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Cabecitas

Tengamos fuerza en nuestras ideas.

A César Linares Walerko

Dedicado a César Linares Walerko

Escribir el editorial, el primero, de un blog o una revista como hoy presentamos no solo es un desafío literario por aquello de expresar ideas con la suficiente claridad, sino que además, también es un ejercicio de acompañamiento, porque no escribimos solos. Y no lo hacemos porque atrás de nosotros hay cientos de compañeros y compañeras que nos precedieron en la actividad y que nos honraron con su ejemplo militante.

Solo para recordar la responsabilidad que tenemos, están ahí Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche, Rodolfo Puigross, Juan José Hernández Arregui, John William Cooke, Alicia Eguren, Francisco “Paco” Urondo, Juan Gelman, Rodolfo Walsh, y podríamos continuar con miles de compañeros que desde diferentes lugares de la nación militan las palabras, le ponen el cuerpo a la adversidad, construyen sentidos y guerrean en el territorio de la literalidad.

Nos acompañan los miles de compañeros perseguidos, torturados, asesinados y desaparecidos que han honrado su lucha con pérdidas trágicas. En un momento que se intenta descalificar a la política, siempre es necesario recordar que la democracia se construyó con la sangre del pueblo, de sus militantes, y de sus trabajadores. Estamos acostumbrados como movimiento político a las persecuciones políticas, al escarnio público, a las venganzas. Ahí está nuestra conductora política Cristina Fernández de Kirchner perseguida por su militancia a favor de los sectores populares. Tenemos presa a la compañera Milagro Sala detenida por la misma razón. Exigir su inmediata libertad no es solo retórico. Sostenemos que no es compatible la existencia de la democracia con presos políticos.

Tampoco en el presente estamos solos. Cientos de miles de compañeros militan los barrios, las escuelas, las fábricas, las universidades y las calles. De esos compañeros extraemos la energía para presentar estas palabras. El futuro tendrá juicios inapelables sobre los hechos que hoy enfrentamos. En ese sentido tenemos un triple compromiso temporal: con el pasado, con este presente y sobre todo con el futuro. De esa  temporalidad, el tiempo construido socialmente, ese continuo indivisible de acontecimientos individuales y colectivos elaboramos nuestro material. Leyendo la historia para no repetir errores, apropiándonos del presente al que enfrentamos y construyendo el futuro que es nuestro, es decir del Pueblo y de la Patria.

Habitamos la historia y también la construimos diariamente. La compleja trama social que recorremos signada por despidos, ajustes brutales, caída salarial y empobrecimiento oscurecen el futuro de millones de hogares argentinos. Los sume en la desesperación. Lo que hasta apenas hace unos meses era un dato de la realidad hoy ha mutado a una naturaleza hostil. El desempleo, el hambre, la exclusión social han regresado de forma inesperada para millones de personas que creyeron en que el saqueo neoliberal solucionaría sus problemas. La magnitud de la agresión está fuera de los umbrales de certidumbre de ciento de miles de personas, por la sencilla razón de haber crecido en un Estado inclusivo. No estamos solo frente a un cambio de gobierno, ni siquiera frente a un cambio de régimen político. El neoliberalismo es mucho más que la fórmula gubernamental conservadora que asumió el último 10 de diciembre. El neoliberalismo es un paradigma difuso que se sostiene en la valorización financiera, en el darwinismo social, en la erosión de las soberanías populares y en la ruptura de los lazos sociales entre los individuos. El neoliberalismo es una amenaza civilizatoria que es capaz de convertir el mundo en un páramo, en un desierto. El neoliberalismo es una certeza catastrófica sino lo detenemos.

Nada de esto es posible sin gigantescos dispositivos de subjetivación que construyen a diario el sentido común de los habitantes del planeta convenciéndolos de los beneficios del “libre mercado”. Las palabras como expresiones de sentido construyen nuestro mundo y nos preceden. Muchos de los significados que incorporamos ya están dados y por esa razón debemos romper con esas concepciones del mundo que nos aprisionan. Luchar por las palabras y sus sentidos nos conducen a la emancipación de esos mundos para resignificarlos o cambiarlos. Esta litigiosidad perenne que perpetúa el conflicto por los nuevos sentidos de las palabras nos anima a intentar dar esa batalla, desigual, pero justa. Construir nuevos sentidos, nuevos paradigmas, nuevas voces, que desde las experiencias colectivas se sumen a este espacio y tiempo contencioso.

La regresión económica provocada por el cambio en el régimen de acumulación que pasó del círculo virtuoso del pleno empleo y mercado interno, al de valorización financiera, sostenida por la especulación, es el regreso a las peores pesadillas de la Argentina. El golpe devaluador, la apertura importadora y los despidos son solo parte del programa recesivo de la Alianza Cambiemos. El endeudamiento utilizado para gastos corrientes y sostener la valorización financiera busca sin dudas restaurar un nuevo ciclo neoliberal.

La adscripción a modelos supranacionales de integración, como la Alianza del Pacífico, nocivos para los pueblos de los países que los suscriben como México, Colombia, Chile y Perú con sus cifras catastróficas en términos sociales, son ejemplos inapelables de los resultados de la economía basada en el libre mercado. La discusión sobre Tratados de Libre Comercio con la Eurozona o con EE.UU y Canadá arruinaría la economía nacional sepultando las posibilidades de un desarrollo industrial, científico y tecnológico autónomo.  Por esa razón el neoliberalismo es un viejo enemigo al que le conocemos la cara, sabemos de sus mañas y del que recordamos su infinita crueldad. Los heraldos de la miseria disfrazada de progreso han vuelto y como una pesadilla recurrente amenazan a nuestro pueblo. No por conocidos serán menos aviesos. No por conocidos serán menos impiadosos. Como un huracán devastador asolaron nuestro país y fueron derrotados pero no totalmente. Latinoamérica pudo luchar para debilitarlo en algunos países a principio de siglo cuando sus fórmulas mágicas se agotaron y terminaron en una hoguera de muerte y destrucción.

Pudimos reconstruir durante doce años nuestro país. Se estatizaron  las empresas que habían sido privatizadas y quebradas. Se pudo recuperar el empleo, reconstruir el mercado interno y sacar a millones de compatriotas de la miseria. Hoy esas realidades tambalean frente a la reconfiguración mundial del neoliberalismo que ya no puede disimular su rostro criminal. Las economías quebradas de España, Italia, Grecia y los países de Europa del Este no permiten mostrar ninguna clase de progresos. Los trabajadores franceses han iniciado una lucha gigantesca contra el neoliberalismo al percibir que les proponen más de lo mismo para alcanzar el paraíso del libre mercado. La salida del Reino Unido del esquema de integración neoliberal europeo es una muestra del fracaso de una estructura regional basado en economías que se devoran entre ellas y que solo puede generar miseria para millones. Los 26 millones de desocupados de la Eurozona son de una magnitud solo precedida por la desocupación provocada por el crac de 1929. Como en aquel entonces, los países cultores de esos molinos satánicos como los llamaba Karl Polanyi buscan exportar la crisis a los países latinoamericanos. Argentina y Brasil han caído en ese hechizo. Pero como todo hechizo se desvanece cuando se deja de creer en él. Cuando los nigromantes de la economía observen que ya no pueden engañar a nadie, sus máscaras caerán. Pero esas máscaras no caerán solas. Será el esfuerzo tenaz y aguerrido de los pueblos lo que determinará esa victoria. Que deberá ser total y absoluta. Pero para eso necesitamos de todos y todas. Necesitamos ideas, palabras, nuevas enunciaciones. Construir un nuevo orden político. Una nueva hegemonía. Un nuevo sentido común que aleje definitivamente la amenaza neoliberal de nuestro horizonte. Un orden político solidario. Porque sobre el Otro tenemos una responsabilidad. El rostro del Otro es el de nuestro hermano, nuestra hermana que nos interpela y nos invita a sumarnos a esa lucha. Nos exige sumarnos a la construcción de nuevas realidades más justas, igualitarias, democráticas y populares. Radicalizar la democracia es eso. Luchar no para, sino al lado de. El Pueblo no es solo una palabra. El Pueblo es la Patria y esa Patria es el Otro. Es el compañero o la compañera que no conocemos. El Pueblo, la Patria, el Otro es un torbellino de hombres y mujeres generosas que luchan por un lugar en el mundo. Hemos tenido demasiados compañeros caídos, demasiados mártires, demasiados hermanos lastimados por un orden político y económico brutal. El neoliberalismo no solo asesina con bombas inteligentes y drones o ejércitos privados. Lo hace con los medios de comunicación que lo legitima, que lo blinda, que construye socialmente realidades e invisibilizan las tragedias de la que es portador. Lo hace con los comunicadores mercenarios. El neoliberalismo asesina con la miseria planificada como decía Rodolfo Walsh. Lo hace con la desigualdad. Lo hace con el dolor.

No dejaremos que pasen. No pasarán. Esa consigna maravillosa que reprodujera el antifascismo español resuena con potencia agigantada, es una nueva invitación para sumarnos a las luchas por la igualdad. Estaremos al lado de los trabajadores que luchan por defender sus derechos. Estaremos con los desocupados que buscan trabajo. Con los humildes de la Patria. Con los que sufren. Con todos aquellos cuyos derechos sean conculcados. Con los viejos y con los niños. Esa será nuestra tarea desde esta revista que nace desde los trabajadores y para los trabajadores, que llega en un momento clave de nuestra historia. Esta revista será nuestra trinchera. Nuestro lugar desde donde quemaremos el sentido común espontáneo. Será el lugar desde donde incendiaremos el cielo para iluminarnos. Este lugar, este sitio será desde donde disputaremos los sentidos dados del mundo.

Editorial de Cabecitas.

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