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Cada 17 de Octubre cumplimos con la tarea de recordar y actualizar las enseñanzas de la historia, aunque nunca vuelvan a repetirse las condiciones que dieron origen a esa singularidad social que terminó una época e inició una no menos compleja. El 17 de octubre de 1945 Europa estaba en cenizas, con millones de muertos en sus ciudades y campos. El esfuerzo de la guerra agotó las economías de Francia y Reino Unido y demostró que solo dos gigantes quedaban de pie en condiciones de seguir combatiendo: la URSS y EE.UU. Dos sistemas políticos antagónicos que a su manera superaron el desafío de la guerra, aunque en el Pacífico Japón continuaran resistiendo al coloso americano, que vaya a saber porque el orgullo imperial japonés decidió provocar sin medir claramente la capacidad de su contendiente, infinitamente superior a la del archipiélago oriental.

Latinoamérica que no había sufrido las consecuencias devastadoras de esas destrucciones recibió la onda expansiva de las guerras y aunque algunos países claramente se alinearon con el “esfuerzo aliado” (México, Colombia y Brasil) otros optaron por la neutralidad. Nuestro país, que fue neutral en la Primera Guerra Mundial y también lo hizo en la Segunda, recibió el 19 de mayo de 1945 al nuevo embajador de los EE.UU Spruille Braden, pocos días después del cese de los disparos en la capitulante Berlín dando fin a la Guerra en Europa.

Braden era un destacado desestabilizador de la región. Amigo del dictador cubano Fulgencio Batista, colaboró activamente en 1954 para derrocar al presidente Jacobo Arbenz de Guatemala. En Argentina organizó a la Unión Democrática con el objetivo de derrotar a Perón en las elecciones de 1946 al que se lo acusaba con ligereza de “nazifascista” y de haberse alineado con los Países del Eje a los que no se les declaró la guerra hasta casi tener la casi certeza de su derrota. Pocos recuerdan que la neutralidad fue una solicitud de la cancillería británica para mantener el esfuerzo de guerra con abundantes cargamentos de carne y trigo que escaseaban en los hogares del Reino Unido. En el fondo la guerra también fue una disputa de hegemonía entre Londres, Washington, Rio de Janeiro y Buenos Aires. Reino Unido quería mantener su influencia en el Río de la Plata a la que EE.UU veía como una clara intromisión en su área de influencia y Brasil siempre observó con desconfianza a la Argentina como su competidor regional. La respuesta al final de la guerra fue armar hasta los dientes a Brasil con aviones y barcos norteamericanos como una forma de sellar la alianza norteamericana-brasileña en Sudamérica en oposición a la creciente influencia de Argentina sobre Uruguay, Paraguay y Bolivia. El gesto de Perón de devolver a Paraguay en 1954 los trofeos de guerra de los regimientos vencidos en la Guerra de la Triple Alianza se inscribe en esa lógica regional.

La singularidad del 17 de Octubre también debe analizarse desde esa perspectiva. El desarrollo autónomo de la industria argentina que consolidó la emergencia de la clase trabajadora argentina no solo introdujo profundas transformaciones en la sociedad de 1945 sino que conspiraba contra la hegemonía regional de las potencias mundiales triunfantes en la Segunda Guerra Mundial. La complementariedad económica con Reino Unido y la competencia en términos cualitativos con la estructura económica norteamericana formaba parte de los condicionamientos que la política exterior debía administrar[1].

¿Cómo interpretar los convulsivos hechos del 17 de octubre a la luz de la emergencia social y regional actual de nuestra nación? Debería afirmarse que el intento de construcción nacional, popular y democrática de la sociedad argentina siguió el desmantelamiento de esa iniciativa conforme al deseo de disciplinar a la clase trabajadora argentina y consolidar el vínculo a la hegemonía norteamericana.

El poderoso endeudamiento que hace inviable cualquier intento productivo a corto plazo debe evaluarse en este nuevo contexto de afianzamiento de áreas de influencia regionales a la luz de la extinción de la economía globalizada de libre circulación de mercancías y flujos financieros. Ha quedado claro que el predominio del capitalismo financiero moldeó las relaciones internacionales debilitando las economías de las naciones que solo heredaban el desempleo y la gestión de la pobreza.  La desconfianza predominante de los países en un sistema que ha desmantelado las economías con consecuencias sociales impredecibles se ha traducido en un creciente proteccionismo.  El último informe de la OCDE coloca en el centro de las tensiones mundiales el alejamiento de los EE.UU de los parámetros de la libre economía.

“El crecimiento comercial se ha estancado, las restricciones están teniendo evidentes efectos sectoriales y el nivel de incertidumbre sobre las posturas comerciales sigue siendo alto. Es apremiante que los países pongan fin a la tendencia a un mayor proteccionismo, consoliden el sistema de comercio internacional que se basa en reglas mundiales y fomenten el diálogo internacional, lo que infundirá confianza a las empresas para que inviertan”, agregó Boone. “Con condiciones financieras más estrictas que causan tensión sobre varias economías emergentes, especialmente Turquía y Argentina, un marco de políticas públicas sólido y estable será decisivo para evitar mayor turbulencia.”  [2]

La debilidad económica nacional en que ha quedado la nación necesitará no solo de entusiasmo o voluntarismo sino de poderosas herramientas para afrontar un complejo cuadro de demandas populares que irán desde el desempleo hasta las tarifas de los servicios públicos. Nada de esto podrá dejarse de lado o relativizarse en función de objetivos superiores. La inflación, el acceso a los alimentos, el sistema previsional quebrado y una economía arrasada exceden el programa de un solo gobierno.

Los ecos de este 17 de octubre resuenan en un complejo panorama político que se agrava por la situación regional. La posibilidad del ascenso de un candidato como Jair Bolsonaro con un partido ignoto es más que una hipótesis y revelan a donde conducen la desesperación y el desencanto en un sistema político que muestra síntomas de agotamiento. Que un ex militar partidario de la mano dura y las torturas, racista, misógino, alcance la presidencia de la novena economía del mundo es un dato preocupante pero lo son más  las condiciones políticas, económicas y sociales  que permitieron la emergencia de este personaje.

Debería afirmarse que Bolsonaro no es un desconocido sino que cumple su séptimo mandato como diputado. En el año 2014 fue el diputado más votado por Río de Janeiro y con una activa presencia en redes sociales. La propuesta de Bolsonaro es un programa de disciplinamiento social mediante una matriz autoritaria militar y reformas hiper-neoliberales, que además de endurecer las leyes represivas, busca quebrar la resistencia sindical mediante los Contratos Laborales Individuales[3] en un contexto de clara militarización social con alineamiento automático con los EE.UU.

En este contexto este 17 de Octubre deberá tener en cuenta la construcción política de un Frente que contenga no solo la formulación de un nuevo programa económico, sino las referencias de las actuales condiciones de Latinoamérica con un Brasil probablemente mucho más agresivo en su política exterior, con un claro alineamiento con el programa de los EE.UU y como garante de ese despliegue. El Frente deberá formular un programa mucho más popular que abarque todas las dimensiones políticas para garantizar el triunfo y la durabilidad de un programa profundamente industrial, científico, tecnológico, nacional y democrático. En oposición a la emergencia de un mundo que parece agudizar las tendencias más agresivas e intolerantes, el programa nacional deberá garantizar plenamente los Derechos Humanos de todos sus ciudadanos y desmantelar el actual aparato de persecución policial mediático con aval automático del poder judicial. En ese sentido la crisis del modelo judicial argentino deberá ser abordado desde la profundización de la democratización del acceso a la justicia desmantelando el anacrónico sistema que solo permite justicia para algunos, perpetrando las peores inequidades con detenciones y encarcelamientos totalmente arbitrarias.

El 17 de Octubre entonces será nuevamente un clivaje en la historia nacional y en Latinoamérica, teniendo presente los desafíos que afronta la democracia latinoamericana. Las crisis empujan a las sociedades a opciones impensadas e insólitas. Las opciones de la Argentina no son muchas y aunque la desesperación empuje a las recetas mágicas, solo la unidad de todos los sectores democráticos podrá salvar a la nación de la disgregación social y territorial. Argentina tiene en el sur ocupando las Malvinas un poderoso contrincante y ahora se prepara en Brasil otro gigante que busca reforzar la carrera militar por los recursos. No hace falta ser muy ducho para ver hacia donde se dirigen los planes imperiales. Este no es un momento más en la historia Latinoamericana sino una peligrosa inflexión desde las guerras de la Independencia que solo la radicalización democrática y popular podrá garantizar su supervivencia como nación soberana. Cualquier otra opción que juegue dentro de los límites del actual sistema político puede ser fagocitada por la polarización extrema. La única alternativa será construir una opción de poder que garantice la defensa e integridad territorial, la plena soberanía popular y el acceso a una sociedad  igualitaria. Un proyecto de estas características nos pondrá en las antípodas del Brasil de Bolsonaro y del decadente proyecto autoritario de la Alianza Cambiemos.

Atilio López

 

 

Referencias

[1] http://www.mariorapoport.com.ar/uploadsarchivos/historia_oral_de_la_poli__tica_exterior_argentina.pdf

[2] http://www.oecd.org/centrodemexico/medios/laocdeconsideraqueelcrecimientomundialsemoderaconformeseintensificalaincertidumbre.htm

[3] https://www.celag.org/brasil-2018-propuestas-electorales-contienda-inedita/

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