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El poderoso ciclo de movilizaciones expresado en los últimos días de diciembre, incluidos los “cacerolazos” en este larguísimo 18 de diciembre prolongados en la madrugada, no nos habla de la emergencia espontánea de una sociedad solo indignada por el saqueo previsional, sino la continuidad iniciada a comienzo de año con las formidables manifestaciones hechas por los trabajadores y trabajadoras, en rechazo a las políticas antipopulares de la actual administración de la Alianza Cambiemos[1].

Ninguna expresión social surge de “la nada” sino que es precedida casi siempre por luchas, a veces abiertas a veces ocultas, que preparan la emergencia explosiva de movimientos sociales detonadas por alguna particularidad, pero que expresan profundas demandas, frustraciones o decepciones, que en algún momento coinciden históricamente y ganan el territorio de la política: el espacio público. La desmesurada pretensión de reducir la conflictividad social a un debate parlamentario es desconocer las poderosas fuerzas que se alinean de un lado o el otro. La sociedad argentina tiene una larga tradición combativa callejera y sabe que los conflictos no solo se ganan o disputan en el recinto legislativo sino, y sobre todo, en la calle. Desconocer esta elemental ecuación conduce a groseras apreciaciones y negarla es suicida.

El enorme conjunto de movilizaciones protagonizadas por los organizaciones sociales, sindicales y de derechos humanos en este año, como por ejemplo la colosal manifestación de la aplicación  de la ley 24390 a los delitos de Lesa Humanidad  conocida como 2X1, gatilló una explosión popular de repudio que dejó atónito al gobierno y a la Suprema Corte de Injusticias encargada de refrendarla[2].

También debe mencionarse el creciente y palpable clima represivo que cuenta con el beneplácito gubernamental y el descontrol de las llamadas fuerzas de seguridad. Las infinitas imágenes de policías atropellando, golpeando, gaseando con superlativa dedicación a los asistentes de las marchas, habla del descontrol de las fuerzas que no solo se autogobiernan sino que con cada palazo suman a nuevos manifestantes mediante la fuerza esclarecedora de los bastones. A este complejo panorama debe sumarse el desahucio económico que impulsa la alianza gobernante con brutales ajustes y una transferencia de ingresos desde los sectores populares hacia los más ricos con toda clase de exenciones tributarias y prebendas. Hemos pasado del subsidio de la demanda para el consumo popular al subsidio de la opulencia de los ricos.

La evidente y burda maniobra del oficialismo cuenta con un inmenso poder de extorsión y apriete que posee la capacidad de imponer su voluntad derivada del presidencialismo heredado del siglo XIX. En nuestro país conviven tres subunidades políticas que integran el área territorial del Estado nacional. Una de ellas la vencedora de la guerra civil y fundadora del Estado nacional moderno propietaria del área más fértil y rica del país, liberal y agroexportadora. La segunda, derrotada en la guerra civil, subsumida y dependiente de las políticas de Buenos Aires, correspondiente al norte empobrecido. Y una tercera al sur de la pampa húmeda colonizada y anexada en las campañas militares de 1880. Estas breves referencias son importantes para entender la lógica del diseño institucional del presidencialismo argentino.

No entender las diferencias de recursos que enfrenta tanto la zona derrotada como la colonizada, respecto de la zona próspera, equivale a desconocer las enormes desventajas que enfrentan las regiones más pobres del país. Como derivada de esta implacable lógica de recursos el “interior” debe abordar políticas de desarrollo que las autonomice y oscilar entre el infierno y el calvario la relación con Buenos Aires. En esta situación precaria, conflictiva e inestable se inscribe el vínculo político de Buenos Aires con el resto de las provincias. Las consecuencias lógicas de esta relación se vuelca al sistema de partidos políticos, algunos tributarios de la hegemonía bonaerense y otros enfrentados a la dominación del centro portuario que acumula la mayor cantidad de recursos simbólicos y materiales de la nación.

En ese antagonismo coinciden las diferentes expresiones políticas provinciales. Independientemente de la pertenencia partidaria o movimientista los senadores y diputados de las provincias deben entrar en difíciles componendas que permita en primer término la sobrevivencia política de la fuerza que no coincide con el signo de la presidencia nacional. Solo aquellas provincias opositoras que poseen los recursos económicos o una administración ordenada pueden aspirar a ciertos márgenes de autonomía. El resto están condenadas a un alineamiento condicionado para no terminar en un enfrentamiento que obligue a la intervención federal o al incendio político por estrangulamiento económico. En esas condiciones senadores y diputados representantes de provincias de distinto signo político deben negociar apoyos a cambio de fondos. La historia política argentina está habitada casi exclusivamente por este enfrentamiento.

Lejos de inscribir los conflictos en los atributos morales de los legisladores o sus convicciones ideológicas, hay que colocar el comportamiento legislativo bajo la dura materialidad de la hegemonía porteña. El peronismo tampoco escapa a esta lógica. No lo hizo en el pasado, no lo hace en el presente. Frente a esta disparidad de recursos y la gigantesca centralidad del presidencialismo argentino analizar la política desde categorías morales hace estéril el análisis. Pensar en términos de lealtad  o traición  dicotomiza la discusión quitando la complejidad que debe acompañar el análisis.

No es nuestro interés exculpar a los legisladores peronistas que votaron el saqueo previsional impulsado por el gobierno nacional. El comportamiento debe evaluarse en el marco de la centralidad de Buenos Aires y el control hegemónico que la Constitución concede al primer mandatario. Es decir, abordar dentro de estos parámetros las relaciones entre Nación y provincias es indagar sobre el esquema de dominación material y simbólica que el Estado Nacional impone como expresión de unidad política.

 La dura interna desatada, aun por los mismos legisladores conocedores de la dura realidad de la representación legislativa, al interior del peronismo es un enorme triunfo político del oficialismo que se encarga de dividir a la única fuerza política con capacidad de disputar el poder. El ensañamiento del oficialismo con los dirigentes peronistas o pan peronistas es pura sobrevivencia. Alimentar la interna y enfrentar a los propios es un mérito del gobierno que no duda de su identidad política aunque sus tradiciones políticas pertenezcan a un conglomerado heteróclito. Sin embargo el conjunto opositor debe superar todos los días las pruebas del ácido de pureza ideológica o moral a la que es sometido. La única forma de romper esa lógica es comprender la política como correlación de fuerzas. En ese sentido construir la unidad para desalojar del poder hiperpresidencialista a la Alianza Cambiemos exige la inversión de la ecuación, debilitar a la alianza gobernante y sumar la mayor cantidad de fuerzas posibles para romper el esquema de dominación al que somete el gobierno a la oposición provincial. Independientemente de las condiciones morales de los integrantes. Algo que no solo no suma sino que debilita frente al enemigo común: la oligarquía nativa diversificada.

La enorme respuesta popular de este diciembre es una muestra de cómo comenzar a construir el regreso. Un amplio arco opositor que agrupe lo sindical, lo político y lo social será la condición necesaria, aunque no suficiente, para ese regreso. Esto recién comienza. Será necesario apelar a la inteligencia y a la generosidad para ese regreso o seguir por el estéril camino de la arrogancia y hedonismo de los “puros”. En la esencia de la democracia agonal se encuentra el enfrentamiento y la fuerza. La competencia entre “virtuosos” puede habitar el mundo de los sueños pero nunca el territorio de la política mucho menos sagrado y extremadamente árido.

Atilio López 

 

Referencias

[1] https://cabecitas.org/2017/03/07/la-bisagra/

[2] https://cabecitas.org/2017/03/07/la-bisagra/

 

 

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