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“Juro por el Dios de mis padres, juro por mi patria, juro por mi honor, que no daré tranquilidad a mi alma ni descanso a mi brazo hasta no ver rotas las cadenas que oprimen a mi pueblo por voluntad de los poderosos. Elección popular, tierras y hombres libres, horror a la oligarquía”.

Juramento ante el Samán de Güere. 17 de Diciembre de 1982.

Año 1982 en Venezuela. El empuje de las convicciones y la fuerza de las ideas marcan los primeros pasos de un camino que tendrá consecuencias impredecibles. El juramento ante el Samán de Güere, realizado clandestinamente el 17 de diciembre de 1982 por Hugo Chávez y un grupo de oficiales y suboficiales venezolanos, contiene en su esencia una definición de principios y de sentimientos y evoca con sus palabras aquellas que Simón Bolívar enunciara en Roma, en el Monte Sacro, jurando por la libertad de América. Chávez elige como escenario del juramento un emblemático árbol, un samán ubicado en el estado de Aragua, al centro norte de Venezuela, árbol sagrado del pueblo arawak (un pueblo originario aniquilado por los invasores españoles). Los arawak honraban esta planta con poderes místicos; frente a la misma hacían sus rituales y realizaban ofrendas a cambio de la protección de los dioses. Y fue también en torno a este árbol que se consumó uno de los genocidios más terribles contra los pueblos originarios. Bajo la sombra de ese antiguo samán Hugo Chávez, Felipe Acosta Carles, Jesús Urdaneta y Raúl Isaías Baduel dieron el grito de nacimiento a un movimiento de lucha por la libertad de los pueblos, la defensa de las tierras y definieron con un claro sentimiento de horror al único enemigo: la oligarquía.

El germen de lo que posteriormente se convertiría en el Movimiento Quinta República, que llevaría a Hugo Chávez a la presidencia, se constituye en este juramento y marca el momento de creación del Ejército Bolivariano Revolucionario-200 que en 1989, pasaría a ser el Movimiento Revolucionario Bolivariano. Chávez entendió a las Fuerzas Armadas como un terreno en disputa y tomó la decisión de reconquistar el espíritu del Ejército de Bolívar e ir por el camino de una nueva conciencia cívico-militar en la construcción de un ejército para el pueblo. Una visión con perspectiva histórica que define a un solo enemigo: la oligarquía, esa casta o clase de pocos que sólo beneficia a pocos ya descripta por Aristóteles en La Política, que como gobierno ha representado históricamente intereses antidemocráticos y antipopulares.

Luego de 10 años de un extenso trabajo político organizativo hacia el interior de las Fuerzas Armadas en todo el país, el 4 de febrero de 1992 el Movimiento Revolucionario Bolivariano se da a conocer públicamente en una rebelión que fracasó militarmente pero resultó una victoria política, convirtió a Hugo Chávez en una referencia política nacional y puso al descubierto la presencia de importantes divisiones en el interior de las Fuerzas Armadas. Chávez asumió la responsabilidad de la rebelión, junto a un grupo de militares y una vez aceptada la derrota, se manifestó con una frase que quedó guardada en la conciencia popular:

 “…este mensaje bolivariano va dirigido a los valientes soldados que se encuentran en el Regimiento de Paracaidistas de Aragua y en la Brigada Blindada de Valencia. Compañeros: lamentablemente, por ahora, los objetivos que nos planteamos no fueron logrados en la ciudad Capital. Es decir, nosotros acá en Caracas, no logramos controlar el poder. Agradezco su valentía, su desprendimiento, y yo, ante el país y ante ustedes, asumo la responsabilidad de este movimiento militar bolivariano”.

El deseo de liberar al pueblo no había sido alcanzado. Por ahora…”, esas dos palabras que marcarían la dirección a seguir, señalaron un tiempo de espera, la clara señal de un sentimiento alejado de la derrota y también un imperativo de perseverancia en la lucha.

Un juramento es un acontecimiento del lenguaje por el grado de implicación subjetiva de quien lo expresa; la palabra enunciada es el soporte material de la transmisión, la realización e incluso el cumplimiento de un deseo y convierte al sujeto de la enunciación en el portavoz de ese acto performativo. En Argentina otras expresiones performativas marcarían el deseo, la decisión y el compromiso de cambiar definitivamente algo y se conformaron en un lazo de comunión con la concepción de una Patria Grande, la defensa del territorio, la lucha por la soberanía y el espíritu de liberación de los pueblos.

El 29 de mayo de 2006 Néstor Kirchner se  reafirma en un discurso histórico con palabras que serían el soporte simbólico de diversas medidas de demostración política que representaron el anhelo de crear nuevas significaciones, nuevas lecturas y una nueva conciencia política.

“Quiero que quede claro que como Presidente de la Nación Argentina no tengo miedo ni les tengo miedo, que queremos el Ejército de San Martín, Belgrano, Mosconi y Savio, y no de aquellos que asesinaron a sus propios hermanos, que fue el de Videla, Galtieri, Viola y Bignone. Hay un nuevo país, necesitamos soldados comprometidos con el destino de la Patria, y como Presidente de la Nación Argentina vengo a reivindicar un Ejército Nacional, comprometido con el país y alejado definitivamente del terrorismo de Estado”.  

Las palabras del juramento ante el Samán de Güere son consideradas après-coup[1] como fundacionales de la Revolución Bolivariana y guardan el sentido de un proyecto político que orientó los pasos en la reivindicación de las causas populares. Es letra viva para los revolucionarios y se impone como letra viva para cada militante y soldado de las causas populares. Elección popular, tierras y hombres libres y horror a la oligarquía, palabras que adquieren sentido pleno y definen claramente que a lo largo de la historia hay sólo dos proyectos, uno oligárquico, apropiador de tierras y exterminador de pueblos, y otro proyecto popular que es el que animó el espíritu de los ejércitos de San Martín, Bolívar, Belgrano, Mosconi, Savio, Perón, Valle y Chávez, militares que se han hecho Pueblo y que reafirmaron el compromiso de lucha por la independencia, la soberanía y la justicia social.

Alicia Eguren

 

Referencias

[1] Resignificación a posteriori

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