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“Estas son las últimas cosas –escribía ella—Desaparecen una a una y no vuelven nunca más. Puedo hablarte de las que yo he visto, de las que ya no existen; pero no dudo que haya tiempo para ello. Ahora todo ocurre tan rápidamente que no puedo seguir el ritmo”
(Paul Auster, “El país de las últimas cosas”)

Cierta sensación abismal habita a la sociedad argentina dando razón a aquella frase que universalizó Karl Marx “todo lo sólido se desvanece todo lo sagrado se profana”. El formidable triunfo popular, impulsado y militado por las mujeres, demolió el patriarcado construyendo una sociedad más justa y menos vergonzante. Solo el esfuerzo tenaz de generaciones de mujeres pudo construir una sociedad con más derechos, menos vulnerable, más inclusiva, menos feroz.

Como en el cuento de Paul Auster el orden patriarcal vigente que normalizaba el cuerpo de las mujeres está desapareciendo aunque persistan sus manifestaciones más crueles. Luego de  las primitivas intervenciones tan disuasivas de diputados y diputadas que defendían “las dos vidas” provocaran la estampida hacia el voto afirmativo, el partido del Mercado pudo saborear la revancha con la enésima devaluación del “mejor equipo de los últimos 50 años” que ha logrado el record de devaluación del peso frente al dólar.

Desaparece la ilusión de un orden económico neoliberal a contra mano de las tendencias proteccionistas mundiales. Desaparece el sueño de un reinado conservador tan rapaz como inepto. Desaparece la posibilidad de continuar un programa económico fantaseando con slogans y marketing que postula crecimientos invisibles, aumento de empleo y disminución de pobreza.

Como lo hemos reiterado en numerosas oportunidades, el porvenir de las oligarquías nativas que refrendaron hace sólo ¡nueve meses! el mandato de  continuidad naufragó con la incompetencia del gobierno que no pudo disimular su chapucería frente a la desaparición del submarino San Juan y la sanción de la reforma previsional de diciembre sacada a fuerza de gases y bastonazos[1]. Todos esos elementos se han conjugado entre sí para facilitar la caída del telón junto al escenario para dejar a la intemperie al bandidaje de la peor calaña que ocupa Balcarce 50 y aledaños.

Todo ha sido trastocado por una formidable movilización popular que se ha reactivado frente al despojo tan evidente de la pandilla del Cardenal Newman. La movilización en torno a la despenalización del aborto debe leerse en ese marco. Precedida por marchas multitudinarias que fueron ninguneadas por los medios, el gobierno debe afrontar un creciente ciclo de movilizaciones opositoras que ha mudado su humor. Para sumar presión la huida precipitada hacia el Fondo Monetario Internacional ha agregado los condimentos necesarios para la fuga hacia la catástrofe.

Ningún indicador parece poder atenuar la percepción de que nos conducimos hacia una situación de creciente complejidad default incluido. Como afirma Alfredo Zaiat la necesidad mínima de dólares hasta el último día de mandato del gobierno de los globitos es de 119.700 millones de dólares[2]. El reciente acuerdo con el Fondo habilitó 15.000 millones de ese total necesario. La diferencia entre lo necesario y lo que ingresará para financiar la fuga marcará el tenor de la crisis.

Megadevaluación, inflación y recesión son el conjunto de señales que dominará a la sociedad argentina en los próximos meses. La conocida receta de la ortodoxia monetarista solo agregará más ajuste y por lo tanto mayor recesión que potenciará un nuevo esquema devaluatorio y por lo tanto una formidable transferencia de ingresos hacia los sectores concentrados de la economía incrementando la pobreza de los trabajadores formales e informales, cuentapropistas y pequeñas empresas. Por conocidas las crisis no dejan de ser peligrosas por las consecuencias que siempre lleva asociadas.

En el país de las últimas cosas donde todo parece que es destruido, el alto nivel de conciencia evidenciado en las movilizaciones habla bien de una sociedad que sabe luchar por sus derechos y los incrementa. Nada parece contener la ola de repudio y de encrespamiento social. Los paros anunciados por las centrales gremiales y la radicalización de sectores como camioneros parece que marcan el reloj de la lucha social. En ese escenario el enfrentamiento con la política económica del gobierno es irreductible.

En el país de las últimas cosas el neoliberalismo y su casta de impresentables, aun con todo el daño que son capaces de infligir, naufraga en el océano de la lucha popular. Después de todo este es el país del 17 de octubre, de las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo, ahora también de los pañuelos verdes.

Nosotros estamos parados en una sociedad que pese al intento deliberado de destruir los lazos sociales por parte de sus enemigos los ha potenciado. La soledad ha desaparecido para dar lugar a movilizaciones cada vez más masivas y la impotencia es transformada en la irrefrenable certeza de construir una nación más inclusiva, más justa y solidaria como la que gestaron las mujeres argentinas este 14 de junio: sin claudicar y sin retroceder.  Ese es el camino.

Atilio López

 

Referencias

[1] https://cabecitas.org/2017/12/21/los-fuegos-de-diciembre/

[2] https://www.pagina12.com.ar/120620-para-ganar-tiempo

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