#8M: Hacia un nuevo Paro Internacional de Mujeres

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La fantasía de un feminismo planetario, que pretende cada vez con más fuerza transformarse en  una realidad, se configura como el motor de esta nueva convocatoria al Paro Internacional de Mujeres. Aunque haya sitios en el mundo donde no hay lugar para ningún tipo de expresión en este sentido, es desde donde la manifestación y la lucha son posibles, que como mujeres decidimos ocupar las calles para reclamar y de esta forma interrogar y romper el paradigma que la estructura de dominación patriarcal impone desde hace milenios.

La convocatoria esta vez, refuerza consignas que toman cada vez mayor visibilidad. A la exigencia de políticas públicas para frenar los femicidios, se suman los reclamos que pretenden mostrar las diversas formas de desigualdad y violencia cotidiana que tocan cada movimiento de nuestras vidas. Las consignas reflejan la decisión de pasar por un tamiz que interrogue todo aquello que desde siempre fue naturalizado y enquistado en nuestra sociedad y que nos ubican como sujetos privados de derechos. Adquiere protagonismo en esta convocatoria el reclamo por la legalización del aborto, que ingresa en el Congreso entendiendo al mismo como una problemática de Salud Pública y que no se produce desde un “marcado de agenda” como algunas lecturas deslizan, sino como el resultado de la lucha popular. También en este 8M se introduce con fuerza la decisión de hacer visibles los crímenes contra las mujeres trans bajo la consigna: “Paro de Mujeres, Lesbianas, Travestis y Trans”.

La agenda de las mujeres hoy toca cantidad de cuestiones naturalizadas por siglos. Desde la más brutal y visible violencia de los femicidios, hasta aquella solapada en cada uno de los actos cotidianos, hay una firme decisión de no dejar afuera ningún aspecto ni conducta, gesto o palabra que la lógica de la estructura patriarcal consolidó por milenios. La desigualdad en el campo laboral y salarial, la falta de paridad en el campo de la política, el cuidado en los hogares, la crianza de los hijos, la maternidad, el aborto, los usos del lenguaje, la estructura de los discursos, los modos de adjetivar y de nombrar, los improperios, la gramática, el discurso amoroso, las formas del amor. Interroga e interpela también lo masculino, y el estereotipo del macho se pone en cuestión, porque el ser hombre y el mandato de masculinidad guardan en su espíritu un bastidor normativo, que es una determinación organizada también desde el patriarcado.

Las manifestaciones del Día Internacional de la Mujer adquieren una intensidad cada vez mayor y se organizan como el escenario de conquista popular de un gran colectivo vulnerado en el acceso a los derechos por siglos. Nuestros cuerpos alojan las marcas de las injusticias escritas a través de los siglos, que el poder y la primacía de lo masculino han construido en una maquinaria de subjetivación excluyente.  Validando una lógica de discriminación ancestral, ha funcionado y sigue funcionando como el resorte de la represión, el dolor, el castigo, el horror y la muerte. Nuestros cuerpos siguen cargando hoy, con la peor parte de lo que esa lógica produce.

Si paramos las mujeres se para el mundo. Así el sujeto Mujeres como colectivo emergente desafía el orden dominante y busca quebrar un paradigma ancestral. La valentía ha sido parte de nuestra historia, fue necesaria para enfrentar el poder de sociedades patriarcales, machistas y misóginas Hoy vamos por la ruptura de esa lógica, vamos por la libertad. No queremos ser valientes. Queremos ser libres. Las mujeres ocupamos las calles, expresamos que queremos vivir en condiciones de igualdad y que no estamos dispuestas a pagar con nuestras vidas y con nuestros cuerpos el precio que impone el patriarcado.

 

Alicia Eguren

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