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La nota publicada por el diario La Nación firmada por Francisco Olivera[1], no deja de expresar el estupor de algunos sectores respecto de la debacle en la que terminó el “mejor equipo de los últimos 50 años” según la hiperbólica frase del actual presidente de la Nación. La nota lejos de llevar algo de tranquilidad al apaleado equipo tiene el poco virtuoso efecto de agitar la soga en la casa del ahorcado. Tal vez sea una de las primeras manifestaciones de la abrumadora sensación de abismo que acompaña al gobierno nacional desde que decidió detonar económica y socialmente a la Argentina.

[…] lo más evidente es que esa renuncia empieza a ponerle fin a un ensayo que lleva menos de tres años: el de la generación de profesionales exitosos del sector privado que decidieron meterse en política para contrarrestar una consigna propia según la cual el principal problema de la Argentina consiste en que dejó el manejo de la cosa pública en manos de una casta inepta y corrupta que vive del Estado y que no podría sobresalir en otra actividad fuera de él. (Francisco Olivera, La Nación, 27/9/2018)

La temeraria frase que intenta salvaguardar  la desastrosa gestión del ex presidente del Banco Central Luis Caputo y del resto del gabinete introduce una lógica ya escuchada: el desinterés por lo público. Lo hemos señalado en numerosas oportunidades: el plan de gobierno era este. Lo fue en 1955, reapareció en 1976 para deflagrar en el 2001 y está vigente en 2018. La apertura importadora, el endeudamiento, la destrucción de la industria nacional, el disciplinamiento social y la integración a la economía mundial como país primarizado  no es producto de la improvisación. La subordinación a la hegemonía norteamericana forma parte de la misma lógica. Las irresponsables declaraciones del presidente argentino[2] en Nueva York sobre Venezuela abren el peligroso camino a una nueva intervención militar en Latinoamérica por parte de los EE.UU con consecuencias impredecibles para la región. Un acto de vandalismo regional de quienes suponen como amanuenses que la entrega de la economía y la política exterior depararán un destino distinto al de los predecesores que ejecutaron las mismas políticas.

Ahora que semejante experimento político se encuentre jaqueado social y políticamente es otra cosa. El “éxito” de la destrucción económica que coacciona y condiciona a las futuras generaciones, no deja de asombrar por la escasa duración que en términos políticos exhibe según las palabras del mismo periodista. Que la “generación de profesionales exitosos provenientes de la actividad (y educación) privada” hayan puesto al país al borde del default, aumentado la pobreza y la desocupación, dolarizando alimentos y servicios solo expresa una lógica de nicho. Subordinar una sociedad a la lógica del mercado como organizador social solo puede llevar a la destrucción de la sociedad y el fracaso político del experimento, precisamente porque el modelo neoliberal es la abolición de lo social, lo cual no quita el enorme fracaso político de una clase decadente solo heredera de dinero pero profundamente abyecta e incapaz para conducir el Estado de una nación soberana.

La irrupción de las “generaciones exitosas provenientes de la actividad privada” solo ha deparado para la sociedad argentina políticas de pobreza y con resultados económicos desastrosos que en cualquier país de los admirados por estas castas terminarían sus días en prisión por comprometer la seguridad y la defensa de la nación.

Solo con la lógica del sentido común ¿alguien puede imaginarse la gestión de una economía que vulnere los recursos, conocimientos, capacidades industriales de Alemania, Reino Unido o EE.UU comprometiendo la defensa o seguridad nacional? No. Estos personajes hicieron exactamente eso: comprometieron la soberanía de una nación para las próximas generaciones afectando gravemente su integridad territorial, la salud y educación de sus ciudadanos. Nada de todo eso es patriótico y mucho menos desinteresado.

Tampoco es cierto lo que el periodista afirma sobre la disyuntiva que afronta  nuestro país: estar condenado a vivir entre los extremos de los “abnegados patriotas” que dejan sus fabulosas ganancias para dedicarse en forma desinteresada a la gestión pública. Luis Caputo incremento su patrimonio personal declarado por su ingreso en la función pública en un 50% sin contar su gestión al frente del BCRA. [3][4]La “justicia” (otro experimento degradado) deberá expedirse en este y otros casos sin presunciones pero los datos están a la vista. Aquí no hay contenedores ni bóvedas. Hay cuentas y evidencias que cualquier lego puedo apreciar.

Se podrían citar numerosos funcionarios que buscaron en el Estado precisamente la posibilidad de aumentar mucho más su patrimonio. Solo por dar un ejemplo más pues sería redundante indagar en los prontuarios de gabinete, el ministro de agroindustria Luis Etchevehere fue denunciado por su propia hermana que lo acusó por tener causas de lavado y evasión[5].

En todo caso el desinterés y patriotismo forma parte del libreto que ensayan los funcionarios para disimular lo indisimulable. Tampoco es cierto que el otro extremo es el corrupto o el parasitario. El obstáculo para gestionar lo público proviene del mismo sector que condiciona la economía y la política: el sector agroexportador. Con suficiente capacidad para impugnar pero no para gobernar el núcleo terrateniente se las arregla para imponer su peso económico convirtiéndose en el Obstáculo para el crecimiento industrial. Este poderoso actor político sin embargo conduce cada vez que tiene posibilidades al desastre económico y político de la sociedad argentina junto con el resto a la elite que dice que puede solucionar todos los problemas hasta que se hacen cargo. De ahí en adelante toda clase de “imprevistos meteorológicos” sabotean su “exitosa gestión” default incluido.

Asistimos en tiempos reales a una crisis social de laboratorio. En menos de tres años la misma elite política, económica y social que llevó el país  a las peores crisis institucionales (1955, 1976, 2001) fracasa en términos políticos para construir un ciclo hegemónico que le permita consolidarse como actor político legítimo. Las causas de este estruendoso fracaso no están en la naturaleza del conflicto social sino en su propia incapacidad para conducir políticamente el Estado que vaya más allá de un desaforado enriquecimiento personal y empresario. En el corazón de la crisis política argentina actual está la irremisible decadencia de una clase con capacidad para impugnar procesos populares igualitarios y eficientes en términos políticos pero cuya incompetencia y degradación como clase directora no puede imponer su estrecha visión de clase agraria. La incomprensión de las claves geopolíticas no les permitió entender el fin de la globalización y si valen las comparaciones en términos de élites el presidente Donald Trump pese a pertenecer a una clase empresarial como su par nativo de las pampas, comprendió mucho mejor la situación actuando en consecuencia y mejorando sensiblemente los indicadores sociales y laborales norteamericanos[6].

Volviendo al artículo que analizamos como un símbolo de la desolada perplejidad con que algunos sectores descubren el abismo al que nos condujeron los “salvadores de la patria”, tampoco es cierto que no haya una capa de profesionales que conduzca el Estado como burocracia eficiente. El desmantelamiento de los ministerios de Educación, Trabajo, Cultura, Ciencia y Tecnología es la palpable evidencia de un proceso destructivo en todos los niveles provocado por la intolerable sensación de no aceptar que ya no ocupan el lugar que supo tener la oligarquía terrateniente de clase directora y organizadora. Hoy solo pueden ocupar el lugar de la impotencia y la irreversible decadencia. Nunca como ahora ha quedado tan claramente demostrada la incompetencia de la empobrecedora visión agraria y sus representantes. Nunca antes una formidable alianza de sectores concentrados de la economía, las finanzas, los medios de comunicación e importantes sectores de la burocracia judicial fueron escogidos por la voluntad popular para dirigir la nación. El estrepitoso fracaso de esta elite privada empresaria argentina también es un diagnóstico para la próxima administración que la reemplace. Nunca como ahora se demostró con tanta claridad que las tareas del Estado nacional soberano argentino solo puede ser impulsada por un Frente Nacional dirigido por los trabajadores para los trabajadores. Porque la crisis de la nación es el agotamiento de una clase que nunca quiso ni pudo ni supo cómo dirigir el país sin terminar en una tragedia siempre anunciada.

Atilio López

 

Referencias

[1] https://www.lanacion.com.ar/2176005-las-razones-partida-caputo

[2] https://www.youtube.com/watch?v=mrYzyZuVj4c

[3] https://drive.google.com/file/d/1GBTozaFiSWrmCs7jO9EkHc7aJIHaioUn/view

[4]https://drive.google.com/file/d/12znIz_sKDk3ejOlxSQlF_ifPlC2fUdaS/view

[5] http://www.enorsai.com.ar/politica/23363-dolores-etchevehere–mi-hermano-tiene-causas-por-evasion-y-lavado-de-dinero.html

[6] https://www.forbes.com.mx/marcador-economico-de-trump-a-un-ano-de-su-gobierno/

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