delegación en el mercado de la organización social. En el reino de la venalidad la vida se transforma en mercancía o desecho y el distinto un enemigo al que exterminar o un sospechoso que solo merece el encierro “preventivo”

El cambio de régimen de nuestro país en su conversión de Estado de derecho a sociedad de mercado, muestra con claridad la absoluta irresponsabilidad que ante sus propios actos de gobierno los funcionarios de la Alianza Cambiemos, abandona el principio de gobierno al negar el vínculo entre actos y decisiones tomadas. Desde el 10 de diciembre de 2015 con la Alianza Cambiemos en el gobierno las fuerzas federales y provinciales han construido el marco necesario de intervención violenta bajo el estricto control político de Macri, Marcos Peña y Patricia Bullrich. En este contexto ninguna fuerza federal carga cartuchos con postas de plomo si no se les ordena que así lo hagan. Ningún organismo dispara a matar o desaparece ciudadanos sino recibe directamente la orden y las garantías de impunidad. Ese es el nuevo paradigma de seguridad.

La relación es clara. Si la sociedad de mercado asesina con sus políticas económicas genocidas ¿por qué el Estado no habría de asesinar directamente ya sea con armas o con desidia? En ese pasaje de un modo en que la construcción ciudadana promovida hasta 2015 cada sujeto tenía derecho a tener más derechos, a esta nueva configuración donde solo una minoría codiciosa, rapaz y criminal puede tener derechos, tiene dolorosas consecuencias.

La incertidumbre que invade todos los ámbitos de la sociedad recrea, como en una sórdida historia, el paroxismo en la desaparición de personas como portadores de derechos o de los derechos mismos.

Desaparecen jóvenes como producto de una brutal represión, desaparecen marinos como parte de una trágica trama que no termina de develarse. Desaparece el trabajo y desaparecen las jubilaciones. Desaparecen los derechos laborales y desaparece el fuero laboral. Desaparece la educación y desaparece la salud. Como en la trama del XVIII Brumario la historia vuelve a repetirse pero no como comedia. No hay nada de cómico. La historia argentina ha tenido el extraño merito de refutar a Marx. Aquí las historias se repiten y no parece que haya alguna astucia de la razón como proponía Hegel.

Solo para no abandonar en manos de la desolación la lucha, retomamos a Hegel en su famosa dialéctica del Amo y el Esclavo que colocaba la salvación en manos del esclavo. Como una increíble paradoja solo los desheredados, los condenados de la Tierra, los extranjeros, el radicalmente otro como decía Lévinas poseen la superioridad moral y la capacidad para revertir el actual estado de cosas. Porque la impiadosa sociedad que nos propone el neo liberalismo no es solo un cambio de régimen de acumulación sino una amenaza civilizatoria. Enfrentarla no es una opción. Es el único camino que nos queda para restaurar el régimen humanitario del Estado de Derecho.

Atilio López

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