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El inicio de sesiones legislativas en el Congreso Nacional  este 1° de marzo de 2018 por el actual presidente Mauricio Macri fue ilustrado por una fotografía ampliamente difundida en medios y redes, en las que se observa al titular del ejecutivo saludando a una plaza absolutamente vacía de las multitudes que hasta pocos años atrás colmaban la plaza del Congreso para acompañar la misma ceremonia. El hecho presentado como uno de los habituales bloopers del actual presidente de la nación –que con dedicación y esmero sobrenatural se supera en su capacidad para generarlos– puede ser interpretado como de una estudiada gestualidad. Si hay algo que ha caracterizado al presidente de la nación en sus presentaciones públicas es la ensayada austeridad de estos actos. Un pequeño grupo de personas, muy pocas, y una serie de oraciones que tranquilamente podrían ser emitidas por cualquier parroquiano en un bar. Vaguísimas referencias a la situación y alguna anécdota futbolera como para amenizar. Punto. No hay más.

La marcada diferenciación con las vociferantes multitudes del “populismo” y las extensísimas  piezas oratorias de Cristina Fernández, de una calidad sin precedentes, contrastan con el impostado ascetismo republicano que Cambiemos intenta transmitir. En ese marco de análisis el saludo a la “nada” es coherente. Parece que el mensaje a transmitir es “no necesitamos de las masas del populismo. No nos importa”. Sin embargo el gélido gesto retratado en la fotografía agiganta ese simbolismo. Todos saben que “eso” que no se quiere ver ni nombrar está ahí. Esa ausencia impuesta se convierte en una presencia amenazadora, aterradora, a partir de ese gesto gélido, no guionado, no calculado, que daría sentido y anticiparía la irrupción de una segunda escena temida que asumiría las características de algo traumático. No quedan dudas que el pueblo, el sujeto del populismo, es referenciado en esa deliberada ausencia como un miedo visceral que el vallado, miles de agentes de seguridad, y el blindaje (material y simbólico) agigantan hasta la nausea.

La operación de vaciamiento simbólico que la Alianza gobernante intenta imponer tiene muy presente las movilizaciones de diciembre cuando se sancionó la reforma previsional y la más reciente convocada por un heterogéneo conglomerado de organizaciones y que tuvo a Hugo Moyano como uno de los referentes sindicales de peso. Esa movilización gigantesca de organizaciones sociales, políticas, sindicales (las dos CTA, la Corriente Federal y parte de la CGT) es un poderoso ariete para golpear la legitimidad de las políticas de ajustes que el oficialismo impulsa. El gobierno lo sabe e intenta ningunear la paliza que la movilización popular le propina en cada ocasión. Cambiemos perdió hace tiempo la calle y solo atina a negar esas realidades.

Las lecturas que pueden hacerse sobre esa enorme movilización son variadas más allá de las hechas por el gobierno que intentan invisibilizarlas. La primera es la confluencia de fuerzas estrenada en diciembre materializada en la unidad callejera que tendrá continuidad en las próximas movilizaciones. La interna sindical que logró partir a la CGT en un conjunto de gremios que serán el nuevo actor de los próximos meses es uno de los datos sobresalientes de la jornada. Colocar al líder de camioneros frente a semejante multitud rodeado de adversarios del gobierno está entre las imágenes de pesadilla que el gobierno nunca hubiera querido ver. Hacia la interna cegetista posicionó a Moyano como un líder con capacidad para movilizar multitudes algo que ningún líder sindical está en condiciones de hacer y mucho menos para disputar el control callejero a favor del gobierno. Tercero: el gobierno no conforme con su infantil gesto de taparse la cara para no ver aquello que tanto teme, colocó en la boca de su más verborrágico ministro, Marcos Peña –que posee una gigantesca capacidad para dispararse en el pie en cuanta ocasión tiene emulando a su jefe político con el cual compite en sandeces—una frase antológica: “en el palco faltaba Cristina Kirchner[1]” regalando así la organización masiva del acto a su principal competidora. Auto-knockout. Finalmente el imponente y estéril aparato de represión montado en diciembre por la ministra de seguridad Patricia Bullrich mostró su inutilidad. No intimidó a nadie y provocó una asistencia multitudinaria dos meses después sin que importe el grado de locura y letalidad que estén dispuestos a ejercer para contener la protesta social.

Si el intento del gobierno fue deslegitimar el acto, el número de asistentes refuta esa lectura y si intentó colocar una cuña en las organizaciones lo único que provocó fue fortalecer el acercamiento sindical con la actual senadora y ex presidenta de la nación ampliando la alianza política gremial.

La notable confluencia política y sindical de sectores muy divididos dota a la política argentina de un elemento impensado que fortalece el inminente ciclo de movilizaciones que empieza en marzo. En este dinámico proceso de lucha social, marzo siempre es un mes agitado y masivo. Las próximas movilizaciones, la del 8 y  24, serán sin ninguna duda extraordinarias. El desafío lanzado en la calle a la acción represiva estatal será uno de  los datos más estentóreamente significativos. El incremento de ejecuciones extrajudiciales, alentado y festejado por el gobierno, sumado a la cantidad de femicidios serán catalizadores de ambos actos y un límite a la barbarie y locura del conjunto de evasores off shore que ocupa el gobierno.

Deberían tomar nota de las lecciones de la historia argentina, algo muy improbable para quienes solo se ocupan del lavado y evasión de dinero, para observar que la dinámica política argentina siempre construye desde la acción colectiva nuevos modos de impugnación. El creciente clima opositor a solo seis meses del triunfo electoral, con una clara inflexión en diciembre no habilita un horizonte despejado para el oficialismo. Todo lo contrario, es probable que la errática conducta de vaciar de sentido las expresiones populares por parte del Poder Ejecutivo dote de nuevos universos simbólicos a la lucha popular. Tal vez ese silencio artificial que la alianza gobernante intenta construir en su aislamiento oculte el más estruendoso e inesperado  de los acontecimientos.

Atilio López

 

 

Referencias

[1] https://www.lanacion.com.ar/2111265-marcos-pena-la-unica-que-falto-en-el-palco-de-la-marcha-fue-cristina-kirchner-quien-lidera-intelectualmente-al-grupo

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