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Al Dr. John William Cooke
Buenos Aires
Por la presente autorizo al compañero doctor Don John William Cooke, actualmente preso por cumplir con su deber de peronista, para que asuma mi representación en todo acto o acción política. En este concepto su decisión será mi decisión y su palabra la mía.
En él reconozco al único jefe que tiene mi mandato para presidir a la totalidad de las fuerzas peronistas organizadas en el país y en el extranjero y sus decisiones tienen el mismo valor que las mías.
En caso de fallecimiento, delego en el doctor don John William Cooke el mando del movimiento.
En Caracas, a 2 días de noviembre de 1956.
Juan Perón.

La extensa biografía de John William Cooke afirma que nació en La Plata el 14 de noviembre de 1919, estudió derecho y que muy tempranamente se enroló en la Unión Universitaria Intransigente. Creció en el seno de una familia irlandesa con militancia radical. Su padre, dirigente radical, lo acercó a Perón y desde 1943 fue aproximándose a posiciones cada vez más nacionalistas. Hay coincidencias también sobre su defensa del gobierno frente al golpe oligárquico de 1955 cuando con una pistola calibre 45 en mano se tiroteó con la Marina. Fue diputado por el peronismo a los 26 años y el miembro informante  cuando se trató la expropiación del diario La Prensa[1]. Fue delegado personal de Perón y organizador de La Resistencia Peronista. Conoció la clandestinidad y la cárcel. Entendió con claridad el rol de los EE.UU en la región y participó activamente de la defensa de Bahía Cochinos en Cuba.

Cooke es más conocido como referente del Peronismo Revolucionario que por sus obras. Áspero polemista su obra debe ser leída con atención para no caer rápidamente en la categorización superficial. Pese a la utilización de términos marxistas – utilizaba con fruición los conceptos de clase, estructura y superestructura— sus definiciones son profundamente nacionales y peronistas. Su gran obsesión era el peronismo y una concepción revolucionaria del poder para este gigantesco movimiento en tiempos encorsetados por la Guerra Fría.

La pregunta que hoy podemos hacernos es ¿cómo leerlo a Cooke en una época caracterizada por la oligarquía en el gobierno y el peronismo en el llano? Las diferencias son notables respecto a las que conoció la Resistencia Peronista en dictadura o proscripción. El gobierno de la Alianza Cambiemos ensaya su programa con la legitimidad que le otorgaron dos elecciones triunfantes: 2015 y octubre de 2017 hace ya casi un año. El peronismo enfrenta una demoledora campaña de persecución pero conserva su representación política en numerosos distritos con mayoría relativa en la cámara de senadores y una importante cantidad de diputados nacionales, diputados provinciales, gobernadores, e intendentes. Existen presos políticos y solo la movilización en las calles frena el creciente clima represivo que ya costaron varias vidas.

En 1973 Rodolfo Ortega Peña y Eduardo Luis Duhalde prologaron Apuntes para la Militancia escrito en 1965 por Cooke como una interpretación histórica de un conflicto que recorre el siglo. En ese texto Cooke enfatiza la necesidad de adecuar la doctrina peronista a una doctrina revolucionaria para la toma del poder. La fuente de su desconfianza estaba en la capa de dirigentes políticos y sindicales que maniobraban en nombre de Perón y que según esa interpretación desnaturalizaban la estrategia del conductor en el exilio. Cooke entendía perfectamente que con el peronismo solo no alcanzaba e intentaba reemplazar esa carencia con un partido de cuadros revolucionarios que dotaran al movimiento de una conducción política táctica para la toma del poder: un Estado Mayor revolucionario dirigido por Perón. Son conocidas las desavenencias entre Cooke y Perón expresadas en la famosa correspondencia entre ambos.

“Me da la impresión que Ud. procede como un Jefe de Estado mayor que traza planes inteligentes y factibles, pero que caen, para su ejecución, en manos de una oficialidad que comienza por ignorar dónde está el centro de la batalla y dónde los sectores marginales, con qué armas cuentan sus tropas y las del adversario, etc. (…) Pues bien: la conducción nacional no comprende su estrategia; en cambio, se aferra a ciertos repliegues tácticos que condicen con sus hábitos de políticos de menor cuantía.”  (Cartas Perón-Cooke, Tomo II, pp. 179)[2]

La persistente prédica de Cooke frente a lo que llamaba “burocracia” merece una aclaración. Para Ortega Peña y Duhalde la definición de burocracia no alude a un conjunto de hombres más o menos malos o ineficaces, se trata de una conducción sin una política de poder. Sobre este sector, ya sea sindical o político con Perón en el exilio, Cooke solicitaba su alejamiento. Perón respondió el 25 de enero de 1966

[…] los “leales” y los desleales cuentan sólo para construir y debemos manejarlos a todos porque sino llegaríamos al final con muy poquitos. Por otra parte hay dos clases de lealtad, la de los que son leales de corazón al Movimiento y los que son leales cuando no les conviene ser desleales. Con ambos hay que contar: usando a los primeros sin reservas y utilizando a los segundos, a condición de colocarlos en una situación en la que no les convenga defeccionar. Al final, no hay hombres buenos ni malos, más bien todo depende de las circunstancias, aunque para conducir es siempre mejor pensar que muchos son malos y mentirosos.”  (Cartas Perón- Cooke, Tomo II, P. 356)

Es claro que lo que Cooke reclamaba era una mirada más “clasista” algo que Perón estaba lejos de conceder. La Argentina tenía sus especificidades y una numerosa clase media a la que había que conquistar. Lo que Cooke reclamaba precisamente era una política de poder dirigida por los trabajadores en una construcción de base, pues veía que era posible desarrollar políticas exitosas en ese nivel. Las fábricas y barrios podías desplegar luchas heroicas pero que luego no se traducían en las direcciones políticas y sindicales o eran utilizadas no para derrocar el sistema sino para negociar en mejores condiciones. Perón apostaba a una conducción política que reuniera la mayor cantidad de elementos no solo trabajadores sino todos aquellos que pudieran aislar a la oligarquía y empujarla así a la capitulación política. Cooke no impugnaba solo el régimen sino al capitalismo como totalidad. Perón buscaba transformarlo en un sistema que contuviera tanto a la comunidad como al individuo. En ese sentido no se movió un ápice de su doctrina, sin embargo el peronismo utilizó todas las formas posibles de lucha hasta convertirla en lucha de masas. Perón no confiaba en el foquismo pero tampoco desautorizaba esa lucha. No creía en las condiciones en que se debía desarrollar. En otro artículo nuestro hablamos sobre la cálida relación entre Perón y el Che[3]. Sin embargo las diferencias sobre las posibilidades de la lucha guerrillera en Bolivia no merecían la aprobación del General[4].

En el seno del Peronismo como todo movimiento político existe un “repertorio de acción colectiva” que implican ciclos de luchas populares que exceden y desbordan a los trabajadores industriales y abarcan a sectores  tradicionalmente alejados o refractarios a la disputa política. En sociedades como la Argentina la presencia de importantes sectores medios permite pensar en alianzas mucho más amplias de la población. En ese sentido el peronismo es un movimiento político que expresa a numerosos sectores y por lo tanto su política es la de articular demandas en el más puro sentido que lo señalaba Ernesto Laclau[5]

La lectura sobre Cooke tiene la particularidad de tratar de entender las tensiones y disensiones que existen al interior del movimiento nacional y popular, el grado de organización y dispersión también. El peronismo, o ciertos sectores del movimiento tienen una discusión pendiente sobre un concepto que ha desaparecido de las discusiones políticas. ¿El Peronismo fue Revolucionario? ¿Lo es? ¿Lo será? Existe una larga discusión sobre ese concepto. Por décadas el patrón de comparación fue la Revolución Rusa heredera de la Revolución Francesa. Las revoluciones que las sucedieron se contrastaban con esa referencia ineludible. La Revolución cubana fue el epítome de la gesta rusa. Sin embargo Latinoamérica ha complejizado muchísimo más la discusión.

¿Dónde colocar al Cardenismo mexicano que impulsó la reforma agraria despojando a los terratenientes de sus tierras y entregándolas a los campesinos? El Cardenismo nacionalizó y expropió a las compañías petroleras y de ferrocarriles extranjeras, incorporó a las centrales obreras al Estado mexicano incluyendo a millones de trabajadores y trabajadoras a un nuevo y desconocido nivel de vida. ¿Cómo clasificamos al Varguismo brasileño? ¿Qué lugar tiene actualmente el Evismo boliviano responsable por un inédito gobierno popular que ha nacionalizado hidrocarburos, minas, Entel, cementeras y distribuido tierras entre los campesinos? ¿Qué relación guarda Venezuela con la revolución? Es evidente que el patrón europeo de revolución no abarca los procesos latinoamericanos donde los desarrollos económicos y políticos son obstaculizados por clases aristocráticas con nulas capacidades y deseos para un desarrollo capitalista propio. La plutocracia latinoamericana solo posee capacidades para la reproducción del capital global y su patrón de dominación. Son clases subordinadas a la hegemonía de los EE.UU en América Latina y no se obtendrá de ellas nada más de lo que ha mostrado en la historia: miserias y latrocinio.

Las diferentes articulaciones desarrolladas en Latinoamérica responden a un patrón político diferente en condiciones siempre cambiantes y con el mandato de ampliar las capacidades de economías primarizadas y con desarrollos industriales insuficientes debido al rol que juegan los sectores que solo controlan las ventajas comparativas que proporciona la abundancia de un recurso en particular: petróleo, minerales o alimentos en nuestro caso.

El Peronismo, el Evismo,  como el Cardenismo en México o el Movimiento Bolivariano en Venezuela fueron claramente revolucionarios al alterar el patrón de distribución económico y construir nuevas coordenadas de políticas que transformaron las subjetividades de los ciudadanos dotándolas de éticas y estéticas profundamente nacionales, arraigadas en sus historias como pueblos. La persistencia del peronismo en ese sentido dotó a los trabajadores de capacidades de organización que convierten a ese movimiento nacional en una singularidad mundial. El comunismo en la URSS ha desaparecido, China posee un capitalismo de partido único y Vietnam es un aliado de los EE.UU en Asia en su guerra comercial con China. ¿Eso desmerece sus heroicas y formidables luchas? No. Pero tampoco lo es comparar las transformaciones sociales locales con experiencias que respondieron a otras coordenadas históricas y que representaron claros avances para las sociedades que protagonizaron esas formidables luchas pero respondieron a sus especificidades históricas.

El desafío lanzado por Cooke tiene que ver con esas preocupaciones: como batallar con armas ideológicas propias y organizaciones que estén a la altura de las naciones que se buscan liberar. Para Cooke el nacionalismo revolucionario era inescindible del anti imperialismo, una ecuación que hoy se revela con singular dramatismo en nuestro presente. Recordar a Cooke por lo tanto no es simplemente un ejercicio nostálgico sino una desafiante reflexión sobre la construcción de organizaciones políticas a la altura del reto latinoamericano que den cuenta de nuestra actualidad en tiempos de reconversión del capitalismo global a nivel mundial y el resurgimiento del proteccionismo continental. Por lo tanto nuestro homenaje es ese: empujar a la discusión sobre que sería hoy para nosotros una revolución, si tiene sentido ese concepto y que significaría en un país como el nuestro. Cooke, aunque lo recuerden como olvidado, está más vivo que nunca y sus palabras poseen una vigencia que nos martilla la cabeza como esa 45 que usó para enfrentar el golpe gorila del 55.

Atilio López

 

 

Referencias

[1]http://sedici.unlp.edu.ar/bitstream/handle/10915/38099/Documento_completo.pdf?sequence=1&isAllowed=y

[2] http://www.labaldrich.com.ar/wp-content/uploads/2013/03/Correspondencia-Peron-Cooke.pdf

[3] https://cabecitas.org/2016/10/08/peron-y-el-che-la-hora-de-los-pueblos/

[4] http://nacionalpopularycristiano.blogspot.com/2010/07/opinion-del-general-peron-sobre-el-che.html

[5]https://www.google.com.ar/search?q=populismo+laclau+pdf&oq=populismo+laclau&aqs=chrome.2.69i57j0l5.10830j0j8&sourceid=chrome&ie=UTF-8

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